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LA NOCHE DE EL RISÓN, presentada en Oviedo.

rison.jpgAyer presentamos el libro en el Foro de la Librería Cervantes. Por fin Antonio Ventura no pudo venir, por razones personales. Pero salimos ganando, porque, qué íbamos a decir nosotros, qué iba a decir él que es también padre de la criatura (los libros son pluriparentales): hizo por fin la presentación Rosa Piquín, que tanto entusiasmo había mostrado aquí en la web.
Y junto a ella, tal cantidad de amigos, algunos salidos del pasado, que fue un acto más de ternura y cariño que de sociedad y halagos mutuos.

En cuanto a la novela… Bueno, no puedo definirla muy bien. Está basada en una noche vivida hace casi 40 años, en el muelle de Castropol, aislado por culpa de la peor inundación sufrida en la Ría del Eo en el pasado siglo. Desde Ribadeo pude llegar hasta Castropol, donde me refugié en El Risón, apenas una taberna de puerto. Había en ella un gran número de marineros y pescadores, también a resguardo de la tormenta. Y durante toda la noche contaron historias de otras galernas, naufragios, ahogados… Y de ahí se llegó, ya de madrugada, y a la luz de un petromax, a las historias de fantasmas que pueblan ahora la novela.
Fue Tina Blanco la que, en una sobremesa, me dijo que ya estaba bien de contar “lo de la noche del Risón”, y que lo escribiera. Y es lo que hice.
La mayor parte del relato está escrito en el aeropuerto del Prat, en una huelga de pilotos: fueron un montón de horas, que me permitieeron recordar aquella noche lejana de los 60. Pero añadí también un suceso extraño e inquietante que viví hace menos, unos 20 años, en un caserón del occidente de Asturias: nunca he sentido tan de cerca lo que se podría llamar un fantasma. Algo viscoso y pegajoso, que se metió dentro de mí durante algunos minutos.
Esa suma, es La Noche del Risón. El libro es precioso como objeto, una delicia de edición, una joya de ilustración, y un texto sincero, un poco antañón, y hasta puede que “bonito”.
Cuelgo algún fragmento en el capítulo de “Lo último”, para los que quieran curiosear. Y a partir de ahora garantizo al menos un año de silencio: a escribir.
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