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MEDELLÍN, BOGOTÁ: COLOMBIA

p1010111-copia.JPGVengo de otro mundo. De una ciudad que sale del infierno y que ha decidido valientemente que el esqueleto de la nueva ciudad sean las bibliotecas y su sangre las letras de los libros, las palabras. Vengo con la piel respingada, con el alma en sístole y diástole, con el aliento contenido para no acabar de expulsar todo lo que he vivido, lo que he aprendido, lo que he crecido.

Hace algunos meses me escribió Jordi Sierra i Fabra, el inefable, para proponerme viajar hasta Medellín. Allí participaría en el Juego Literario, de la mano del Taller de Letras, de la Fundación Jordi Sierra i Fabra. Lo haría junto a buenos amigos: Carlo Frabetti, Ricardo Gómez, Alfredo Gómez Cerdá, Andreu Martín. Antes iría Antonio García Teijeiro, el enorme poeta gallego, tan cercano a mi corazón y a mis afectos. Acepté, claro. Me apasiona la América Latina, siento en ella una vibración cada vez más armónica hacia el futuro. Y por todo lo que me une con los demás compañeros, con el propio Jordi.
Apenas sabía nada de la Fundación, salvo que se ubicaba en Medellín. Y de Medellín, todos los tópicos: los sicarios, los secuestros y asesinatos, Escobar, La Vendedora de Rosas, María llena eres de gracia. Un Taller de Letras en medio de tanto caos me parecía una apuesta valiente, pero un tanto desesperada. ¿Serviría de algo, pueden crecer las flores en el asfalto? Pronto llegó la respuesta: sí, y no pueden: crecen, ya están creciendo.
Imagina una ciudad, tan caótica, en la que una gran parte aún vive en “tugurios”, poco más que chabolas, en la que el aguardiente se compra por gruesas y se bebe sin tino. Una ciudad con aroma de pólvora que aún no se ha posado, que no se ha llevado el río. Pero una ciudad con un alcalde valiente que decidió hace tres años dedicar la mayor parte del presupuesto a la educación y las bibliotecas: nada menos que el 60%. Las nuevas bibliotecas, alguna recién estrenada, son fantásticos edificios, amplios, bellos, modernos. Pero no son pirámides vacías: están repletas de personal cariñoso y solícito, se están convirtiendo en la sala de estar de chicos y grandes. Tengo en el corazón a Christian Colina, Christian Colina y Anderson, tres muchachitos a los que encontré en una sala, y que con una sonrisa inmensa me dijeron que sentían orgullo por la biblioteca, por Medellín, por su apuesta por la educación y la cultura. Más, cuando un profesor, Alejandro, intervino en un encuentro con escolares en el barrio-pueblo de Copacabana para darme las gracias por hablar con naturalidad de la muerte, porque “todos estos chicos, sin apenas excepción, han sufrido un duelo por herida de bala en su familia o su entorno más inmediato”. Los miré, y todos asintieron.
Vivir Medellín, personalmente, me ha cargado de razón para seguir escribiendo. Para entretener, tal vez, pero sobre todo para emocionar: con la vida, con la lucha, con la verdad, el amor y la belleza. Y la libertad, claro. La libertad que están alcanzando. Y lo hacen con sinergia: el ayuntamiento, los fondos estatales, la fundación, las redes de escritores, actores, cuentacuentos, talleristas. Todos unidos en torno a una misma idea: crecer en la cultura, abrir boquetes para que entre el oxígeno en la ciudad quemada y vuelva a nacer: ya ha nacido. Por eso es aún más importante compartir con ellos, apretar los codos en la fila. La labor de la fundación de Jordi es inmensa, e inmensamente bella. Todos nosotros, sin excepción, hemos quedado conmovidos y comprometidos: seguiremos escribiendo, volveremos. En nuestro corazón, los más cercanos: Juan Pablo, Tatiana, Mayté, Carlos, Viviana, Marcela, Jimena, Mauricio, Vanesa, Marcela Mosquera… Y muchos, muchos más: todos. Y en nuestra mente los nuevos: los que ahora nos leen, y dentro de unos años escribirán: libros, vidas.
Y Bogotá, la “capital de la cultura”. De la mano de una delegación nueva, la de SM, que quiere llevar el libro a todos los rincones. Con una editora como la copa de un pino, Jael Gómez, librera de libros infantiles para más señas y complicidades. Visitamos todo lo visitable, nos encontramos con escolares de colegios buenos y colegios del pueblo, charlamos con gente cercana y deseosa de aprender, y aprendimos, nos entusiasmamos en Fundalectura en una apasionante clase de literatura viva y una catarata de ideas llevadas a la práctica.
Colombia está en efervescencia, y sentía, al volver, que volvía a lo viejo. América emerge, Europa sedimenta. Pero Medellín me ha enseñado que se puede crecer en la peor de las situaciones, incluso en la comodidad y el cansancio.
Se me agolpan las ideas. Nos dijeron: sed embajadores del nuevo Medellín. El viejo está muriendo: sepultado en palabras claras y limpias, en libros, en nuevos libros que apenas se empiezan a escribir. Gracias por tanto recibido. Esto no ha hecho sino empezar.

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  • Claudia

    Gonzalo, lo que nos cuentas justifica sobradamente tu caluroso entusiasmo y generoso elogio por la labor desarrollada en Medellín.
    Es muy satisfactorio, a la vez que esperanzador, saber de tantas personas unidas invirtiendo una gran cantidad de tiempo, esfuerzo y medios para propiciar un revolucionario cambio social a través de las letras, de los libros. Semejante práctica educativa transformadora no puede estar más que respaldada por un profundo compromiso con la educación a sus más altos niveles: aprender a ser, a convivir, a hacer, a aprender, a emprender. Compromiso asumido por la estructura social, política, educativa y cultural.
    Es un talante que promueve la construcción de una nueva cultura, una nueva forma de relaciones sociales, donde la violencia no tiene cabida.
    Lo que me lleva a reflexionar profundamente sobre las causas del fracaso escolar y los problemas de convivencia en nuestras escuelas y en la sociedad que nos ha tocado vivir. Y me motiva para pensar qué hacer con objeto de promover en mi entorno más cercano la paz positiva y las competencias necesarias para llevar una vida digna y saludable.
    Gracias por ser portador de tan buenas noticias.

  • Amanda Caro

    Hola Gonzalo, delicioso tu escrito sobre la impreción de mi país. Te cuento que revolucionaste mi aula, mi corazon y mi alma, me reencontre con mi vocacion y la dicha de enseñar el goce de leer, mil gracias.
    Tengo muchas cosas para contarte pero creo que este no es el lugar preciso para hacerlo, ademas me encantaría que sostuvieras una hoja de papel que es mas fiel que un monitor (jeje).
    Mis alumnos de décimo que leen el síndrome de Mozart casi me cuelgan de la horca por no llevarlos al encuentro contigo, pero después te cuento por que no se pudo.
    Un abrazo grande y mil gracias por tu visita, afecto y enseñanzas, eres un universo sorprendente para mi, desde mi pequeña aula y tus maravillosos libros me despido.
    La próxima visita seguro nos tomamos el chocolate en la candelaria……..

  • eldeyar

    Amanda, te presento a “la peña”, como decimos aquí: Amanda es maestra, una maravillosa maestra que da su vida por sus chicos, por llevar a ellos belleza y verdad, y sabiduría, y criterio para elegir un camino. Como tú, Amanda, he conocido a otras y otros en Colombia, y también los hay aquí: Claudia es una de ellas; sois el mismo, la misma, y siento un orgullo enorme de ayudarte, de ayudaros un poco en ese camino, en esa escalera de libros: usad los míos como un escalón para llegar a un estante más alto de la biblioteca, no os importe poner el pie en ellos: si sirven para eso, me siento feliz.

  • Felicidades por el tiempo pasado en Medellín, lo has gozado. Me tienes que contar detalles. Besos desde Alemania.

    Iraide

  • Hola Gonzalo

    Mil gracias por tus aportes en Medellín, por regalarnos un poco ti.

    Sencillamente me enamoré de ti, de todo lo que eres, de tus libros, de tu visión por la vida, de tu amor por la gente, de tu alma noble y generosa.

    Deseo que vuelva pronto a Medellín, pero por una buena temporada.

  • eldeyar

    Agradezco lo que dices, Cristina, y no sabes cuánto. Y sí, me gustaría volver a Medellín, y quedarme: el mejor invento del hombre sería una máquina para clonarnos y estar en todos los lugares en los que querríamos estar, hacer todo lo que queremos hacer.
    Aprovecho esta pequeña entrada para matizar algo que he escrito en la página: (escribir) para entrener, tal vez, pero sobre todo para emocionar. Mi mejor amiga me ha dicho que es una contradicción con todo lo que he escrito (y en esta misma web), y tiene razón: digamos que fue una concesión (qué le voy a hacer, cada día soy más tolerante) con quienes piensan que la principal vía de entrada a la literatura es el entretenimiento. Ya lo he escrito, y no lo voy a borrar, pero diré que, al menos, esa faceta de la literatura, la del entretenimiento, es con mucho la menos importante: si ponemos la literatura a competir con las otras diversiones, pierde. Llevemos la literatura al terreno en el que siempre gana: la emoción, los sentimientos más profundos; todo aquello de lo que carecen la diversión y el entretenimiento. Así lo dije también en Medellín y Bogotá, y lo mantengo, lo mantendré siempre. Aún así, hasta Ortega y Gasset seguro que se entretuvo algún rato con literatura divertida. Y eso es todo.
    Lo importante, en este momento, sois vosotros, los que construís una nueva Medellín; Cristina, Amanda, Alejandro, Juan Pablo, Tatiana… Ay, qué lista tan larga y tan linda.

  • Pingback: Medellín, Bogotá: Colombia « Blog de la AEN()

  • Susy Alvarado

    Gonzalo querido, ¡qué contento se te ve! y no es para menos, estoy segura de que ha sido todavía mucho mejor de lo que cuentas, de que la emoción es mucho mayor.
    Es muy gratificante saber que hay tantas personas en una ciudad preocupadas por la educación, por la lectura, por la creatividad.
    Y me uno a la reflexión de Claudia acerca de qué podemos hacer aquí, en nuestro entorno cercano, para que prenda la chispa necesaria, para que los valores que están desapareciendo vuelvan a estar vigentes, para ilusionar con las cosas sencillas de la vida…
    Siento que estamos dejando escapar muchas cosas valiosas, y me gustaría saber cómo retenerlas, cómo hacer que nuestros jóvenes no pierdan la capacidad de ser críticos, libres, valientes y sensibles para emocionarse entre las páginas de un buen libro.
    Debe ser preocupación fundamental de los políticos, como en Medellín, para que padres y maestros no estén (estemos) tan solos en el empeño. ¿Vale la pena intentar convencerlos o nos vamos todos p´a Medellín?

    Un beso enorme y bienvenido.
    Susy.

  • eldeyar

    Jaja, Susy, no me tientes… Ya estoy en Medellín, pero sólo en pensamiento. Esa es la lección, sí: volver a aprender. Aquí lo tenemos todo, y por eso parecemos no querer ya nada, y contagiamos esa apatía a nuestros hijos. Pero no es verdad: no tenemos nada, como a ti y a mí, a tantos, nos ha enseñado el Sáhara: el misterio de su alegría en la pobreza (que no en la miseria). Tenemos que encontrar el camino hacia la riqueza: en amor, en esperanza, en camino.
    Y eso lo digo al mismo tiempo que leo La Carretera, de McCarthy, un golpe violento en el estómago, un lamento desesperado. Ricardo ya lo ha acabado, y dice que aún así contiene un sutil acento de esperanza: lo espero, pero todavía no lo he encontrado, salvo en lo que suelo decir de Coetzee (otro que tal baila): el que grita la desesperanza para los demás, está haciendo un canto soterrado a la esperanza. Esa es la que me mantiene, y Medellín me ha dado muchas claves para reencontrarlas.

  • Ricardo Gómez

    Privilegios
    Habría poco que añadir a la emocionada evocación que Gonzalo Moure ha hecho del trabajo en Medellín y Bogotá, pero no me resisto a compartir la parte que me toca. Tuve el privilegio de estar allí. Lo vi, lo viví, lo sentí. Como ocurre con los grandes viajes, uno se trae en el corazón mucho más de lo que llevó.
    Gonzalo ha mencionado muchos nombres y se podría sumar alguno más, pero son tan importantes los anónimos, afectados o interesados: lectoras de todas las edades, bibliotecarios, maestras, promotores de lectura… Todos agitados por una enorme revolución silenciosa en la que el peso de una página es mucho mayor que el peso de una bala.
    Cuando paseaba por calles y parques en los que las bibliotecas se alzan como faros ciudadanos, recordaba en lo que había visto en algunas exposiciones en España sobre las Bibliotecas Populares de la Segunda República. Intentos a favor de que la imaginación y la educación se impongan a décadas o siglos de cerrilismo y barbarie. Quizá allí los medios sean aún escasos. Visité colegios que solo podían permitirse comprar un libro por aula; no importaba, porque la maestra leía con todos, y todos con ella. Caminé por las calles de Santo Domingo y pude adivinar en qué condiciones vivían niños y adolescentes que participaron en los encuentros. Pero esos niños y jóvenes sonreían en sus colegios y bibliotecas con más calor del que muestran muchos visitantes de las bibliotecas de nuestro país.
    Estoy seguro de que este viaje solo es un prólogo. Mi agradecimiento y cariño emocionado a todos los que me recibieron allí. Mi alegría por estar unido a Medellín a través del trabajo con personas como Gonzalo, Carlo, Alfredo, Andreu, Antonio y, próximamente, Care Santos. Mi reconocimiento a Jordi Sierra por su invitación a viajar allí y su generosidad al poner en marcha su Fundación.
    (Continuará, sin duda…)

  • Covi

    Querido Gonzalo:
    Como siempre entrar en tus escritos es poder vivir, sentir y conocer lo que nos describes, gracias por ello. También gracias a todas las personas que han escrito desde allí, anónimos para nosotros los lectores de aquí, pero reales y maravillosos para vosotros. Ha sido un placer poder leer el comentario de Ricardo Gómez corroborando lo escrito por ti y añadiendo sus propias impresiones.
    Lo que es seguro es el poder encontrar parte de esas experiencias impresas en tus próximos libros, libros que nos harán sentir de nuevo que estamos allí en espíritu y, quien sabe, quizás un día también en vivo.
    Espero anhelante ese próximo libro, es más, desearía poder leerlo ya.
    Un besito desde Gijón.
    Covi.

  • eldeyar

    Gracias por todo lo bueno que decís. Y gracias especialmente a Ricardo Gómez: como dice Covi, ahora ya no tengo la sensación de quedar como un optimista, romántico, un poco ingenuo. Y además, tiene razón: lo que está pasando en Medellín conecta en el hiper-espacio-tiempo con las Bibliotecas Populares de la República (¡Ya estamos removiendo el pasado!). Y debería ser visita obligada para todo aquel que quiera dedicar su vida a las bibliotecas o la promoción de la lectura.
    Propongo eso: que la página sirva para ir hilando experiencias. Si alguien está interesado en saber cómo se concreta una experiencia como la de Medellín, puede escribir aquí, y yo haré lo necesario para que la gente de allá contacte con vosotros. E ir haciendo de esta página una herramienta útil para crecer.

  • Carmen

    Leo con emoción todo lo referido a Colombia. Y recuerdo que en noviembre del año pasado nos vinimos de Murcia con un montón de información sobre todo el entramado bibliotecario que estaba surgiendo en Colombia. En la misma mesa redonda participábamos presentado Leer juntos, el proceso colombiano y dos cosas más.
    Hubo poco tiempo para todo (la ministra llegó muy tarde y todo se retrasó ese día y el tiempo de intervención se redujo) y la persona que vino desde colombia no se podía quedar más tiempo, así que apenas hablamos unos minutos con ella al terminar.
    Y ahora al leer lo que cuentas, tengo ganas de retomar toda la información del año pasado. Y es como si de nuevo se abriera la puerta y nos invitara a pasar.
    Ya le he dicho a alguna persona de Ballobar que tienes que venir a contarnos, a ligarnos a la vida del otro lado del mar. Quedas emplazado.
    Para que nos ayudes a encontrar modos de estrechar lazos y quedar enlazados.

  • eldeyar

    Ya lo sabes: mi ilusión sería que naciera un Leer Juntos en Medellín. Y creo que es posible. Y si no es exactamente, da igual. Algunas de las asistentes a las charlas eran de “Abuelas cuentacuentos”, una idea parecida, aunque distinta. La verdad es que Medellín es un semillero.
    Y en Ballobar estaré, claro, para contar eso y más, de Medellín, y de otras cosas.

  • alder

    en esta noche de lectura que repaso lo ocurrido un par de semanas atrás, siento un agradecimiento profundo con la vida por permitirme estar cerca de personas que desligados de los prejuicios atraviezan el oceano para compartir lo que son. gracias amigonzalo. Gracias Susy por permitirnos tener un ojo más tridimensional de lo que es el desierto y la vida de los hermanos saharauis, gracias tu hermana por facilitarnos ese viaje visual y esas historias arenosas que ni el tiempo ni el cristal podrán detener. a todos los que visitan la página, bienvenidos aquí s e trabaja con alegría y con amor…

  • Aquí el Jordi Sierra i Fabra, “presidente-fundador” (es broma) de la Fundación Taller de Letras Jordi Sierra i Fabra de Medellín, Colombia.
    Me he asomado hoy, ahora, a esta página de vida en la que se habla de mi Medellín, y doy fe de que cuanto dice Gonzalo, apoyado en un comentario de Ricardo, es verdad. No les mueven fiebres ni resacas, falsas gratitudes ni beneplácitos educados. Yo quiero tan sólo dejar mi granito de arena en este blog. Si bien es cierto que invité a mis amigos, también lo hice atendiendo a un riguroso IVA de calidad, porque a Medellín han ido algunos de los mejores autores españoles y no podía ser de otra forma, puesto que eran embajadores de España en Colombia, como ahora lo serán de Colombia en España. Gente comprometida, con la literatura, con el mundo, con causas sociales diversas y con cosas que contar y aprender, porque los escritores somos como esponjas, absorbemos siempre la vida para contarla, y para ello necesitamos también compartirla.
    Me preguntan siempre por qué escogí Medellín para mi Fundación, y la respuesta es que yo no la escogí: me escogió ella a mí. Medellín no tiene que darme las gracias. Soy yo el que se las da por dejarme ser parte del profundo cambio que ha tenido, está teniendo la ciudad en estos años. De ser “la más violenta” ha pasado a ser “la más educada”. Y es cierto. Es mi segunda casa, y a mi casa invito siempre a mis amigos. Pero esta segunda casa no sería lo que es sin las personas que integran la Fundación, gente joven, gente con ilusión, gente capaz de trabajar por un sueño sabiendo que sólo de la cultura emergen los futuros humanos. Sin Juan Pablo Hernández Carvajal y Tatiana María Jaramillo Toro, los directores de la Fundación, y su equipo humano, que crece día a día, nada habría sido posible.
    Ni siquiera que tantos “perversos” plumíferos hispanos llegaran un día de octubre dispuestos a conquistar el Nuevo Mundo… y regresaran conquistados y rendidos de emoción.
    Lo dije en 2004 al crear la Fundació Jordi Sierra i Fabra de Barcelona y la Fundación Taller de Letras Jordi Sierra i Fabra de Medellín: son vuestras, son de todos.
    Gracias.
    El Jordi

  • eldeyar

    Qué puedo añadir: nada. Gracias, Jordi: temíamos parecer locos, o alucinados. Ahora somos eso: unos más en un mismo empeño.
    Pero lo importante, al menos para mí, no es Medellín, que ya “es”. Lo importante es que Medellín puede devolver entusiasmo a este país de estrcuturas envejecidas, un poco oxidadas. Ida y vuelta. Vuelta e ida.

  • Gonzalo

    Acaban de conceder a Jordi el premio nacional de literatura, por Kafka y la Muñeca Viajera. Pocas veces me he alegrado tanto, y por tantas cosas reunidas en una.

  • Mauro de Medellín

    Sin palabras. Medellín emerge de las cenizas y el viento las esparce por el mundo. En éste momento siento la presencia de varias de esas partículas gigantescas que han caído en España. Jordi, Gonzalo, Frabetti, Alfredo, Ricardo, Andreu, Antonio, se han convertido en ese polvo de ceniza, mágico, que vuela por los cielos españoles, cargado de pensamientos, ilusiones, imágenes, alegrías y esperanzas de estas tierras que lo único que puede hacer es dar las gracias. Gracias reiteradas para estos nuevos antioqueños, que se han ido pero han dejado su estela.

    Pdt: Aprovecho para felicitar a Jordi por ese merecido reconocimiento. Un abrazo a todos.

  • eldeyar

    Antioqueños, sí: pero nosotros preferimos decir que somos…
    ¡paisas!

  • Mauro de Medellín

    Para seguir con la línea de Medellín, les cuento que hoy me llevé una grata sorpresa. Al tomar el metro en una de sus estaciones, observé que en la plataforma de los torniquetes había un corrillo de personas, en torno a un están de libros, pregunté al encargado de qué se trataba el asunto y me explicó que era el punto de “Las palabras rodantes”: se trata de un sitió, ubicado en cada una de las estaciones del metro, donde las personas tienen la posibilidad de tomar en préstamo cualquier librillo de estos, sin carnet y completamente gratis, con el compromiso regresarlo, no importa en que estación. Éste acto es un voto de confianza. Pienso que iniciativas como esta valen la pena contarlas. Por mi parte presté uno de Porfirio Barba-jacob, poeta colombiano. Un abrazo a todos.

  • Leí en su momento todos los comentarios que suscitó el artículo de Gonzalo sobre Medellín. No me animé a escribir nada porque tenía la sensación de que solo iba a repetir cosas que ya se habían explicado, y muy bien. Pero ahora si quiero añadir algo, aunque seguramente ya pocos lo leerán. El parque biblioteca España, el más espectacular desde el punto de vista arquitectónico, se inauguró el pasado mes de mayo. Pues bien, estos días, mediado noviembre, una niña de once años, llamada Fernanda López Marulanda, se ha convertido en la usuaria ¡¡¡un millón!!! de la biblioteca. Podéis ampliar la notica en http://www.reddebibliotecas.org.co, e incluso podréis ver una foto de esta guapísima (como todas las paisas) muchacha con su libro entre las manos. Solo es un dato que confirma todo lo que se ha escrito en los comentarios anteriores. No es preciso añadir más.

  • Una poco tardío pero… sobre el tema de Medellín algo para compartirles, después de ller la emoción que genera en ustedes, ilustres visitantes, mi Medellín.

    Los invita a ver lo que en Letra Clara he logrado publicar, especialmente http://letraclara.wordpress.com/2008/02/27/algo-sobre-ellos-y-algunas-de-sus-virtudes-por-francisco-pinzon-bedoya-desde-medellin/
    y a mi BLOG.

    Saludos calurosos desde esta tierra “paisa”

  • eldeyar

    ¡Vaya! Hola, Francisco. ¿Sabes que conozco a los editores de Letra Clara? Especialmente a Mayte.
    Tu artículo es excelente, y con tu permiso lo voy a pegar aquí mismo. Los parques biblioteca son, sin duda, un camino abierto contra la marginación social y cultural.
    Gracias por tu maravillosa aportación.

    Artículo de Francisco Pinzón Bedoya (desde Medellín) publicado en el Blog de Letra Clara.

    27, Febrero 2008
    He acumulado edades que nunca tuve sólo por el roce con los Universos Paralelos.

    La verdad es que se me hace tarde.

    De Ars Poétique de Gustavo Adolfo Becerra en la revista “Letralia”

    Están cerca, los recuerdo y los siento muy dulces al lado de mis días, pues acompañan mi morral, mis escritos, mis noticias y todo lo que a mi vida se refiere. Tienen formas, colores, tamaños y sabores distintos. Algunos nos extasiamos en su olor y hundimos la nariz en sus profundidades como queriendo seguir la huella de la tinta hacia su primera aparición sobre el papel, y con mucha mayor alegría primaria si son nuevos. Su origen es tan único como su apariencia, mas no así su destino, pues su lugar en cada tiempo en uno es un albur que lo definen caminos inciertos y especialmente aleatorios, tan disímiles como las personas que los posean y como tumbos de la historia y los acontecimientos que la crearon. Podría decirse que tienen vida propia y que en ellos hay rastros de la vida de quienes los disfrutaron o no. Algunas veces están intactos, por explorar; otras, por recordar, y otras veces… son muertes sin esclarecer. Los hay de razas y pedigríes tan diversos como ejemplares existen. Hay coleccionistas y personajes de cuento involucrados en su cuidado y hasta en su consumo: Borges, como muchos, es un ejemplo sobresaliente de ello. Son en sí mismos, los receptores y transmisores de la vida, de la historia y del conocimiento, aunque en este siglo su validez y utilidad estén en boca de muchos y hasta en entredicho. Paradójicamente, siendo seres estáticos y pasivos, han dado pie y han creado destinos, y hasta han cambiado reinos por ríos de sangre y tormentas de fuego, donde se consumieron centurias y hasta se crearon retrocesos. Han sido prohibidos y perseguidos, miles de ellos, por tener en sus entrañas ese algo que no puede llegar a ser conocimiento y mucho menos acervo. Han evolucionado con el hombre y son sus eternos consejeros, sin emitir una sola voz, un solo fonema. Se convierten en hitos y en signos, en regalos y en cargas, en motivos de discordia y hasta de designio, pero en sí todos están hechos del mismo material de donde todos venimos. Volver su contenido propio de una persona los hace ser unos seres iluminados y llenos de estilo, de genio y hasta depositarios de la confianza de los siglos, pero también pueden –al contrario- quedar cargados con el peso de lo que otros quisieron dejarnos, para nuestro lastre y equipaje el cual debemos asumir, soportar, digerir o saber emprender. Han escapado en su importancia al paso del tiempo y siguen con nosotros en su recorrido, y hasta continuarán después de nosotros, siendo nosotros sólo uno más de sus pasos hacia no sé qué destino. Están en las personas así algunas de ellas no sepan de su existencia o al menos, no tengan conciencia de ello. Marcado a fuego en mi memoria está algún dicho que dice que se vivió sólo si se plantó un árbol, se tuvo un hijo y si se escribió uno. Así podría seguir hablando de ellos, de todos los individuos existentes de este género, pero sería como creer que se puede hacer una adivinanza infinita de algo que es obvio y que todos sabemos.

    Los libros viven en todas partes, se apertrechan en miles de lugares y sólo esperan el paso de ese lector de tiempo completo. Se aprovechan de la obsesión de algunos pocos y de la costumbre de otros. Son como seres vivos que desatan emociones y operan bajo total libertad del tiempo y el espacio. Cuentan de Augusto Monterroso que le gustaba pedirlos prestados y devolverlos a su dueño, aunque fuera años después. Guardaba muy pocos en su casa. Cuando le regalaban uno, trataba de rechazarlo del modo más gentil, y preguntaba a los amigos: “¿quién me recibe unos libros?”.

    Han estado en la historia desde siempre, como las huellas del hombre mismo. El emperador Shih Huang Ti mandó a construir la casi infinita Muralla China y, simultáneamente, ordenó que se quemaran todos los libros anteriores a él; la edificación de la muralla debía mantener al Imperio exento del riesgo de su destrucción y del olvido, mientras que la destrucción de todos los libros tenía como objetivo borrar de la memoria de su pueblo todo vestigio que hablara de un tiempo anterior al de su reinado, como lo narra Borges en su ensayo: “La muralla y los libros”. La paradójica decisión del emperador habla posiblemente de la amenaza que habita en cualquier libro, en los archivos, en la memoria, en toda edificación que intente proteger o prevenirse contra la corrupción, habla a favor de su poder de perpetuarse. Así, los libros y su continente que puede ser biblioteca (o paraíso) o hasta arrume, que a la vez son memoria de todo, llevan en su seno la huella de un fin infinito que no deja de ser su Damocles, su misma amenaza de devastarlos, de dejarlos al azar corruptor del tiempo. Afirmaba Borges de sus amigos personales que “los libros son memoria sólo si en ellos no cesa de germinar el olvido que los convierte en historia en curso”, es decir, en una siempre inacabada, siempre por hacerse, siempre utópica. Un poco, son los actores de un despropósito, ilustran sin saber de expresión corporal o lenguaje gestual, enseñan sin aspavientos de pedagogías, dicen sin hablar, cambian desde el silencio, generan la pregunta del porqué, se inventan lo que no se ha hecho y hacen que el mundo cambie porque pueden hacer cambiar al hombre. ¡Qué propósito tan elevado éste de unos seres estáticos y pasivos!

    Los libros son apreciados en mayor medida por aquellos que se han hecho en los libros. “Nadie tan interesado en el arte como los artistas. Para decirlo en esos términos prohibidos, nadie es tan buen consumidor de arte como los artistas, tan buen lector de libros como los escritores, tan buen escuchador de música como los músicos”, decía William Ospina. El placer de estar acompañados de ellos en forma activa, como poseedores del lenguaje de otros que a través de ellos algo nos han querido legar, es sin duda uno de sus atractivos. Es gratificante la experiencia de vivir los libros, y más que ello su contenido. Es de tal magnitud, que hasta se les llega a considerar como “de nuestra familia” y como interlocutores que se tratan personalmente en diálogos íntimos y transparentes. Algunos han escrito sobre su encuentro con los libros, como “encuentros con otros fenómenos de la vida o el pensamiento. Todos mis encuentros están configurados y no aislados. En este sentido, y en este sentido solamente, los libros son parte tan integrante de mi vida como los árboles, las estrellas o el estiércol” (Henry Miller en “Los libros en mi vida”), y hasta se les atribuyen altas dosis de misterio ya que logran transmitir desde su “inanimidad” dejándonos a los lectores esa obligación de crear nuestro propia versión en lo que leemos, y es de ahí que a muchos no les guste confrontar su imagos de una novela con ésta cuando es llevada al cine, yo entre ellos tengo como ejemplo: El perfume de Patrick Sunskind o hasta El ahogado más hermoso del mundo, porque es como obligarse a cambiar la dama o el hecho o el tinglado que elaboramos en la lectura por lo que algún director consideró que era la mejor forma “gráfica” de representar dicha obra, y tal vez no queramos perder la magia o el hechizo que hizo en nosotros el libro. No quiero dejar de lado en este aparte del placer del libro y sus contenidos, aquél de la relectura, ya que además nos da la posibilidad de vivir varias veces las mismas palabras, porque “Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos”, tema que de por sí da para una larga divagación constructiva. ¡Qué ventaja! ¡Qué oportunidades en las relecturas nos deparamos en esos libros especiales para cada uno!

    Pero, ¿por qué son tan importantes los libros que aún hoy, en este siglo XXI de internet y otros, no han desaparecido? Será que internet -que algunos imaginan como una biblioteca- se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de “galerías hexagonales” como lo sugiere Jorge Gómez Jiménez (Revista Letralia). Más allá de los libros y las bibliotecas tradicionales, el concepto sí está cambiando. Un ejemplo cercano, Medellín, Colombia. Se ha creado un programa institucional de ellas llamado Parques Bibliotecas, donde se generan más “espacios de entretenimiento y convivencia” que parajes para lectores de libros. Más allá de un lugar para la lectura y la consulta de libro, los parques bibliotecas “son un concepto que rompe con el modelo tradicional de centros de consulta y préstamo de libros”, explica Gloria Inés Palomino, directora de la Biblioteca Pública Piloto y de la red de bibliotecas. Allí convive lo nuevo con lo tradicional. Confluye quien acude a hacer tareas y por ahí derecho a leer algunos textos que, en su curiosidad, hará sus amigos, y un punto de despegue de su marginamiento secular. Son ya cinco parques de este estilo con más de 20,000 libros, espacios y recursos para atraer cultura, escogidos para abrir mundos y para ampliar fronteras de pensamiento y la mente de las personas del común en Medellín. Ampliación que significa la contextualización del mundo, de su mundo, del mundo de todos quienes convivimos por estos lados del planeta. Los parques biblioteca, que son parte del plan de desarrollo de la administración municipal de Medellín, llegaron a la ciudad no sólo para atender la demanda de los sectores donde están ubicados sino para que otras instituciones, tanto educativas, comunitarias como religiosas, hagan uso de ellas. Por esta razón se convoca a la ciudadanía para que las visite y las muestre, “porque hacen parte de un patrimonio cultural y turístico de la ciudad”, sostienen quienes alientan este plan. Queda mucho por desarrollar, especialmente lo más básico de todo: cursos de lectura y escritura.

    ¡Libros! ¡Bibliotecas! ¡Letras! ¡Lectores y escritores! Son ese parte de supervivencia que se deja ver aún sobre las humeantes chimeneas de algún holocausto apocalíptico que algunos han pronosticado con el advenimiento del flujo virtual de las letras. Creo firmemente que todo ello está más ligado al espíritu del hombre que al medio en que se distribuyan. ¡Bienvenidas todas las formas que hagan de las letras la sangre de la vida de muchos!

    Vuelvo a Borges una y otra vez, y recuerdo su mirada irónica sobre su ceguera que queda plasmada en el “Poema de los dones”, tal vez en algunos de los más conocidos de sus versos:

    Nadie rebaje a lágrima o reproche

    esta declaración de la maestría

    de Dios, que con magnífica ironía

    me dio a la vez los libros y la noche.

    De esta ciudad de libros hizo dueños

    a unos ojos sin luz que sólo pueden

    leer en las bibliotecas de los sueños

    los insensatos párrafos que ceden

    las albas a su afán. En vano el día

    les prodiga sus libros infinitos,

    arduos como los arduos manuscritos

    que perecieron en Alejandría.

    Francisco Pinzón Bedoya