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SOY UN CABALLO

Alguien puede pensar que me he vuelto loco, o que Jordi me ha contagiado algo más que Medellín, una especie de furia creativa, o al menos “publicativa”. Pero no es verdad: los libros se concentran caprichosamente, y coinciden este año, después de algunos de relativa sequía, varios de ellos. Han ocupado distintas épocas de mi vida reciente. Pero en los dos últimos, la casualidad es casi mágica: Soy Un Caballo tiene ya tres años y pico. Lo escribí, casi de corrido, al volver de Tuva, conmovido por lo que allí había aprendido, sumado a mis diez años anteriores conviviendo con caballos. Alex, que también vino a Tuva conmigo y en la novela aparece con el nombre de Lomax, me enseñó a “c105-soy-un-caballo_t_w275_h400.jpghablar” en el lenguaje equino, a ser aceptado por el caballo. Y a mi vez enseñé a muchos niños a hablar con ellos, a “ser caballo con el caballo”. Con ese bagaje, me sentí capaz de esta osadía: hablar desde lo que supongo que es la mente del caballo. Algo que se puede suponer, inferir y deducir, pero nunca “saber”. Sé que no lo sé, sé aún mejor lo que no sé, pero me atrevo, acepto el reto. Sobre todo, porque demasiadas veces se ha antropomorfizado al caballo: películas, novelas, cuentos… Pero ¿cómo nos ve el caballo realmente? Como lo que somos: cazadores de caballos. En ese difícil equilibrio, a veces puro síndrome de Estocolmo, se mueve el caballo en su relación con el jinete. Por eso elegí a una niña: tierna, buena, cariñosa. Pero cazadora, predadora: peligrosa para el caballo.
Qué decir del trabajo de Esperanza León: si juzgas por la portada y ya te sientes tocado, espera a ver el interior. Es una delicia, es algo muy fuerte al mismo tiempo.
Y, naturalmente, un libro así necesitaba un editor especial. Y lo encontramos en Kalandraka. Pocas editoriales aman tanto a sus libros, pocos editores y editoras aman tanto a su editorial. Y de tanto amor, tantos, tan preciosos, delicados y apasionados libros. El papel, el cuidado, la maquetación…
Y ahora, Esperanza y yo esperamos el premio: que un niño, un día (o un adulto), nos diga: siento al caballo de un modo distinto. Seremos nosotros quienes le demos las gracias.
El libro aparece en castellano y en gallego, pero también en catalán, en la editorial Hipótesi, en colaboración con Kalandraka. Soy un caballo, Son un cabalo, Sóc un cavall.

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