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¿FIN DE McCARTHY?

He acabado esta noche “La carretera”, la última novela de Cormac McCarthy. Me decía Ricardo Menéndez Salmón que estaba seguro de que es su última novela, un testamento apocalíptico y desesperado. No estoy seguro; más bien creo que no. Literariamente es el C.Mc. de siempre, pero depurado. Frases mucho más cortas, pero con un ritmo abrasador (como abrasado está en la novela su querido paisaje norteamericano) y preciso: escrito casi a dentelladas, en ese estado de sinceridad alucinada que, subordinada más o menos, le caracteriza.
¿Para qué ha escrito esta novela? Tiene momentos dignos de Stephen King (y no lo digo positivamente), de terror. Es, decía una buena amiga, una novela de terror. Por lo que describe, el mundo después del gran desastre nuclear, es un aldabonazo: lo hace tan bien, que uno no puede sino pensar que, en efecto, algo así es posible: según los científicos, casi cien veces posible con el arsenal nuclear que existe en el mundo. Bravo por ello. Sin embargo, hace casi 40 años Ingmar Bergman “vomitó” “La vergüenza”. No estoy seguro de si el escenario era el mismo, postguerra nuclear, o simple guerra, pero mis recuerdos se quedaron fijados en la terrible condición humana que todos escondemos: predadores. Gente exquisita antes, convertidos en bestias después. Echo de menos esa sinceridad en McCarthy. Y lo siento: estoy fascinado por C.Mc. desde hace casi diez años, y creo que Suttree, literariamente, está entre lo mejor que he leído nunca, y que Meridiano de Sangre ocupa también un lugar en ese estante. Y otras: La Oscuridad Exterior, Hijo de Dios, alguna de la trilogía de La Frontera. Pero por su calidad literaria, asombrosa y luminosa, y por su ambigüedad moral, zumo de vida. En La Carretera, sin embargo, me revuelve encontrar el mismo maniqueísmo que detesto del espíritu norteamericano: los buenos, los malos. Quería creer que esta insistencia escondía una intención oculta, que Mc estaba dispuesto a asestarnos un golpe en la nuca y nos preparaba con ese recurso: pero no: es textual, y desemboca en un final que no desvelo, pero que me ha dejado en plena madrugada insomne y decepcionado.
No, no creo que sea su última novela: tiene prisa. Es verdad que la media de su obra es de 9 años, toda una lección para los que escribimos con ansia, urgencia y avaricia. Pero se intuye, al menos la intuyo, esa prisa por añadir aún algo más, salvo que la biología se lo impida.
Aunque tal vez el final sea, precisamente, un testamento: seguid, que alguien siga, que alguien “lleve el fuego”, antes de que el fuego se nos lleve a todos.

Ahora sí: que este comentario aún un poco desvelado sea el principio de un buen debate: para eso debe servir esta página.

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  • Ana Jesús

    ¡Hola Gonzalo!
    Qué alegría encontrarte en este blog!
    Por recomendación tuya me pasé el verano leyendo algunos libros de McCarthy, entre alucinada y sobrecogida.No podía dejar de leer y al mismo tiempo sentía autentico pánico. Es una lectura nada placentera, en muchos sentidos, y es para valientes, creo yo.
    Gracias por incluir el enlace a lectolandia; ha sido todo un detallazo.

  • eldeyar

    Lectolandia es un buen enlace: ¡esto es la red! Cuando decidí iniciar mi blog-web, lo hice también para que no paremos de seguir extendiéndola. Bueno encontrarte, también. ¿Te has enfrentado ya a La Carretera?

  • Viento

    Tal vez haya otra esquina que no has doblado en esa carretera de McCarthy. Tal vez el mismo rechazo a lo americano, te haya hecho leer como si fueras un americano. McCarthy siempre ha reflejado el mundo oculto de esa país, su cara sucia, sus desarrapados y sus desgarros ¿Por qué ahora iba a modificar tan radicalmente su postura? Creo que la clave está en que el padre habla de buenos y malos, es verdad, pero sus actos chocan profundamente con el concepto del bien y del mal. Porque, ¿no es una autentica perversidad abandonar a quienes necesitan desesperadamente ayuda? ¿No es su conducta de un individualismo atroz? Algo muy profundo esconde esa clasificación de buenos y malos, tal vez sea la mayor denuncia de la falta de fe en el ser humano. Bueno, es mi opinión claro. Contraria desde luego a la lectura de los americanos que han leído lo mismo que tú y han hecho de esta obra de McCarthy un best-seller.
    Un beso

  • eldeyar

    Pues no, no estoy de acuerdo (y eso me encanta, viva el debate vivo). Creo que Mc presenta esa actitud de “el hombre” como justificable y justificada, para preservar la vida, para seguir adelante. Y hay una prueba, Viento: su sucesor en esa tarea de “llevar el fuego”, ha hecho lo mismo: “os hemos estado observando”. Y los observaban mientras “El hombre agonizaba”. Creo que estás corriendo el riesgo de canonizar a Mc, que es humano, como todos. A mí me parece, más bien, que en él afloran al final (si esta novela es el final, que puede), doscientos años de historia en los que esos principios (los buenos y los malos, la supervivencia y el individualismo) han logrado calar en el inconsciente colectivo “americano”. De hecho, lo que subyace, esa búsqueda de “los buenos”, me ha recordado a la execrable película de Kevin Costner, de la que ni siquiera recuerdo muy bien el título, algo así como “El cartero”. ¡No pasa nada si un mito propio se equivoca, o muestra debilidad! Yo insisto en que inmediatamente después de leer La Carretera hay que volver a leer “La oscuridad exterior” (mejor traducido estaría “Las tinieblas exteriores”), donde, sin recurrir al tópico de la postguerra nuclear, se hace el mismo análisis, aunque esta vez sí, demoledor, hipercrítico y, por tanto, alarmante, deseasogante: ese es el Mc que me conmueve hasta lo más hondo, el que me hace sentir lo mismo que cuando leo a Coetzee: ¡Si se grita la desesperanza es para llamar a la esperanza!
    La Carretera insiste en el esquema clásico del eterno retorno, en la “esperanza” por el camino fácil: enunciarla. Como si no fuera posible que el hombre se extinguiera a sí mismo. Y lo digo desde la autocrítica más feroz, porque en “El alimento de los dioses”, hice un poco el mismo esquema. Pero lo que yo escribo no significa nada, nada, al lado de lo que escribe (ha escrito) McCarthy, y defiendo mi optimismo histórico: es como si ahora fingiera no creer en lo que creo para parecer más duro de lo que soy.
    ¡Sigamos!

  • Viento

    Si en un mundo en tinieblas en el que unos pocos vagan con la muerte como compañera inevitable y el horror en las retinas, los “buenos” siguen siendo los poderosos (portadores del fuego), si su egoísmo y la transmisión del mismo a la generación siguiente es la “esperanza”, si el caos no sirvió para establecer un orden nuevo, si no sirvió, y no sirvió, para que los “buenos” aprendieran otro lenguaje, la desesperanza es el eje de este libro. Creo que McCarthy no enuncia la supervivencia del hombre sino la supervivencia del poder: El hombre jamás se librará del hombre. Estamos condenados a repetir una y mil veces el mismo esquema. Y en eso radica, creo yo, la falta de fe en el género humano que denuncia entre líneas McCarthy.

  • eldeyar

    ¿Pero qué estamos debatiendo entonces? ¿Podemos creer que Mc -incluso Mc- es capaz de enunciar algo para denunciar justamente lo contrario? ¿Es que no se produce en el lector una absoluta identificación con el “héroe” agonizante y peripatético, capaz de sacrificarse hasta la muerte por su hijo? ¿No es ese “el valor” que describe? Si es así, ¿entonces? No, para mí lo que dice Viento es verdad, pero no la verdad que quería enunciar Mc. Lo que sostengo es que algo tan grabado a fuego en la conciencia “americana” (cada vez que hago este entrocomillado estoy deplorando esa apropiación de América por parte de los estadounidenses) no ha dejado de aflorar al fin, para mi pesar, en alguien a quien percibía tan valientemente sincero en las anteriores novelas. Y eso que ya había síntomas. Y tampoco está tan mal. El Cornelius Suttree ya era un héroe digno de Twain, en el mismo escenario de Twain, con sus valores positivos en un mundo basado en la supervivencia más atroz: Cornelius también “transportaba el fuego”. ¿Dudas en Mc? ¡Claro que sí! ¿Quién no duda de todo, de sí mismo antes que de nadie?