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MARIA PARRATO Y PALABRAS DE CARAMELO

img_4084.JPGUna sombra femenina recorre el escenario casi oscuro, en el que dos árboles desnudos son todo el decorado. Se mueve casi por el aire, envuelta en una mehlfa negra. Susurra: hay una historia, hay una historia… Luego se inclina sobre el suelo, y parece brotar de la tierra, o más bien de la arena, un taco de madera. Ella vuelve a hablar: un niño, un niño… Y el taco de madera, animado por sus manos, se transforma en niño, tan desnudo como al nacer.
Lo escribo, y no puedo evitar volver a sentir el arroyo cálido de la historia que María descubría ayer para los cien asistentes al estreno, en la sala Gurdulú de Leganés.
Me conmuevee que María Parrato haya sabido encontrar la verdadera clave de Palabras de Caramelo: hay una historia. Sí, las historias están en el suelo, en el aire, en la vida, en las personas, en la historia, en la alegría y en el sufrimiento. Escribí un día, en Smara, Palabras de Caramelo: pero sentí lo mismo: hay una historia, hay una historia… Un niño, un niño sordo… No nos pertenecen, son de todos.
El montaje de María Parrato de Palabras de Caramelo es un alarde estético, de una precisión líquida, dotado de alma y música, de arena y viento, de imaginación y descubrimiento.
Sé que no soy el más adecuado para hablar de ello, como se me ve la emoción cuando hablo del otro precioso montaje de Buratini. Un día María me llamó para pedirme permiso, le dije que Buratini ya lo representaba, y no dudó un segundo: quería compartirlo. La historia ya no es mía, ni de Buratini, ni de María Parrato: está ahí, es de todos. Pero lo hago desde la enajenación, o desde la requisa, porque lo que ayer vi fue la devolución al desierto de lo que un día tomé en los corrales de Samara y en la mirada fascinada de la niña sorda, Fatimetsu, a los labios en movimiento continuo del camellito.

Después del espectáculo, conmovido hasta la médula, hablaba con ella de ese milagro, y María decía que no somos más que intermediarios, que hay que meter la mano en la tierra y sentir la raíz que nos hace vivir a todos, y que en los millones de extremos de esa raíz están las historias, la música, la poesía, la pintura. Eso hace ella con esta historia, y nunca he sentido tanta felicidad por haber decidido un día ser un buscador de historias. están ahí, están ahí: un niño, un niño…img_4071.JPG

Palabras de Caramelo de María Parrato es un alarde. Poesías escritas en el aire sin palabras, con luces borrosas y sombras, tazas que son ancianas, teteras que son hombres serios, fluido constante y siseante de arena: té, agua, leche, sangre.
Y sus manos. Escribiré un libro basado en las manos de María Parrato, porque ayer también había una historia en esas manos: una, cien, mil.

Sin olvidar a Mauricio, director y regidor, ni a Kim, autor de la música. Kim y María viajaron a los campamentos para entender el alma saharaui, y la trajeron en un saquito, con latas laminadas por las ruedas de los camiones, palitos cincelados por el siroco y el tiempo: y telas, y suspiros, y risas. María, en escena, es toda la femineidad saharaui, toda la música de la memoria y la ternura. Gracias, en nombre de todos.

  • Ana Jesús

    Palabras de caramelo es una gran historia, y una historia ya de todos como tu dices Gonzalo, de todos los niños y niñas que lo leen y lo reelen y se emocionan cada vez.Te gustará saber que es uno de los más leídos en la biblioteca.
    Me gustaría mucho tener la oportunidad de disfrutar en el teatro.
    Ana

  • Bahia y Conchi

    Hemos corrido a visitar tu web para encontrar si había escrito algo sobre una noche tan emocionante como la de ayer. Es difícil explicar lo que sentimos anoche después de tus palabras tan bellas. El montaje de María y Mauricio hay que disfrutarlo con todos los sentidos, vista por esos logros visuales increíbles, oido (belleza la música de KIm, las voces de María y como canta “a lo saharaui” tan difícil pero tan bien conseguido), y gusto tacto y olfato porque olía a desierto y a lebjur, podíamos saborear la leche de la camella y la aridez de la arena de ese terrible desierto prestado. Gonzalo, gracias por el libro, por los libros, y por ser como eres. A María la queremos mucho y es parte de nuestra familia. Y a todos, ved, sentid, esa belleza de Palabras de Caramelo.

  • Mayte

    Ver el montaje de María y Mauricio no es sólo ver, es algo más parecido al tacto de la palma de la mano sobre la arena fina. Oír la voz de María y la música no es sólo oír, es algo más parecido a vibrar con una caricia. Latir con el movimiento de María, de Kori, de Caramelo y de las telas, no es sólo latir, es más parecido a un bombeo al ritmo del cuello del camello. Vivir las palabras en el teatro es acunarse por una bellísima historia.
    Captar esencias, comunicarlas dejando una huella que las hace únicas, respirar, sugerir, dejarse llevar…
    Me siento muy afortunada por haber sido testigo de tanta hermosura, de esas que te reconcilian con el mundo. Gracias.

  • Ricardo Gómez

    Fue un espectáculo encantador, sí. Las palabras daban forma a seres inanimados (o aparentemente) y las luces (¡qué rojos, qué azules, qué negros!) recordaban el contraste de los vestidos de las mujeres saharauis sobre la tierra ocre.
    La única lástima es que el espectáculo fuera tan fugaz. Mientras lo veía pensaba en personas que habrían disfrutado contemplándolo. Ojalá estas representaciones se multipliquen para que haya otros que puedan disfrutar de esa belleza.
    Mis felicitaciones, mi recuerdo emocionado…

  • eldeyar

    Por cierto: las fotografías son de Ricardo Gómez, tan sutil siempre captando instantes…

  • Viento

    Magníficas fotografías. Imposibles si el espectáculo no hubiera sido mágico. Ojalá se extienda esa magia y nos envuelva a todos en sus telas, sus colores, su filosofía ética y estética.

  • eldeyar

    Sí, porque la belleza de la versión de María Parrato de Palabras de Caramelo no oculta todo el inmenso drama del pueblo saharaui. Ni tampoco la filosofía ética que hincha las velas de cualquiera que se asoma una vez a los campamentos, donde tantas cosas son mucho más auténticas que en nuestro mundo.

  • P.

    No llores porque la vida se acabe,
    piensa que hemos vivido…
    Yo lo acepto,
    me voy con tu recuerdo
    a los pastos del cielo…
    Y mientras tú vivas,
    yo siempre estaré contigo.
    Tú aún no lo entiendes,
    pero cuando la noche te alcance,
    lo entenderás también,
    pequeño Kori, mi único amigo…
    (Palabras de caramelo)

    Hay una historia, sí. Una historia que mueve, conmueve y remueve. Y un pueblo que late a pesar de su drama.

  • eldeyar

    Hay que oir a María cantando este poema, P. Con cadencia saharaui, con alma de arena. Sólo al recordarlo me estresmezco.
    Jo, como dice Ricardo: a escribir, hay que escribir.
    Una pregunta: ¿por qué escribimos los que escribimos? ¿Somos exhibicionistas, o buscadores?
    Quien quiera responder, que responda.

  • Creo que cuando se escribe se es un buscador. Un buscador de palabras, que sean capaces de expresar las emociones que se sienten. Un exhibicionista, también. De la intimidad, de lo nosabido de una persona, que sin entender bien por qué se acaba de revelar todo lo que antes guardabamos en un cofre.
    Buscadores de alguien a quien poder transmitir todo lo que hemos sido capaces de sentir, de experimentar, de todo lo que hemos visto… y exhibicionistas pues queremos compartir todo aquello, propio, con los demas.

    Poneis voz, alma y sentimiento, muchisimas veces, a quienes no pueden.

    Buena pregunta. Dificil respuesta
    Besos

  • Bahia y Conchi

    Estamos de acuerdo en que se es ambas cosas, buscador y exhibicionista. Y alguien dijo “escribo para que me quieran”, también hay mucho de eso.

  • Bahia y Conchi

    Y otra cosa que no tiene que ver estrictamente con la maravillosa María y su arte. Ayer se clausuró un curso sobre el Sahara en la Universidad Autónoma de Madrid, que lleva varios años haciendo un trabajo extraordinario, acercando el tema saharaui a las universidades públicas madrileñas (que han creado una red de cooperación) y a los estudiantes. Intervenciones muy interesantes y ayer en especial con el mundo de la cultura. Con un título clarificador “El arte y la cuestión saharaui, desbordando la política“.

    Una de las intervenciones más interesantes fue la de Ricardo Gómez, quien aparte de explicar las actividades llevadas a cabo estos años (cartas al Cervantes y a Zapatero y apoyo a los escritores saharauis Generación de la Amistad) puso muchas cuestiones en la mente de los alumnos presentes, bastante atentos e interesados y por completo desconocedores del tema hasta que se apuntaron al curso. Nos recordaba al profesor que interpreta Robert Redford en “Leones por corderos”. Tal vez nuestras pequeñas acciones no lleguen a buen puerto, en cierta forma sean “fracasos” , pero desde luego que no podemos pensar que no sirvan para nada, y por eso no podemos dejar de hacerlas, no tenemos derecho a no actuar ante las injusticias, la mentira de los poderosos, la crueldad y la maldad de los amos del mundo.

  • Ana T.

    ¿Escribimos para comunicarnos?
    ¿Escribimos como terapia?
    ¿Escribimos para vernos más claro?
    ¿Escribimos para que nos quieran más?
    ¿Escribimos para escapar un rato, o para escondernos un rato, de la única vida que podremos vivir?
    ¿Escribimos para compartir(nos)?

  • eldeyar

    Es curioso, Ana T., pero si quitas las interrogaciones queda un sexálogo (jesús) del escritor honrado, el que admite que sí, también para que nos quieran más.

  • Ana T.

    Quitamos las interrogaciones, Gonzalo…

  • Ernesto

    “¿Por qué escribimos los que escribimos? ¿Somos exhibicionistas o buscadores?”
    La pregunta no está bien formulada. Se deduce de ella que habla de escritores que publican. Pero no todos los que publican son escritores, de la misma manera que hay muchísimos escritores que no publicarán ni una sola línea en su vida.
    Hablemos de los que publican: Hay, al menos, tres tipos. Los que buscan y se exhiben, los que solo buscan, y los que solo se exhiben.
    En los primeros se observa un cierto desdoblamiento. Cuando escriben, su genio creativo les invade y solo buscan, buscan de forma febril dentro y/o fuera de ellos ¿Qué? La vida en todas sus manifestaciones, las ideas dormidas, la belleza entre los despojos, la música, el silencio, el dolor, el amor…quién sabe qué se puede llegar a encontrar en esa búsqueda profunda. Pero cuando esta termina y ya es realidad, libro, historia construida, este escritor se transforma en exhibicionista. Quiere ser y estar, quiere que su fruto se asocie a él, quiere ser reconocido como padre de una hermosa criatura. Ha puesto su genio al servicio de los demás, y quiere saber como es acogido. Esta segunda fase, inconsciente o no, contamina a la primera. No hay pureza en la búsqueda, siempre está, en alguna parte escondido y pellizcando, el potencial lector.
    Los que solo buscan, escritores puros, son padres de sus ideas y padrastros de sus libros. Vomitan todo lo que corre por sus venas, sus descubrimientos, sus horrores, sus pasiones, sus anhelos…sin pensar en quién o por qué van a ser leídos. ¿Por qué publican entonces? Para ser la voz de muchos. Sus personajes se convierten así en los auténticos dueños de la obra, como si ellos mismos fueran sus autores, como si el escritor solo fuera un intermediario, un ser anónimo que cobra por ese trabajo. Son muy pocos y muy valientes. Su obra suele ser magnífica.
    Los exhibicionistas puros. Muchos y entre esos muchos, muchos muy listos. Buscan la complicidad mediática, entienden como nadie el sistema propagandístico y se les ve a la legua. Algunos escriben bien, aunque sus historias carezcan de valor. Otros, alimentan la fantasía de ser escritores, pero en realidad, son vividores, en el peor sentido de la palabra. No creo que, en rigor, haya muchos escritores en este grupo, son más bien contadores de historias, una variedad un poco refinada de los animadores culturales. Solo buscan un par de cosas: entretener, divertir, llenar tiempos vacíos. Y ser vistos, claro. Y es un hecho, en esta época en la que tanto se habla de “la cultura del ocio “(que hay que ver… el término se las trae ¿eh?) los libros “a la moda” se venden como rosquilletas en una feria, y sus autores son famosillos a la pimienta.
    ¿Y usted, señor Moure, con qué grupo se identifica?
    Ernesto.

  • eldeyar

    No me vale la primera, lo siento: no creo que nadie, nadie, escriba sólo para él: en el acto de escribir hay un esfuerzo, y al igual que un carpintero puede gozar haciendo un banco, también piensa que en él se tiene que sentar alguien, y por tanto piensa en él: el “lector de bancos”. Estoy leyendo “Diario de un mal año”, de Coetzee (por cierto, admirable), y en él vierte sus reflexiones: ¿para él? No, para el que lo lea, para el que se siente en ese banco. Pero lo trufa con una acción leve: la relación del escritor (él, sin duda, esta vez no es Elizabeth Costello) con una mujer hermosa, a la que contrata como mecanógrafa: como tal, le parece mala, como mujer le parece deseable: le dicta para que ella quede deslumbrada, con lo que ambas funciones de la escritura se funden: para buscar, para comunicar hallazgos, pero también para seducir, para ser querido. No todos los libros son ejemplos tan claros, es obvio, pero tomemos cualquier libro del que sabemos algo de su origen: La Isla del Tesoro: es un regalo de Stevenson a su sobrino, pero nunca regalamos sólo por el placer de dar, sino también para encontrar agradecimiento, cariño. Alicia: seducción (por cierto, magnífico capítulo de Coetzee sobre la pedofilia, en el que hubiera cabido una reflexión sobre Lewis y Alicia: la hace sobre Lolita).
    Ahora bien, una vez establecido que sí, que cuando escribimos (véase la miríada de blogs literarios, algunos excelentes, otros de una ingenuidad sonrojante: diarios con el cajón abierto: ¿qué adolescente de los que fuimos no sentía una extraña excitación pensando que alguien podía leer lo que escribía?, buscamos la lectura del o de otro, los caminos se bifurcan constantemente: el que no entiende la escritura más que así, como un camino de seducción, o una forma de ser admirado por gente anónima o querido por alguien concreto, escribe haciendo trampa: halagando. Halaga un best-seller, halaga lo fácil, halaga lo que el lector desea y espera. Hay otro camino: la duda. El escritor honrado, para mí, es el que aceptando lo que tiene de exhibicionismo su escritura, no busca halagar, sino mostrar su busca. Entonces se sumerge en el pozo de sí mismo, aunque sea de una manera inconsciente, y construye personajes y situaciones que de algún modo nos reflejan a todos. Estos días he asistido a un debate virtual sobre la copia, el plagio, la inutilidad teórica de escribir, ahora que “está todo escrito”. Qué absurdo “ahoracentrismo” (palabro que he acuñado y que me gusta mucho, por su aplicación a cualquier aspecto humano): también los griegos, en su ahora, debían de creer que ya todo estaba dicho o escrito: no, es poco a poco, entendiendo la escritura como un camino colectivo, avanzando un poco más. Podría basarme en Chandler o en Hammet para escribir una novela negra, puesto que a ambos los admiro, pero trataría de decir algo que ellos no hubieran dicho. Y ni siquiera eso: transitando caminos conocidos, casi sin proponérmelo, puedo encontrar atajos, fuentes nuevas que nadie había descubierto antes.
    Lo importante, para mí, es no creerse nada de uno mismo: estar dispuesto a sorprenderse. Estoy embarcado con un grupo en un proyecto para escribir un libro sobre los diferentes métodos de escritura, y me doy cuenta de que no importa mucho trabajar con esquema o sin él: lo importante es que en un punto del camino haya incertidumbre, busca, iluminación súbita de un desvío nuevo. Lo que detesto es a los que ahora mismo dicen: ¿qué elementos circundantes de Harry Potter o el Misterio del Cáliz, el sudario o la orden secreta puedo cambiar para que parezca distinto lo que voy a escribir? Pero vuelve a escribir el mismo libro, buscando no en el libro, sino en el bolsillo, o en la admiración, de los lectores.
    Esa es la diferencia. Y no es fácil. Cuando escribimos “oímos voces”: la del editor que puede decir que es demasiado valiente o arriesgado, la del lector que se puede aburrir, la del que se puede perder. Y hay que hacer como Ulises, taparse los oídos para que no nos lleguen los cantos de sirena: paradójicamente, aceptar que escribimos para que nos quieran, pero no escribir lo que ellos quieren.
    El “sexálogo” de Ana es bueno, es un resumen cabal, pero lo reordenaría, aceptando la parte exhibicionista para afirmarse en el resto. Entre otras cosas, porque si no traicionándonos en el resto, el cariño conseguido será más sincero, más duradero.
    Y la última: así me defino, así me encuadro: escribo para que me quieran, lo acepto, pero por lo que soy, no por estar, ni por parecer: por ser.

  • jupiter

    En primer lugar pienso, que efectivamente escribes o escriben para que te quieran. El Ego de los escritores es en general altísimo. Hay un abismo entre lo que escriben y lo que son. Conozco a varios y la decepción es enorme, es difícil que escriban, piensen y actuen de acuerdo con lo que expresan en sus escritos. Por experiencia digo que si tu gusta un libro, no conozcas al escritor seguro que te defraudará.
    Jupiter

  • calma

    Que simpatico resulta ver como se aplican las generalidades al mundo profesional o laboral: ser feliz, exhibirse, comunicarse…
    Es todo mucho mas sencillo, porque lo anterior se debe aplicar a las personas. La persona exhibicionista lo sera escribiendo, si escribe, o haciendo bancos, si es que prefiere hacerlos a deshacerlos.
    Solo hay dos tipos de ecritores (si hablamos de profesion) el vocacional y el que no lo es.
    El segundo no me interesa y no perdere el tiempo en hablar de el. En cuanto al primero, el contador de historias, tiene una necesidad interna e inevitable de expresarse y contar a traves de las palabras escritas, que logre ser leido como que lo haga bien o mal ya es otro asunto mas cercano de nuevo a las generalidades, sobre todo en lo referente a hacerlo mal.

  • Ana T.

    Escribimos para que nos quieran por lo que somos, mostramos cómo somos (por dentro) en lo que escribimos. No hay fingimiento en esta “exhibición”, no hay afán de querer parecer otro. Si la persona es sincera consigo misma, si escribe también será sincera. Que el ego de los escritores es alt(“ísim”)o me parece a mí que es una leyenda urbana de las más legendarias. Digo yo que habrá que tomarlos de uno en uno y, de bien cerca, observarlos mejor, no solo por encima o con el rabillo del ojo (ni tampoco fiarse de lo que te ha contado uno/a que conoce a alguien que una vez pasó al lado de un/a escritor/a y, madre mía, se desilusionó al comprobar que era de carne y hueso). Habrá de todo, como en botica, pero estadísticas fiables en cuanto a diferencias abismales entre lo profesional y lo personal, no creo.
    Querer que te quieran no es egoísmo, sino el único sentido que tiene (para mí) la vida.

  • elkadeh

    Hace un par de años una compañera de trabajo me comentó que estaba leyendo LO ES de Frank McCarthy, me comentó que le había encantado el libro y que nunca había llorado tanto en su vida como aquellos días en los que estaba leyendo la novela.
    “Lo admiro, lo admiro mucho, por esa lección de vida que me da, por enfrentarse a tantas adversidades como inmigrante irlandés en Nueva York.Él es un héroe.Es mi héroe”, me dijo.
    Después de escucharla pensé que quiero escribir aunque sólo sea para ver ese resplandor que vi en el rostro de esa muchacha.
    Elkadeh.

  • Hola Gonzalo!!! Que tal va todo? Como sabes yo ando por madrid dandolo todo en odontologia.Felicidades por la pagina que esta muy currada. A ver si nos vemos estas navidades y hablamos un ratillo.Desde lo alto de las dunas: Pablo

    Nota: a quienes hayan leído “Los Gigantes de la Luna”: este es el genuino Caracol Mutante, el Pablo en el que se inspiró el personaje de la novela.

  • Claudia

    Yo, Gonzalo, no sé por qué escribís los que escribís. Tendría que estar en vuestra piel y no lo estoy porque yo no soy escritora. Ni mucho menos exhibicionista. Aunque sí, fui también una adolescente que escribía un diario pero no, ves?, no tengo madera de escritora porque “no sentía una extraña excitación pensando que alguien podía leer lo que escribía”, más exacto en mi caso sería decir que sentí un auténtico pavor al darme cuenta de que mi hermano menor leía lo que escribía y podía chivarse (de hecho lo hacía) a mi padre…
    No. No soy escritora. Sí una lectora de vocación. Y, como tal, soy una sempiterna agradecida al valiente gremio “escritoril”, tengan las razones que tengan para regalarnos su escrivivida real o imaginada, pero posible.
    No me gusta la literatura artificial. Detesto a los escritores sin misterio, a los charlatanes. Amo a aquellos que sudan lo suyo para ofrecernos literatura viva: la que corresponde a la vida del autor, hecha con vivencias propias o ajenas.
    Pero si tengo que responder yo, como eterna buscadora de mí misma en el otro diría que sí, me atrevería a decir que el escritor es un buscador: busca un interlocutor, busca encontrar una pasarela entre él mismo y los demás.
    Creo que aquí está la clave. Es más: creo que la escritura es un sucedáneo de la conversación. A mí me gustan los escritores que escriben con el lenguaje de la conversación. Creo que si hubiera más tiempo y lugar para conversar, quizá proliferarían menos escritores…
    Por qué escribir? Por qué leer? Por qué amar?… Porque dilata el tiempo de vivir… La escritura, como la lectura y, al igual que el amor, no deja de ser una manera de ser. Basta una condición para su absoluta reconciliación: no pedir nada a cambio.

  • eldeyar

    Prefiero que esto siga así, desde luego, con opiniones libres, y sin tener que intervenir salvo para moderar.
    Pero quiero dejar también mi opinión sobre lo que comenta Jupiter: hombre, seguro seguro, supongo que no. Yo conozco a bastantes escritores, y los hay que para mí son insportable, y otros son maravillosas y encantadoras personas: y mediopensionistas, entre los que me encuadraría, sin duda.

  • Ricardo Gómez

    Esto se pone interesante, porque habla sobre literatura y sobre las motivaciones a la hora de escribir. Lo primero, a Júpiter. Lo siento (amigo o amiga); eso pasa por conceder a la palabra “escritor” más valor que a la palabra “pastelero”. Entre estas profesiones hay de todo, personas encantadoras y otras a quienes no confiarías ni a tu perro. Lo entendieron bien los antiguos griegos, así que no es nuevo: entre los “dioses” había bastantes desalmados.
    Dicho esto, replico a Gonzalo. Creo que sí hay gente que escribe para sí, y no para que le publiquen, y no digo que me encuentre en esta categoría. Para mí, pocos tan admirables como Kafka, que escribió, y escribió, y escribió, sus diarios, sin ningún afán publicatorio. Es un escritor que me encanta y solo su editor Max Brod salvó sus libros de la quema que él deseaba. No contaba con la infidelidad de su amigo, pero seguro ¡mucho menos! con que se publicaran sus diarios, que son de lo mejor que escribió.
    Por lo demás, creo que las generalizaciones son siempre peligrosas (y esta es una generalización). Los escritores escriben por muchos motivos, y todos son válidos o, por lo menos, valorables… si la escritura es buena. Creo que hay que diferenciar al escritor de lo que escribe, aunque en el mundo en que vivimos resulte más que difícil. No hay nadie que pueda valorar ni la intención del escritor ni la sinceridad a la hora de confesarse por qué escribe, porque incluso admitiendo que sea sincero puede ser que esté equivocado y no sepa ver lo que de verdad le mueve.
    Cuando leo una novela no quiero saber por qué se escribió, sino si añade algo a mi idea del mundo, algo que no he descubierto por mí mismo y que no podría hacer sin ayuda. Esto no tiene que ver con “conocer” (para eso estarían las enciclopedias y otros libros) sino con “asomarse” a un mundo que no es el propio, o que sí lo es pero que está iluminado con una luz distinta.
    Y por último, a Ernesto: Es verdad que cuando uno publica exhibe, y se arriesga, y se muestra, pero eso no quiere decir que se convierta en exhibicionista. Quizá los demás traten de convertirlo en eso, pero ahí están McCarthy y otros que han huído del mundanal ruido… para escribir. Que es lo que tiene que hacer un escritor.

  • Claudia

    Mediopensionista Gonzalo? Jajaja. Que no falte el humor, señor. Gracias, también, por ello.
    Sí. Eres un dador, no hay duda. En ese mismo acto de dar también recibes, claro: alegría, afecto, placer, respeto, valoración, críticas. Yo, no sólo me declaro agradecida y enriquecida por tu obra, sino por tu humanidad, porque no pones barreras entre tú y tus lectores. Al contrario: respondes, te muestras en público, das la cara, te dejas ver. Este hecho en sí mismo no es malo. A mí me parece valiente, arriesgado y, sobre todo, una muestra más de tu capacidad de entrega.
    “Hay una misión o mandato que quiero que cumplan. Es una misión que nadie les ha encomendado, pero yo espero que ustedes como maestros, como educadores, se la impongan a sí mismos: despierten a sus alumnos el dolor, el grato dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad…” Escuchamos esta frase en la recomendable película Lugares comunes. Y a mí me parece muy interesante porque ese despertar al dolor supone abandonar algunos lugares confortables por la, a veces, incómoda rebeldía del buscador. La que observo en ti y en la de todo aquel que acepta que todos somos, en mayor o menor medida ignorantes y, por ello, se ayudan y ayudan a otros en su viaje rumbo al aprendizaje de vida.

  • calma

    Apenas nacen… y si lo hacen, vuelven su mirada hacia un horizonte mas real. Realidad que huele a plastico y a bolsillo…
    ¿Donde queda la palbra arinosa, la caricia perdida, la mirada lejana?
    Pies calientes de desierto, brochazos ocre de pasado.
    ¿Donde esta la esperanza? ¿quien juega con los destinos? ¿Y por que el hombre se empeña en dejar de ser?
    No era Nostradamus, era Miguel Hernandez: “Me voy… desierto y sin arena… adios amor… a Dios hasta la muerte” (Pongalo el Polisario en su bandera)

  • Carlos

    Ayer disfrutamos de la obra en el Auditorio Museo Picasso en Málaga. Muy bonito y emotivo. Gracias por ello a Maria

  • QUE PENA NO PODER DISFRUTAR YO Y MIS HIJOS DE SUS TALENTOSOS TRABAJOS, ACA ESTAMOS MUY LEJOS DE RESIVIR ALGO PARECIDO A LO QUE UDS HACEN, VIVIMOS EN UN PUEBLO PEQUEÑO DE CHILE….BUENO HE TENIDO QUE CONFORMARME CON LEER LIBROS QUE A MIS HIJOS LES PIDEN EN EL COLEGIO….. COMO PALABRAS DE CARAMELOS ENTRE OTROS. LOS FELICITO MUCHISIMO.