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AHORA QUE YA NO FUMO

AHORA QUE YA NO FUMO

He dejado de fumar hace dos semanas. Me ha ayudado mi mejor amiga, que entendió, cuando le propuse que dejáramos de fumar al mismo tiempo, que le estaba diciendo que sin apoyarme en ella me sería imposible. Posteriormente se unió a nosotros otra amiga. Ya somos tres*. Saber que estamos en el mismo esfuerzo, nos hace más fuertes.
Pero no escribo esta entrada para hacer alarde de nuestra fuerza de voluntad, sino para reivindicar los derechos de los fumadores. Porque dejar de fumar es comprobar que fumar no es un acto voluntario, sino una imposición: veinte, treinta imposiciones al día. Hasta hace dos semanas me justificaba diciendo: me gusta, fumo porque quiero.
No es verdad: fumaba porque otros querían. Querían mi dinero, y de paso se llevaban mi salud y mi libertad. Y peor aún, desde hace algunos años, además de sacarnos el dinero y la libertad, nos ponían en la picota, nos colocaban el capirote, nos sacaban a las aceras, al otro lado de la verja de los colegios, nos exponían a la mofa, a la befa, y al integrismo.
Ricardo Gómez y yo, buenos fumadores (lo seremos siempre, fumemos o no), lo vimos claro desde el primer día: se trataba de una campaña que quería probar la capacidad de manipulación de las masas. Lo que era perfectamente normal hace diez años, lo que había sido culturalmente aceptado por todos desde siglos atrás, podía convertirse en sucio, pecaminoso, perseguible, en apenas un par de años. Y lo consiguieron. Ese era el objetivo, en nuestra teoría: con una buena campaña, se puede convencer al mundo entero de cualquier cosa. Asaber qué será lo siguiente. Curiosamente, Andréu Martín recoge esta hipótesis en un libro que prepara con otro amigo sobre la Teoría de la Conspiración.
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Un contrabandista beduíno (de tabaco) me decía que él compra directamente a los fabricantes, Marlboro especialmente, en Nuadibu, y paga un dinero que escapa a cualquier impuesto. Asegura que el pacto entre los grandes fabricantes y los estados de los países del primer mundo, es el siguiente: hacéis una campaña contra el tabaco tan grande que os permite multiplicar por diez, por veinte, por cien, los impuestos. Y a cambio, dejáis que nosotros vendamos tabaco en el tercer mundo sin pagar impuestos. Y encima os quitáis de encima a unos cientos de miles de candidatos a la emigración ilegal: porque les damos tabaco aún peor, más adictivo y cancerígeno.
Puede ser. De hecho, en gran parte es seguro que es: ayer mismo se nos preparaba en la prensa: a más precio del tabaco (por impuestos, claro), más “éxito” de las campañas. A pagar. Más y más. Pronto la cajetilla se irá a los siete euros, como ya está en Irlanda. Y lo peor es que no disminuye el número de fumadores: al contrario: crece.
Estos días, luchando contra el mono, comprobaba que no fumar no es tan difícil como creía cuando los demás fuman: el cigarrillo social. Es terrible, sin embargo, cuando tratas de escribir, o de hacer el trabajo intelectual que hicieras antes con el apoyo del tabaco. La nicotina facilita las sinapsis, contiene potentes neurotransmisores, que ahora tengo que sustituir con mis recursos químicos interiores. Y cuesta, casi te rindes.
Y aún peor, más difícil, es ver en restaurantes o tiendas el “Prohibido Fumar”. Es ahí donde mi mente se rebela, porque me siento un poco traidor, como si hubiera renunciado a luchar por la libertad. Sé que no es así, pero duele tener que conquistar la libertad de no fumar renunciando a la libertad de fumar sin hacer daño a nadie, como fumaron mis padres, mis abuelos, generaciones y generaciones de fumadores a los que abandono.

Ya está: ya no fumo, y espero no volver a hacerlo nunca. Pero es ahora cuando quiero reclamar los derechos de los fumadores:
-Derecho a fumar donde no haya nadie que se queje.
-Derecho a no ser considerado mal ciudadano por algo legal y sujeto a impuestos.
-Derecho a no tener que exponerse al frío, la lluvia y el viento, y a la mirada reprobatoria general, para hacer algo legal y sujeto a impuestos.
-Derecho a no tener que dar explicaciones a nadie.
-Derecho a no tener que soportar las filípicas no pedidas de nadie.
-Derecho a dejar de fumar sin parecer que cede a una campaña desmedida, exagerada e hipócrita.
-Derecho a dejar de fumar sin haber recibido advertencia médica alguna, por el simple ejercicio de la libertad.

Y especialmente: durante estos dos años de campaña desmedida, exagerada e hipócrita, he visitado cientos de colegios e institutos. En la mayoría de ellos he tenido que dar más de una charla a los alumnos, con un esfuerzo mental que me pedía una recompensa, un descanso mental en forma de nicotina: en todas esas ocasiones, cuando se me ha ofrecido un café, he dicho que gracias, pero que lo que necesitaba era fumar un cigarrillo. Nunca, subrayo: nunca, se me ha dicho: ven a mi despacho, abriremos la ventana, y gracias por tu esfuerzo. No: literalmente: siempre se me ha dicho: a la calle. Solo. Y muchas veces, ante los ojos de los mismos chicos para los que unos minutos antes era un ejemplo como escritor. ¿Hay quien lo entienda? ¿Hay quien defienda tal desproporción? Y es que mi visita, y mi imagen fumando en la calle, es esporádica, pero la del profesor de filosofía, ciencias o matemáticas (o lengua), es diaria. ¿No hay quien se de cuenta de que si se pretende educar a los chicos lejos del tabaco, es una contradicción que vean a sus profesores fumando en la calle, cada día, en cada recreo?
Por tanto: creo que es hora de reivindicar que los centros escolares dispongan de un cuarto cerrado, discreto, a salvo de la mirada de los alumnos y los padres de alumnos, en los que poder fumar sin hacer daño, físico o moral, a nadie.
Contra la hipocresía, contra la desproporción. Y por la propia educación de los chicos.

Me ha costado doce días poder escribir este artículo… sin fumar. En este tiempo no he podido escribir nada creativo, apenas atender la web y responder correos. Creo que mi cerebro empieza a crear sus propios neurotransmisores, y pronto escribiré relatos sin humo. Pero no olvidaré nunca al tabaco, que ha acompañado a miles y miles de escritores durante cientos de años, que acompañó a mi madre hasta el último minuto de su vida, que me ha acompañado a mí en muchos de mis libros.
Y si dejo de fumar, si ya he dejado, es por la amistad, y por la libertad. No por la campaña, no por todos los males apocalípticos que hace diez años no existían. Fue en los primeros días cuando comprendí que no era yo el que deseaba fumar, que mi mente había sido colonizada: que tenía en mi cerebro un alien que decía: fuma, paga, fuma, paga. Que no era yo el que fumaba, que aquel gesto no tenía nada que ver con la libertad. Ahota tengo en un frasco cincuenta euros: al cabo de un año 1200 euros se transformarán en cine hecho por chicos de Medellín, en libros en el Sáhara. Y si suben el tabaco, será aún más: pagaré cada semana, para no olvidar.
Adiós, alien.

*Si quieres unirte, hazlo en estas páginas, en un comentario. Y si no quieres, también: con un comentario.

  • Bahia y Conchi

    ¡Bien, Gon! Buena idea lo de la hucha, verás la cantidad de dinero que se va en cigarros. De acuerdo con todo lo que dices sobre la campaña anti tabaco pero lo cierto, la verdad pura y desnuda, es que fumar es malo para la salud. Como tantas otras cosas eso sí. Te pasamos a tu correo un relato (sin título) verídico sobre cómo un soldado saharaui dejó de fumar. Besazo

  • Astrid

    Me alegra mucho la decisión que has tomado. ¡Bien por ti! Y bien por haber sacado el alien que estaba instalado en tu cabeza.
    Te felicito
    Besos muy fuertes

  • Ahora que ya no fumas, me gustaría estar a tu lado para apoyarte, para que mires en mis ojos la alegría de tu decisión. Un beso

  • Me alegro de que hayas dejado el tabaco, quita años, y quiebra la salud. Te deseo ánimos, mi padre lo ha dejado por segunda vez, desde que le han dicho que tiene el colesterol un poquito alto, jejeje. Y es que la liberta de fumar, en mi opinión, no es nada comparada con el placer de respirar sin humos, y con el dinero que te ahorras. 🙂

  • Fernando

    Bien por lo de dejar de fumar. Se necesita valor. Yo lo dejé en el 2003 y estuve ocho meses sin fumar. Empecé de nuevo, primero fue un par de caladitas al pito de mi pareja, luego que si un pitín al día no hacía daño y… acabé volviendo a comprar la cajetilla de ducados de todos los días. Al poco ya eran dos paquetes al día. Estuve así otros dos años. En el 2006 volví a dejarlo y hasta ahora no volví a fumar (ni pienso hacerlo). Ahora sé que el monstruo está ahí y que con él no se puede jugar ni darle oportunidad de volver a esclavizarnos.
    Ya lo sabes. Llegará el momento en el que te creas libre del tabaco, que te apetecerá fumar por el placer de hacerlo, pensando que no volverás a ser un adicto. Y si echas esi pitín -que al fin y al cabo, un pitín no haz daño-, estarás perdido.
    ¡¡¡No vuelvas a fumar nunca más!!!
    Consejo de amigo.

    ¡Gracias, Fernando! Ahora falta, para que esto sea perfecto, que alguien se sume (o se reste, si bien se mira).

  • eldeyar

    Este artículo es del blog “hazloquedebas.com”. Me autorizan a pegarlo aquí: es muy bueno, muy saharaui.

    Busco título
    No encuentro título para este relato; he tardado más días en subirlo pero no soy capaz, por más que lo pienso, de encontrar uno que me guste. El blog no tiene apenas comentarios pero si lo lees y te apetece, déjame en comentarios qué título te parece mejor y si a mí también me gusta, ¡adjudicado!. Bueno a ver si hay suerte porque estoy desesperada. El relato está basado en un hecho real que nos contó el guitarrista saharaui Fuku en un viaje en tren.

    El soldado, consumido por la dureza del desierto pero siempre digno, limpia de su pipa los restos de ceniza de la última calada de maneiya [1]. Así fuman los hombres del desierto, con una antigua ceremonia, como tantos otros ritos presentes en sus vidas. Se coge un puñado de tabaco del beit [2], se introduce en la tuba [3] o pipa y se empuja al fondo sellándose con la yema del dedo humedecida en saliva. Se enciende con el znat [4], entonces se dan varias caladas, sin apenas tragar el humo. Una vez consumido el tabaco la pipa debe quedar bien limpia y guardada en la pitillera.

    El soldado está muy orgulloso de su shrut [5], comprado en Mauritania a una artesana conocida por su trabajo con el cuero. El beit siempre le acompaña con su fondo de pequeños cuadros verdes y amarillos, ydibujos geométricos de vivo color rojo troquelados sobre un fondo de tela blanca. La parte delantera está adornada con siete kabulas [6] y el broche para cerrar el beit trabajado con profusión de flecos morados. Las diferentes lengüetas de su pitillera también están primorosamente decoradas, hasta llegar al apartado donde se guarda la maneiya, lo que demuestra lo especial de su beit, que cuida orgulloso. La tuba del soldado es de plata, finamente labrada con figuras geométricas.

    El aseo, ir vestido lo mejor posible y tener sus pocas pertenencias en el mejor estado son mandamientos sagrados para el soldado, a pesar de la dureza extrema de sus condiciones de vida. Si a los saharauis les pudiera la desidia en el desierto lo tendrían todo perdido, habrían desaparecido si de ellos se hubiera apoderado la pereza o la desesperanza. Siglos de privaciones y dificultades crearon a los míticos hijos de la nube, a los estoicos hombres azules que persiguen la lluvia montados en sus dromedarios.

    Sumido en sus pensamientos, el soldado no se da cuenta de que se le han acercado unos jóvenes soldados. Ellos prefieren el tabaco americano pero no les queda. En esas circunstancias se busca cualquiera, no son asiduos de la maneiya pero tabaco es tabaco, así que recurren joviales al veterano. Se dirigen a él con una sonrisa, el soldado es serio y buen compañero, quizá demasiado tradicional para ellos.

    – Yasahbi [7], ¿nos pasas la “herramienta”?

    “¿Herramienta?”, piensa indignado el soldado, ese bello beit símbolo de la cultura bidan, fruto de los mimos y esfuerzos de una experta artesana del cuero, traído desde miles de kilómetros…

    – Tomad, os la podéis quedar.

    Y desde ese momento el soldado dejó para siempre de fumar.

    [1] Maneiya: hojas de tabaco secas sin refinar que fuman los saharauis.
    [2] Beit: pitillera de cuero finamente trabajada que usan los saharauis y los mauritanos para guardar el tabaco y la pipa.
    [3] Tuba: pipa de metal con forma de tubo labrada con gran delicadeza.
    [4] Znad: encendedor tradicional de mecha.
    [5] Shrut: utensilios tradicionales para fumar.
    [6] Kabulas: pompones de flecos realizados con finas tiras de cuero.
    [7] Yasahbi: compañero.

  • Sólo alguien.

    Gracias por las dos cosas: contarnos tu decisión y las reflexiones y, por otro lado, ese bonito relato.
    Desearía tener las fuerzas en estos momentos para tomar la misma decisión, pero sé que ahora no lo haré (por mucho que lo piense) me falta el autoconvencimiento o, quizás, la claridad de mente para hacerlo.
    Sin embargo, gracias, siempre ayuda el ánimo de un amigo (al igual que los de todas las demás respuestas).
    Por cierto, lo primero que me ha venido como título del relato es Beit, por todo lo que significaba para él y su final.
    Besitos.

  • eldeyar

    Gracias, “Sólo alguien”, en nombre de Bahía y Conxi, porque “Beit” es un buen título, muy significativo: beit es el estuche de la tuba, pero también es el cuartito de adobe, la extensión de la casa en la ciudad o el pueblo, actualmente en el campamento de refugiados: en la badía, el escenario de la libertad del beduíno, no hay beit: sólo jaima.

    En cuanto a “dejarlo-no dejarlo”, te entiendo, porque desde que volví a fumar, hace siete años, nunca veía el momento. Claro que cuesta, pero te aseguro que la mejor compensación es por el aprecio hacia ti mismo: puedo, ¡puedo! Y no sólo “puedo”: ¡he ganado! Porque non somos nosotros quienes fumamos: somos fumados.
    Por otro lado, el enorme corte de manga a los que te están perjudicando, fabricante y estado, pero no dejan de chuparte la sangre y el monedero.
    ¿Te acuerdas del slogan de las manifestaciones? ¡No nos mires, únete!

  • Pipa

    Desde mi postura de fumadora que no fuma (pongo en duda que existan los ex-fumadores) me gustaría matizar algunos aspectos de la respuesta a ese alguien, sea quien sea, que aún no ha decidido dejar el tabaco, y que es muy libre de no decidirlo nunca.
    Casi todo el mundo que fuma se ha hecho alguna vez ese recorrido por todos los motivos ¿tópicos? para dejar de fumar. Pero una de las causas para seguir haciéndolo es, precisamente, lo pesadito que se pone el entorno con el tema de “tienes que dejar de fumar”. Así es que, por favor, los que no fumamos dejemos de atormentar a los que si lo hacen.
    Hablar del dinero que nos cuesta, de lo que nos manipulan, de la salud y etcétera, es repetir el discurso de los que nos han echado con cajas destempladas a fumar a la calle. Pero lo cierto es que el tabaco no es más que un eslabón más de nuestra cadena de esclavos de una sociedad que nos manipula hacia donde quiere (¡hasta determinados “libros” se ponen de moda. Y best seller, oye, aunque no sirvan ni como adorno en las estanterías…)
    No, todo eso a mí no me ha servido de nada. Me parece que hay motivos más interesantes que tienen que ver con uno mismo. En mi caso, yo no lucho contra el tabaco sino contra mi parte más débil. Es una pelea entre los dos extremos de mi voluntad. En un extremo, el tremendo deseo de fumar. En el otro, una parcela más de libertad.
    Otro buen motivo es la amistad y su gran fuerza de persuasión. O la mirada del amor. O la cabezonería… Cada cual encontrará, si es que le apetece buscarlo, el suyo. Pero ese motivo está dentro, no fuera.
    Y un último apunte. Ahora que no fumo, precisamente ahora, quiero decir que los fumadores siempre hemos sido gente sana.
    Besos a todos

  • Puri

    He entrado en este blog porque conocí a Gozalo en persona en la escuela donde trabajaba el año pasado, y a día de hoy estoy buscando lectura para los niños con los que trabajo este año; y fijáte… yo también dejé de fumar, pero hace ya tres meses… Cuando comencé me dijeron que lo peor eran las tres primeras semanas… (mentira), luego me dijeron que una vez pasados los tres primero meses todo sería mejor (mentira)… así que me lo he tomado como un reto personal, o como una libertad diaria ¿fumo hoy?, así que todos los días dejo de fumar, y todos los días pienso en el tabaco… y demostramos que no somos libres… porque está ahí en nuestra mente. También un apoyo a la libertad de los fumadores… tienen libertad para fumar, pero ya se sabe: Los derechos de uno terminan cuando empiezan los del otro.
    Un saludo y espero que todos llevemos esto a buen puerto.

  • elkadeh

    ¿Cómo dejé de fumar? Recuerdo que lo intenté dos o tres veces de manera sería, y siempre volví a tropezar.Eso me pasó cuando todavía estudiaba en Cuba. Cuando volví al Sáhara no pensaba, ni mucho menos dejar el cigarro, pero tuve la suerte de volver en el verano y toparme con la Manayya, que no me gustó para nada, ni tampoco el cigarrillo de cajetilla, que me pareció muy seco, sumado a esto, el cambio brusco y diferencial entre el clima tropical y el desierto de la Hamada. Casi, casi, iba a dejarlo sin darme cuenta, pero en cuestión de una semana o dos en los campamentos de refugiados ya empecé a “adaptarme” al nuevo cigarrillo, que era mucho peor que el cubano. Viajé a Mauritania para visitar a mi madre, mi viaje fue una odisea, que duró trece o catorce días durante los cuales no fumé, no por falta de ganas, sino porque no lo había en medio del desierto.
    Me reencontré con mi madre después de trece años. Recuerdo que después de comer hice una larga siesta, era pleno agosto, me costó despertarme,estuve un largo rato tumbado despierto pero con los ojos cerados, cerca de donde estaba acostado, escuchaba a mi madre hablar con otra mujer, no sé de qué hablaban, pero me alcanzó este comentario:”Tu hijo fuma”, dijo la mujer a mi madre. “No”, respondió mi madre, con una rotundidad que me extrañó; yo atribuí esa seguridad en la respuesta, a que mi madre pensaba en aquél momento, que sigo siendo el chiquillo que se fue de casa a los nueve años.
    “Mi hijo no fuma´, insistió.
    – “Esa carita, esos ojitos deorbitados que he visto yo esta mañana son de un fumador, y un fumador con ganas-remató la otra mujer.
    Después de trece años sin ver a mi madre, yo no quería decepcionarla, ni que saliera perdedora en esa discusión por muy intrascendente que sea. No quería permitir que la otra señora que no conocía de nada ganara aquella partida, al menos en ese día especial del reencuentro.
    Cuando me levanté me preguntaron si fumo.
    “Fumaba” – respondí.
    Gracias a ese compromiso – un compromiso del que nunca hablé a mi madre- he dejado de fumar. Y no he vuelto a hacerlo.

  • eldeyar

    Buf, me encanta todo lo que dicen Pipa y Puri, empezando por el acabando: los fumadores siempre hemos sido gente sana. Como diría Santi Jauregizar, “librepensadores y de la idea socialista”, un poco bohemios, noctívagos, absentes y soñadores. Pero sobre todo me gusta esa idea: decidir no fumar no por la presión social, ni por la supuesta salud del no fumador (ay, si yo contara), sino por la libertad: es al intentar no fumar cuando se comprueba lo poco libre que es el gesto de fumar. Hoy mismo, una amiga que había decidido unirse, me ha confesado que no ha podido: pero ahora lo comprende mejor que nunca. Y si lo vuelve a intentar, no será por las prohibiciones, ni por la presión social: será por ser capaz, por ser libre, por ser ella misma.

    Y qué decir del relato de Elkadeh: pura poesía saharaui. Me recuerda a otro amigo beduíno con quien tuve la suerte de recorrer esos mismos caminos del sur, sin olvidar los nombres de dios. Fue tan generoso mi compañero, también poeta de los pequeños actos, que nunca me dejó solo en el acto de fumar, pese a que no le interesaba lo más mínimo hacerlo. Pero sabía que yo había recaído por no dejar solos a nuestros anfitriones en el desierto, y quiso ser simétrico. Lecciones de la badía, lecciones de la vida.

  • Claudia

    Conmovedor tu silencioso compromiso elkadeh!Adelante con él! Y tú con el tuyo Gonzalo, como todos aquéllos que deciden dejar de fumar por las razones que sientan ellos mismos.
    Porque sí: tiene que salir de dentro. Tenemos que estar profundamente convencidos de que esa decisión es la mejor para nosotros y para las personas que están cerca de nosotros. Tenemos que sentir apetencia de dejar de fumar; una apetencia mucho más poderosa que la de fumar.
    Yo he dejado de fumar hace siete años. Lo he hecho por amistad y por amor.
    En una comida entre amigas una de ellas, operada de cáncer, observó curiosa cómo yo encendía un cigarrillo después de comer y me preguntó si iba a fumar. Tanta angustia leí en sus ojos que, sabiendo yo lo mal que ella lo había pasado, le contesté: No, ya no. Acabo de dejarlo.
    Desde entonces no he vuelto a fumar como rutina instalada en mi vida. Pero sí que he compartido algún que otro pitillo en especiales circunstancias y por las mismas razones que lo dejé: por amistad y por amor; por el deseo de ser cómplice de hasta el aire que el otro respira aunque sea viciado.
    Por eso yo, aunque ya no fumo y tengo la firme voluntad de no volver a hacerlo, me permito de vez en cuando la licencia del placer prohibido.
    La última fue hace dos meses.
    Besos y ánimo!!

  • Susy Alvarado

    Salen cosas preciosas a medida que se van incrementando los comentarios, y todas conducen a grandes valores que para mí son primordiales: la libertad, el amor, el respeto por uno mismo y por los demás, la solidaridad…

    El comentario de Puri respecto a la mentira cuando te dicen que lo que más cuesta son las tres primeras semanas, luego que los tres primeros meses…hasta que comprendes que siempre será difícil, me ha recordado a mis primeras semanas como madre, cuando la niña lloraba por las noches poque tenía cólicos o vayan ustedes a saber qué, y me decían : eso es el primer mes, más adelante: lo más difícil son los tres primeros meses, y después: el primer año es lo más duro…Ahora que tiene 16 años he aprendido que cada edad tiene sus retos y que durante toda la vida ser madre supondrá un enorme sacrificio…pero, al igual que dejar el tabaco, la droga o cualquier decisión tomada con libertad, un sacrificio maravilloso porque nos pone a prueba y saca lo mejor de nosotros.

    Y es maravilloso pensar que Gonzalo puede ser aún mejor!!!
    Un beso a todos.
    Susy.

  • eldeyar

    Susy, gracias, me sonrojas, y me siento mal, porque no puedo ser mejor sin ser bueno antes. Esta noche ha muerto una buena persona, una buena mujer. Por cierto, no fue fumadora nunca, pero ha sido un cáncer de pulmón. No quiero, ni debo sacar conclusiones. No: lo recuerdo por el dolor de Palma y de Rayu, dos de sus mejores amigas. Me llega tanto dolor…

  • Susy Alvarado

    Por supuesto que eres bueno.
    Siénteme a tu lado en estos momentos tristes. La muerte de alguien cecano es siempre un desgarro doloroso. Lleva su tiempo aceptarla y empezar a sentir que esa persona continúa aquí, en cada una de las personas que compartieron algo con ella…
    Mi abrazo grande. Susy.

  • Alfredo Gómez Cerdá

    No he fumado en mi vida. Jamás aprendí a fumar, ni siquiera a los catorce años, cuando la pandilla de amigos comprábamos pitillos sueltos en un puesto callejero. Por eso, siempre he envidiado esos placeres de los que habláis los fumadores: un cigarrillo a media mañana, después de un café (en el aire mezclándose los humos y aromas del café y del tabaco); un paseo solitario, ensimismado, y el cigarrillo jugueteando entre los dedos; una lectura apasionante velada por una tenue cortina de humo; y, por supuesto, el cigarrillo de después de… Siempre he aspirado a esos placeres; pero, para mi desgracia, nunca conseguí aprender a fumar. Y otros (una legión ya) los tiran por la borda.

  • eldeyar

    Estupendo el pequeño artículo de Alfredo, precioso. Sí, amigo, no sabes cuánto voy a echar de menos esos placeres. Y si pudiera fumar así, ese cigarrillo después de un café, leyendo un buen libro o “después de”, lo haría, porque soy y seré fumador. El problema es toda la mierda que han metido dentro de los cigarrillos y que nos obliga a fumar más y más, y no por nuestra decisión, sino por la de un equipo de burócratas, chicos de Chicago y químicos: eran ellos los que abrían mi cajetilla, sacaban el cigarrillo y lo encendían. Dejé de fumar durante 18 años, y si volví, hace siete, fue porque creí que podría fumar esos cuatro o cinco diarios: no es posible: no te dejan. Por eso: porque quiero hacer lo que quiero, y no lo que me dejan, lo dejo.

  • Marce

    Hola gigante de ojos marinos.

    Me alegra inmensamente que hayas decidido alejar ese humo de tu boca, así tu sonrisa será aun más encantadora. Desde la distancia te envío un beso y un abrazo eterno.

  • eldeyar

    Presento a Marce: forma parte del nuevo Medellín, junto a Juan Pablo, Tatiana, Carlos, Viviana, Mayté, Mauricio, Vanesa, Jimena… Tantos y tantos talleristas, bibliotecarios, maestros, libreros. Gente joven de cuerpo y alma, que, por cierto, viven aún en medio de un humo peor, el de la contaminación, y luchan contra la contaminación de las ideas. Son parte de un movimiento tsunami que está barriendo la violencia y dejando la nueva playa llena de libros y bibliotecas.
    Gracias, Marce, tu sonrisa sí que resplandece: 😉

  • M’ he sentit identificada. Hace un mes y dos dias que he dejado de fumar. Mi decisión no ha sido por motivos de salud ( desde que lo dejé, tuve acidez de estòmago y de momento me cuesta mucho concentrarme ) mi decisión fué por necesidad de encontrarme. Quiero viajar al centro de mi, a mi interior. Soy fumadora de tabaco y marihuana desde hace unos treinta y cinco años,y creo que puedo aportar algo para los que quieran algun dia plantearse dejar de fumar…. se sufre mas pensando y razonando en la posibilidad de dejar de hacerlo que en el hecho en sí. Es mas doloroso el proceso hacia la decisión que el desarrollo de la misma. No se si he logrado expresarme. Enhorabuena al ser humano. Ah! la marihuana la dejé hace unos cinco meses.

  • eldeyar

    ¡Hola, Lluïsa! Me llevas… a ver, nueve días de ventaja. Y ya lo he superado, aunque en algunos momentos sufro una andanada del mono: pero cada vez más espaciadas. Tienes toda la razón: cuando lo haces parece mentira lo fácil que es, al lado del planteamiento de hacerlo: cuando no te decides dudas de ti mismo, cuando lo haces dudas tan sólo de la supuesta utilidad de hacerlo. Me sigo rebelando contra la prohibición, y cuando veo el cartelito me apetece romper con todo de nuevo. Pero aguanto, solamente por sentirme dueño de mí mismo, y en tu misma dirección, hacia el centro. Gracias por participar.

  • Chema

    No sé si debo felicitar a Gonzalo por haber dejado de fumar, porque sería tanto como reprochar a todos aquellos que siguen pegándole al pitillo el que no hayan tenido la fuerza de voluntad o el simple deseo de hacerlo. Por otra parte, creo que tampoco tiene tanto mérito. Dejar de fumar es muy sencillo: yo lo he conseguido al menos diez veces. O sea, que es tan fácil dejarlo como volver a engancharse al placer de esa calada que te ahuma el alma.
    En mi caso, el tabaco ya no me quita el sueño ni se lo quita a mi pareja (desde que no fumo dice que ronco menos). Lo que me preocupa es que apenas quedan cosas que me puedan prohibir. Ya casi han conseguido domesticarme.

  • eldeyar

    Ese es el problema, Chema: que la del tabaco ha sido una gran campaña para probar la capacidad de manipulación de la opinión pública: y lo han conseguido: cualquiera se ha saltado mil veces otras prohibiciones mucho más peligrosas, como hablar con el móvil conduciendo, pero nadie, repito que nadie, me ha ofrecido la posibilidad de fumar en un rincón cerrado y discreto de un colegio después de dos, tres horas de charla agotadora con los alumnos.
    Por todo eso, yo he sido y soy un resistente: me opongo a esa manipulación. Dejé de fumar en el año 81, cuando se podía fumar incluso en los aviones, y volví en el arranque de la campaña, un poco mosqueado. Ahora he dejado, pero no he olvidado. Como Chema.

  • Demonios, rayos y también, ¿por qué no?, centellas.

    Bien sabes que visito tu web asiduamente, aunque no me guste (risas) y sabes también que permanezco siempre en las sombras, cual enano buscando el destello de alguna joya en la oscuridad de las minas de Arlteroth, pero hasta aquí hemos llegado.

    Bien sabes que fumo y bien sabes que me alegro de que dejes de fumar, no por tus pulmones o por tu salud, alguna persona cercana a mi ha fallecido tempranamente por un vil cáncer de pulmón sin probar un solo cigarrillo, sino por la decisión en sí. Me gusta el hecho de conseguir algo porque se quiere.

    Quiero (y no quiero) dejar de fumar. No lo dejo porque no quiero, pero quiero dejarlo. Quiero dejarlo por mi salud, por salir del gueto en el que nos han metido a los fumadores, pero no quiero dejarlo porque el humo se enreda en las cuerdas de mi guitarra, porque si lo dejo no podría imitar al gran Sabina en los bolos que hago con mi primo, porque después de tres horas seguidas programando sin parar quiero disfrutar a solas del humo, bajo el sol o bajo la lluvia.

    Quizás deje de fumar, o tal vez siga fumando…

  • eldeyar

    Como dice Palma, Elmirth: los fumadores somos buena gente. Muy buena gente. Y si tuviera un cigarrillo a mano me lo fumaría ahora contigo, porque en esto de dejar de fumar hay que hacer un ejercicio de voluntad, sí, pero no una especie de sacerdocio. He conseguido no fumar por lo que dices, sigo siendo fumador por lo que dices. Quizás siga no fumando, o quizás deje (algún día seguro) de dejar.

  • BYRON

    HOLA GON. ALOS TIEMPOS,,LE FELICITO POR YA NO FUMAR,,DEJAR VICIOS ES MUY COMPLICADO,,A LOS MAS CUANDO YA SE CONVIERTE EN HABITO Y NECESIDAD PARA ESCRIBIR,Y BIEN POR LEVANTAR LA VOZ…,MA ALEGRA MUCHO,,DE MOMENTO UN ABRAZO,,CHAUU

  • BYRON

    AHHH,,OTRA COSA LOS FUMADORES SI SON BUENA GENTE,,,,

  • eldeyar

    Jaja, Byron: sí, estoy muy de acuerdo en eso último…

  • Rita

    Enhorabuena Gonzalo. Tal y como lo planteas haces posible que algo tan difícil, parezca fácil.

    Éste un buen momento para reforzar la promesa que le hice a uno de mis Maítos(11 años), enganchado terriblemente al tabaco y a lo que pille. Si lo conseguimos los dos, tú lo sabrás.
    Un beso Rita

  • eldeyar

    Gracias, Rita. Tu correo me compromete aún más, para tener cuidado con algún cigarrito que de veza en cuando me permito… Sería lo ideal, poder fumar ese que te apetece, como beber un calvados o un whisky sin convertirte en adicto. Pero es peligroso, muy peligroso.
    Estoy con tu maíto.

  • CLAUDIA

    GONZALO PUES HABER TE CUENTO, YO DEJE DE FUMAR POR LA RAZÓN MÁS LINDA DEL MUNDO…LLEVABA UN HIJO EN MI VIENTRE Y LE DIJE POR SIEMPRE ADIOS AL CIGARRO.
    …ESTOY CASI CONVENCIDA DE QUE UN LIBRO PARA VOS ES TODO UN PARTO…ME ENCANTA LA IDEA QUE DEJES DE FUMAR,PUES ASI EL MUNDO ENTERO DISFRUTARA Y AMARÁ POR MÁS TIEMPO A TUS ENTRAÑABLES HIJOS QUE TANTO AMAMOS.

    PD:AMO TANTO A TU HIJA LILI QUE LA TENGO SECUESTRADA EN MI BIBLIOTECA…Y ESTAN EN MEDELLIN, VUELVE ALGÚN DÍA POR ELLOS PARA FIRMAR TU PATERNIDAD

  • eldeyar

    Son muchas las razones que tengo para volver a Medellín. De momento estoy volviendo en forma de libro, ya lo verán. Pero volveré a vivir su pequeño, gran milagro. Ahora, Claudia y Lili son una nueva, buena razón.

  • elramon

    Diez dias sin fumar.Abro un buscador y escribo”Ya no fumo”. Entro aquí y encuentro el encuentro de buenos amigos, personas que no conocia antes y que poco conozco ahora más que usan la pluma con cariño y escriben bonitos pensamientos (libertat, amor,amistat….) en fin los pilares de la tierra que todos los hombres y mujeres buenos anelamos.
    Ei! Gonzalo y el olor? solo mirando el fondo de tu web puedo oler el desierto de Merzouga. Dice la leyenda que quando a los indios les quitamos el todo, entremedio nos llevamos el tabaco a lo que respondieron con una maldición. Como era de esperar solo lo hemos sabido usar para mal de muchos y beneficio de pocos.
    Ahora al despertar parece que me falta algo, pero solo me lo parece, a ellos no les parece, les falto yo, que si os parece bien me quedo aquí con vosotros.
    Hola a todos.

  • eldeyar

    Ostras, qué bueno… Medellín, Merzouga, qué pequeño hace al mundo este invento genial, qué apretados caminamos amigos distantes, pero nada distintos.
    Así: no fumemos en libertad apoyando los derechos de los que fuman en libertad, sin exclusiones ni intolerancias. Aprendamos unos de otros. Gracias, Ramón, por unir voces.

  • Paloma Alatorre

    Son las 2 de la mañana, aquí, en México. Desde el 15 de Marzo no fumo y desde hace 2 horas que tengo sueño. Paro cuando estaba a punto de irme a dormir, los descubrí a todos ustedes al buscar apoyo psicológico, ya que fumé desde siempre. En días anteriores lo busqué también, pero hoy fue diferente porque todos ustedes lo dicen mejor, casi como poetas, sin duda como escritores que son, o al menos, asiduos lectores de Eldeyar, quien quiera que sea. Disculpen mi ignorancia, no te conozco, Eldeyar, o mas bien, no te conocía.

  • Félix

    Hola a todos.
    Soy un fumador desde que tenía 14 años y el mes pasado cuando iba a cumplir 44 años decidí dejar de fumar.ya llevo casi mes y medio y la verdad me esta resultando un verdadero calvario,pero lo estoy consiguiendo.Mi mujer sigue fumando pero menos, así que mi esfuerzo es doble….esos momentos pegados a un cigarrillo……en el cafe, despues de las comidas, en las tertulias y en cualquier cosa que hiciese durante el dia iban ligadas a un cigarrillo……..y ahora me siento orgulloso de haber tomado esta decisión……..decisión que ha de tomar uno libremente,porque por mucho que te aconsejen de que es malo, y que deberias de quitarte…………hasta que tu no lo decides…..pues eso,cada dia que pasa me siento mucho mejor, respiro mejor, voy ganando capacidad pulmonar y soy capaz de caminar sin cansarme y de hacer cosas que antes con el deichoso tabaco no podia hacerlas,recomendaria a todo el mundo que fuma, que en la medida que pueda que lo vaya dejando,porque para que vamos a esperar que sea al reves? osea que sea el tabaco el que te deje a ti?bueno ya me entendeis,ya sé que no hay nada peor que un ex-fumador dando la caña, pero tambien me sirve a mi de estimulo para seguir sin fumar.Y bueno nada mas…….bueno solo una mas……….no voy a volver a fumar,jajaja. lo digo en serio y tampoco le voy a echar las culpas a Cristobal Colon por descubrir las Americas.Solamente de uno depende tomar la decision, yo he tardado 30 años.un abrazo para todos.

  • Felix

    Hola a todos de nuevo, soy el que ecribió el anterior comentario,hoy llevo aproximadamente ocho meses sin fumar,solo era por comentarlo de nuevo y para que lo sepan los que estan intentando de dejarlo……que sepan que pueden dejarlo………todo cuesta pero se puede, así que animo.Un abrazo para todos.

  • Felix

    Hola a todos de nuevo, soy el que escribió los dos anteriores comentarios,hoy llevo 628 dias sin fumar………solo decir que se puede dejar…que todo cuesta trabajo….igual que costó trabajo aprender a fumar!!!!las ganas de fumar un cigarrillo siempre están ahí, es como la mala conciencia….pero uno ha de ser mas fuerte y decir mo,no,no,no……duarante el 99 por ciento del dia ya ni me acuerdo y cuando lo hago,pues simplemente pienso que ha merecido la pena.Me siento muchiiiiisimo mejor…..hago deporte y se lo recomiendo a todo el mundo……dejen de fumar, elijan un dia y sean fieles a la idea, y sobre todo dejen los miedos a un lado(yo tambien tenia mis miedo),Un abrazo para todos y espero que la proxima vez que entre a esta pagina, encuentre el comentario de alguien que esta pensando en dejar de fumar.

  • Gloria Mora

    Por fin alguien que dice la verdad