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“En tan oscura Tierra”…

Hoy, 2 de julio, he subido a los Oscos para comenzar a escribir la novela que seguramente se titulará “En tan oscura tierra”. Los Oscos es una región que fue remota. Esta historia se sitúa hace 20 años, cuando aún lo era. En el sur del occidente de Asturias, desde allí se divisa el mar como una promesa, a un lado, y los altísimos Ancares como una condena, al otro. Si tuviera otra vida escribiría un largo poema sobre los hombres que viven solos en aldeas abandonadas en las que aún aletea una vida apagada: lo titularía “Archipiélago de los Oscos, los hombres isla.” La novela tiene algo de eso, pero también un Ulises que viaja por ese piélago de tojos, brezos y uces. El protagonista, un niño alemán, existió de verdad, aún existe, pero el personaje se fijó en mi memoria en algo que ya no sé si es cierto: cuidaba con delicada ternura las pequeñas tumbas gemelas de dos niños muertos en un incendio. Será la historia de la soledad, de todas las soledades.
Hoy he tomado las primeras notas, sentado en el cementerio de San Cristóbal, la aldea en la que encontró asilo y caldo caliente el pequeño alemán. Fuera se oían las risas y los juegos de los niños de modernos comuneros, como fueron modernos en su día los tristes padres de aquel niño. Vuelvo ensordado por el silencio, borracho de fresnos, tilos, carballos y acebos. Demasiada belleza en la desolación. Mañana volveré a caminar por dónde él caminó, frío y calor.