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CANON EL BÁRBARO. UN CUENTO PARA BIBLIOTECARIOS Y POLÍTICOS

pep_inicio_peq.jpgYa estamos en otoño, y las bibliotecas empiezan a recuperar su pulso. Pero un virus ominoso se desliza entre mesas y estanterías: es más que una gripe, es un Ébola de la cultura, una peste de la Edad Post-Moderna.
Pero lo cuenta mejor, mucho mejor, uno de los mejores cuentistas que tenemos: Pep Bruno. Los que tenemos la suerte de leer cada semana (más menos que más) su “Alegre Cuento Semanal”, estamos acostumbrados a su ironía y a su capacidad de sorpresa. Este es, tal vez, su cuento más simbólico, directamente comprometido con una causa: la de los libros-libres.

CANON EL BÁRBARO

Son conocidas las aventuras de un tal Conan el Bárbaro, personaje de
cómic bastante popular a finales del siglo XX que incluso llegó a pasar a
la gran pantalla en una cinta protagonizada por un tipo que ahora se
dedica a la política y es gobernador en un Estado Usamericano.
Bastantes políticos europeos que no pudieron protagonizar películas
de ningún tipo (ni Phantomas, ni la saga de Bond, ni Sandokán, ni Harry
Potter) han decidido crear su propio superhéroe para tener así alguna
posibilidad en el caso de que alguna multinacional compre los derechos
para el cine.
El tal héroe se va a llamar Canon el Bárbaro y la historia, al parecer, va
a transcurrir en el mítico país de Byblos. Por lo que sabemos ese país
estará dividido en diez provincias cada una especializada en algún tema
general, por ejemplo en la Provincia Cero habitan los funcionarios de
todas las instituciones, los documentalistas y los bibliotecarios; en la
Primera Provincia es donde viven los psicólogos y los filósofos, en la
Segunda los sacerdotes de todas las Religiones; en la Tercera Provincia es
donde se mueven los políticos, los abogados y los economistas; así hasta
la Novena Provincia en la que se encuentran los geógrafos, los biógrafos y
los historiadores.
La trama de esta primera aventura no parece muy compleja, Canon el
Bárbaro, ayudado por habitantes de la Tercera Provincia (de donde es
oriundo), ha decidido que va a gobernar el país de Byblos y, para ello,
toma por sorpresa al resto de las provincias y las somete. Una vez
claudicadas, las provincias languidecen bajo la opresión de Canon, quien
les obliga a pagar cada vez que un habitante sale de su casa. La cosa
parece de locos pero es así: si alguien sale de casa para ir a la compra o
a la piscina o a ver un amigo o simplemente al bar, entonces tiene que
pagar un dinero a las arcas de la Tercera Provincia, a la sazón, la dueña
del país en este momento de la historia.
Evidentemente la opresión devasta el país y los habitantes se empobrecen:
no hay hijos y el país envejece, ya nadie quiere invertir en el lugar ni
nadie va allí de visita; los habitantes, sin recursos y sometidos a la
dictadura de Canon el Bárbaro, deciden no salir de sus casas por no pagar
la incomprensible tasa impuesta. Este es el momento conocido en la
historia de Byblos como La Edad Oscura.
La situación acaba por resultar inaguantable y un grupo de habitantes de
la Primera Provincia (fundamentalmente bibliotecarios) organizan un
movimiento de rebeldía (No Al Préstamo De Pago, NAPDP a partir de ahora) y
logran movilizar a gran parte de los habitantes de Byblos (empezando por
los de las Provincias Séptima y Octava -artistas y escritores). El NAPDP
se muestra incansable y pasa de la guerra de guerrillas al ataque frontal
luchando contra Canon el Bárbaro y su caterva de políticos, economistas y
abogados, logrando algunas pequeñas victorias y manteniéndose firme ante
las adversidades.
De momento la trama de la historia se encuentra en este punto, en cuanto
tengamos algún dato más no duden de que se lo haremos llegar, aunque no
esperen mucho de la creatividad de nuestros políticos europeos, parece que
el final de la aventura será de lo más vulgar y previsible.

PEP BRUNO.

  • eldeyar

    Creo que merece la pena ver al Pep Bruno en estado puro. Conozco muchos de sus cuentos, pero estoy de acuerdo con él en que este es de los mejores. Disfrútalo:

    Me corté el pelo

    Me he cortado el pelo. Todavía no me lo puedo creer. Me he cortado el pelo. Y me he afeitado la barba. Llevo la camisa metida por el pantalón. Y zapatos. Tiré los fulares. Y me he cortado el pelo.

    Y todo porque la mujer a quien amo está embarazada. Así. Sencillo. Natural. Hermoso. Y los dos gozamos del embarazo. Es más, todas las noches, casi desde el primer mes, me acostumbré a mirar el vientre de ella y recitar versos al hijo que nacía dentro. Ella dormida y su respiración pausada. Yo soñando con los ojos abiertos y la boca en letanías. Pero lo del pelo no es un sueño. Está claro y es demostrable. Recuerdo el sonido veloz de las tijeras, y los mechones perdidos, frágiles, cayendo.

    Todo fue normal hasta el quinto mes. Una noche yo estaba mirando, como casi siempre, el vientre de ella. Subía acompasado al ritmo de su respiración. Quedo. La ventana dejaba pasar la claridad de una farola. Yo miraba y recitaba en un murmullo unos versos de José Hierro. Entonces sucedió. El ombligo se salió. El nudo del ombligo salió afuera. Asomaba como una escarpia que va a sujetar un cuadro. Y empezó a girar. Era como un ojo mirando en todas direcciones. Tras cuatro o cinco giros se detuvo en la dirección en la que yo estaba. Sin duda era un periscopio. Había alguien del otro lado que me observaba con detenimiento.

    Así fue sucediendo durante bastantes noches. Cuando ella se había dormido y yo comenzaba a recitar poesía el ombligo asomaba, me buscaba y, al rato, se quedaba fijo, escudriñando en mi dirección. Después, cuando yo callaba, el ombligo se volvía a meter en su sitio. Yo consideraba esto una buena señal. Quizás mi primera hija o hijo gustaría de las letras, sería poeta, escritora, actor, ensayista… Cuando el periscopio aquel se escondía yo seguía despierto, pero soñando.

    Pronto comenzó a dar patadas. Pero no era normal. No eran unas pocas patadas, simulacros, pruebas de tensión muscular. Eran patadas rítmicas, muchas y seguidas. Una tarde la pasé anotando las series de golpecitos del niño, de la niña. Después, jugando por jugar, traté de dar sentido a aquella sucesión de grandes y pequeños golpes. La solución fue el morse. Y el mensaje tenía sentido. Decía: “Papá, mamá, tened cuidado, en vuestra habitación hay un monstruo peludo horroroso que aparece todas las noches y recita versos”.

    Por eso me he cortado el pelo. Y todavía no ha llegado.

    http://es.geocities.com/pepbruno

  • Me ha encantado y encandilado todo lo que he leído hoy aquí, desde la historia de Canón el Bárbaro hasta lo del monstruo peludo que recitaba versos… qué bonito!!!
    si no te importa voy a hacer un post en nuestro blog sobre el tema. Saludos bibliotecarios burgaleses. 🙂

  • Por supuesto, Mafi. Un placer ver que la pequeña bomba de relojería por fin ha llegado a su destino… ¡Nada menos que Burgos!
    No sé si tienes algo que ver con el bibliobús que nos ha regalado Burgos, los burgostecarios, pero si es así, que sepas que ya está allí, esperando que el éxito del Bubihser I lo haga funcionar.
    Un beso.
    Gonzalo.

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