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PALABRAS POR LA LECTURA

Por fin sale a la calle la nueva entrega de “Palabras por…”, editado por la Dirección de Bibliotecas de Castilla-La Mancha, bajo la dirección, una vez más, de Javier Pérez Iglesias. El primero fue el magnífico Palabras por la Biblioteca, y hasta me produce una dulce tristeza recordar el capitulillo que le dediqué a una de las más tiernas y entregadas bibliotecas (más bien bibliotecarias) que he conocido. El libro estaba poblado de eso: recuerdos, experiencias, pero también de reflexiones, proyectos y lamentos. Ahora es pieza importante en un gran número de bibliotecas: como muñecas rusas.
Esta segunda entrega se ha querido ir aún más al centro: a la lectura en sí misma. Han sido 41 los autores, entre ellos Amos Oz, John Berger o Martín Garzo, bibliotecarios como Blanca Calvo, editores, ilustradores, narradores orales, profesores… Un lujo estar entre ellos, cerca de los amigos también presentes.
La presentación del libro tuvo lugar ayer, en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecillas de Madrid.palabras-por-la-lectura.pdf

En comentarios pego lo que escribí, un artículito que titulé así: “Sí.”
Es curioso, porque coincide en el tiempo con la edición de Tuva y de Soy un Caballo, y en el artículo hay muchas claves sobre todo lo que animó la escritura de ambos libros.

  • eldeyar

    Palabras por la Lectura.

    Leemos constantemente: en la música, en las estrellas, en unos ojos, en el cielo, en el pasado… Entonces, ¿para qué leer palabras? Para dignificarlas, porque las palabras, que son la cumbre de la comunicación, encierran también la posibilidad de la mentira.
    No sé cuándo me lo pregunté por primera vez, pero el enigma estaba ya en mi primer libro: por qué no es posible decir “sí” con las manos, cuando con ellas se pueden decir tantas cosas, empezando por su opuesto: “no”. Un problema sin solución escrita, al menos que yo conociera. Muchas veces pensamos que es la complejidad de la respuesta la que explica la dificultad para alcanzarla. Otras tantas veces nos solemos equivocar, y la verdad es mucho más sencilla de lo que creemos. Ahora, creo tener la respuesta: me la desveló un chamán en la cuna de todos los chamanes del mundo, el Asia central. Hablaba con él en busca de respuestas a otro misterio: por qué los pastores de esa zona del mundo cantan a sus caballos, incluso para domarlos: asombrosamente, los caballos se entregan a quien les canta en un complejo y armónico estilo que superpone tonos muy graves desde el fondo del pecho y otros de plata y aire que se destilan entre la lengua y los dientes. Me lo dijo, lo anoté, pero, y ese es otro de sus peligros, las palabras escritas velaban la sencillez de la verdad. Tuvieron que pasar tres años para que, al transcribir y tamizar aquella conversación, lo viera al fin: era tan simple que deslumbraba: el chamán no canta al caballo, es decir, no le habla, no le “escribe”. No, al contrario: el chamán “lee” al caballo: lo escucha, percibe su ritmo interior, su pensamiento lento, y la música que interpreta entonces es sólo un eco: cuando le canta le dice: te escucho, te estoy “leyendo”. Sólo entonces cayó el velo ante el primer enigma, la incapacidad de las manos para decir “sí”: mira al caballo, me seguía diciendo el chamán, acércate a él, pídele que trote, que galope, que te siga, pídele lo que quieras. ¿Hace acaso algún gesto para asentir? Pero si no quiere, te lo dirá de muchas maneras. Qué simple: la naturaleza es “sí”, el “no” es la primera invención del hombre. Por eso no inventó en los albores ningún gesto para decir “sí” con la mano, sólo con la cabeza, acercándola al corazón, a la esencia de su ser, a la naturaleza. Tal vez en algún tiempo remoto, también servía acercar la mano al corazón: los árabes conservan el gesto, pero sólo en el saludo, como mensaje de entrega: me tienes; sí. El “sí”, dicho, significado, ya no es puro, ya encierra la posibilidad de la mentira. Del Árbol de la Ciencia no pendían manzanas, pendían palabras. Y la primera, tal vez, fue precisamente esa: sí. La ausencia del sí en las manos es el último resto de la inocencia.
    A partir de ahí, todo han sido rodeos, y la palabra es el mayor, una creación paradójica: nacida para explicar la naturaleza, nos aleja de ella; nacida para revelar, se puede usar para mentir. El sí del caballo, la aceptación callada, es infalsificable, el sí dicho, o gesticulado, ya puede ser mentira. ¿Quién nos puede orientar, pues, en el bosque de las palabras escritas, en la librería, en la biblioteca? Tuve una perturbadora experiencia: una niña me escuchaba con otros, mientras hablábamos de un libro. Ella lo había leído-oído también, pero tenía un don: era ciega. Al acabar, se quedó a solas conmigo, y me pidió que le hablara de nuevo del libro, que le contara sus pasajes más intensos, aquellos que llevaban a los lectores de la dulzura de la poesía a la dureza de la muerte. Mientras hablaba, ella deslizaba dedos como mariposas por mi rostro, leía en él. Cuando llegamos al momento culminante, no lo pude evitar: ella mojaba las yemas de sus dedos-alas en mis lágrimas. Y también lloró, pero sonreía. En realidad, lo que hacía la pequeña es una metáfora de lo que todos los lectores podemos hacer cuando leemos un libro: precaverse, tratar de percibir con los dedos del corazón la sinceridad o la impostura del autor: cuando leemos nos abismamos en un pozo que nos es común a todos, bajamos a la raíz que convierte a todos los seres humanos en individuos de un bosque monorrizo, y en esa bajada hacia el fondo de la esencia humana podemos encontrar verdad o mentira. Precaución ante la mentira, sí, precisamente porque el libro sigue siendo el camino más eficaz para acercarse al corazón del hombre, y ningún avance técnico acaba con él. El más grande y potente superordenador recibió recientemente órdenes para imitar el pensamiento: el objetivo era emular la actividad de medio cerebro de un ratón. Pues bien: pudo hacerlo durante un segundo y… se apagó, extenuado. Combinar las funciones de los dos hemisferios es aún imposible. Un segundo, medio cerebro; de un ratón: ese es todo (y no es poco) el fruto de tanta tecnología. ¿Qué cifra exige la ecuación para llegar a emular el cerebro humano durante toda su existencia? ¿Cuántos chips hacen falta para habitar el alma de Gregorio Samsa? Pues bien, el libro, gramos de papel, decilitros de tinta, lo consigue sin más esfuerzo que el de escribir y leer. Esa es la explicación de la resistencia hercúlea del libro ante la electrónica: es vida. Un niño de siete años, Mario, me dijo hace poco que “los libros son caminos a la vida”. Sólo necesitó un libro y un poco de conversación para llegar a esa deslumbrante afirmación, que, por cierto, desmiente el origen de la palabra infancia: “que no puede hablar”. Otra niña, de nueve años, completó la idea de Mario con un auténtico descubrimiento para ella, maravillada: “¡Los libros son vida!”
    ¿Para qué leer palabras? Para poder hablar, sí, pero también para poder vivir, para buscar en ellas, para elegir, para hacerlas dignas de ese papel: el de camino a la vida. Tal vez, para devolver al Árbol de la Ciencia la palabra liberada de la mentira: Sí.

    Gonzalo Moure

  • Covi

    Impresionante el artículo, de verdad. Como bien dijeron Mario y la niña, el libro es vida; un camino a la vida, al origen de muchas cosas y al conocimiento del ser humano. El mejor ejemplo de ello: este artículo.
    Gracias, Gonzalo.
    Un abrazo.

  • eldeyar

    Pues si el de uno de los de la LIJ te parece bueno, imagina cómo serán los de Amos Oz, John Berger… 😉
    El libro se presenta hoy, y ya veremos cómo se hace posible que quienes quieran lo puedan adquirir. Yo tendré unos poquitos de cortesía, y aunque se agotarán pronto, ya hay uno adjudicado a Covi.

  • Precioso artículo, Gonzalo.
    Estos días que me fugo a Tuva todas las noches, cuando las luces de mi casa se apagan y en el libro de mi mesilla las letras cabalgan como caballos en la estepa, me doy poco a poco más cuenta del valor que posee la literatura. De lo que unos pequeños signos completamente arbitrarios y convencionales pueden llegar a hacernos sentir, imaginar, creer, soñar…

    Debe de ser un libro muy interesante, con tanta gente, sobre lo que de verdad saben: la literatura en sí misma.
    Un saludo!

  • eldeyar

    ¡Gracias, Nerea!
    Sí, te puedo asegurar que es un libro-nadre, lleno de ideas. En estos momentos, mientras te escribo aquí, se está presentandon en Madrid: buena gente, mucha ilusión.
    Nerea: ¿Puedes poner aquí el vínculo con tu blog? Soy muy torpe en estas cosas, y quiero que los demás te conozcan como yo te conocí: leyendo tus reflexiones.ç
    Por cierto, colgaré tu reflexión sobre el Niño del Pijama de Rayas, en un capítulo que quiero abrir al respecto. Y será polémico.

  • Claro:
    http://ladynere.blogspot.com/
    Estáis todos invitados a pasaros, cómo no, 😉

    Uhm, ese libro me ha dado mucho en lo que pensar. Ya llevaba un par de meses en mi lista de: “hayqueleerloscuandopueda”, pero como se lo recomendaron a mi hermana para clase (4ESO), se lo robé una noche. Por mí, encantada de que cuelgues la reflexión y seguiré comentándolo aquí en tu blog, del que ya soy asidua.
    Un saludo!

  • 🙂 Qué artículo, qué reflexión más acertada. Definitivamente, es un “sí” que invita a todos a sumergirse en la lectura y, por tanto, a vivir.

  • eldeyar

    Gracias a las dos. Y qué hermoso veros juntas aquí, en comentarios: tan parecidas, tan lejos, sin conoceros, y compartiendo tanto. Y yo feliz por hacer de eje.
    Eso, Ira: a vivir, a leer, a escribir: a escrivivir, sin olvidar la piel de las cosas y las personas.

  • eldeyar

    Javier, el editor, nos hace una magnífica crónica de la presentación:
    El miércoles 21 hicimos la presentación de “Palabras por la Lectura” en Madrid. La Biblioteca Histórica de la Complutense nos recibió como sabe hacerlo, con su bonito edificio y una anfitriona de lujo, Marta Torres, que presentó el acto y a los que nos sentábamos en la mesa. Marta hizo que nos sintiéramos como en casa y su sonrisa, sus palabras de cariño y sus sabrosos comentarios lograron que todos, incluido el público asistente, nos animáramos más a hablar (a mi no hace falta que me pinchen mucho, la verdad). Por cierto, casi llenamos el salón de actos. Todo un éxito para un miércoles por la tarde en la apretada agenda madrileña

    Yo fui el primero en intervenir para dar las gracias a todos los que me han acompañado en el camino hasta este libro: a la Junta que me hizo el encargo; a quienes me dieron ideas y me ayudaron a contactar con los participantes; a los traductores y, por supuesto, a los autores. Terminé mi intervención leyendo los nombres de todos los que habéis escrito en Palabras. Claro que, vuestros nombres fueron saliendo de las bocas de los otros participantes a lo largo de la velada.

    Disfrutamos con las ocurrencias de Vicente Ferrer (editor de Media Vaca)  que sabe decir cosas inteligentes, desconcertar amablemente y sacar sonrisas (y risas!) al auditorio. Mar García Lozano y Blanca Calvo hablaron de cómo habían enfocado su texto, de las ideas que habían utilizado y de las que desecharon al escribir sobre qué era para ellas la lectura.

    Blanca explicó como la lectura puede hacer realidad sus deseos de ser invisible, viajar en el tiempo y poder comunicarse con gente de todos los países, que hablan tantas lenguas distintas.

    Mar García Lozano nos hizo reflexionar sobre si todos los libros son buenos libros. Y contó algo precioso, que está en su texto del libro, esa cita de Brosdky que no puedo evitar reproducir:
    “Sólo diré que tengo la certeza de que, para alguien familiarizado con la obra de Dickens, matar en nombre de una idea resulta un poco más problemático que para quien no ha leído nunca a Dickens”

    Estuvo también presente José Lorenzo, Jefe de Servicio del Libro, Archivos y Bibliotecas de Castilla-La Mancha, que excuso la ausencia del Director General del Libro, Luis Martínez que se tuvo que quedar luchando por los presupuestos del año próximo para las bibliotecas. José Lorenzo manifestó el interés de la Consejería de Cultura por fomentar la lectura y potenciar el uso de las bibliotecas públicas.

    El último en intervenir fue Pepe Esteban, que habló sobre el libro con muchos elogios y nos deleitó con un discurso sobre las bondades de los libros y la lectura hilvanado con refranes. Pepe Esteban tiene un encanto especial y al escucharle se acerca uno a un montón de poetas con los que ha compartido amistad y versos.

    Y, como ya os he dicho, el público se animo a hablar se comentaron y discutieron muchas cosas: las relaciones entre cine y literatura, la necesidad de bibliotecas escolares, el papel de lo maestros en la creación del gusto por la lectura, nuevos refranes… Ah! Cada asistente pudo llevarse un libro. ¡Ya siento que vosotros sigáis esperando! Pero en el Servicio de Publicaciones de la Junta me han prometido que los libros salen ya en dirección a sus autores.

    El jueves 8 Juan Palomo hizo un comentario muy elogioso sobre “Palabras…” en su sección del Cultural del mundo. Os mando el enlace:
    http://www.elcultural.es/Hist_print.asp?c=21612

    También salió una nota (con imagen de la portada) en “On Madrid” (la guía del ocio de El País) anunciando la presentación, el viernes 16.

  • Buscando un poco de información sobre usted, he caído aquí. Realmente me impresionó la idea de que tenía blog, y que pudiéramos nosotros, lectores, dejarle comentarios. 🙂 Usualmente los escritores reconocidos no hacen estas cosas.
    Me llamo Patricia, tengo 17 años y soy de Uruguay.
    Estábamos hablando con un amigo, sobre los libros favoritos que teníamos, y yo le dije ‘Si tengo que elegir uno, sólo uno, me quedo con El Síndrome de Mozart’. Lo leí cuando tenía 13 años creo, y quedé bastante impactada, siendo que me sentí increíblemente reflejada en ese libro. Entonces mi amigo me preguntó: ‘bueno pero, ¿de quién es?’. ‘De Gonzalo Moure’ Contesté. Y ahí, inmediatamente se me dió por buscar nuevos trabajos de este señor :P, y llegué hasta aquí. Ahora mismo voy a ponerme a leer algo.
    Le deseo la mejor de las suertes, y espero encontrar cosas suyas en mi país, que no es muy fácil de conseguir lamentablemente.

  • eldeyar

    América es una rara incógnita para nosotros, Patricia. Sabemos de nuestros libros y sus caminos de lectores así, gracias a cartas como la tuya. Y es un gusto, pero también un poco frustrante. Por mi parte, quisiera ser parte de ese inmenso volcán en el que se está convirtiendo vuestro continente. Para mí, mucho más apasionante que nuestra vieja egoísta, esta Europa cerrada a todo, celosa y avariciosa. A veces pienso en irme a vivir allí, con vosotros, a crecer con vosotros. He estado en Argentina, Chile, Ecuador y Colombia: pero aún no sé nada. Gracias por escribir, porque ahora sé un poco más. Y gracias por lo que dices del Síndrome. Saber que está ahí, en tu corazón, tan lejano en kilómetros, pero tan cercano en afectos, es algo maravilloso.
    Gonzalo.

  • Paloma

    ¡uao! es increible. Muy reflexionado.