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“HOUSTON, TENEMOS UN PROBLEMA”. El camino de la videoconferencia.

Ayer, 11 de junio, viví una experiencia memorable con cuatro colegios públicos de los cuatro puntos cardinales: Vilanova i la Geltrú, Azuqueca de Henares, Leganés y A Coruña. Un grupo de colegios cuyos responsables se conocieron en unas jornadas de la Fundación G.S.R. y decidieron explorar nuevos caminos educativos, aprovechando las nuevas teconologías.

Tuve la suerte de ser invitado a compartir con todos sus alumnos, que habían leído Palabras de Caramelo, una mañana de videoconferencia conjunta. Ya había hecho algunas previamente, y junto a Ricardo Gómez preconizamos este tipo de visita a los colegios, mucho más práctica y no menos interesante que las visitas presenciales. Pero esta era la primera a cinco bandas, y eso la hacía mucho más excitante.

Pagamos el peaje de todo pionero, claro, y como ironizo en el título, tuvimos más de un problema. Y es que, en efecto, el ancho de banda es todavía de camino medieval, mientras que todo lo que queríamos hacer era más bien de Una Odisea del Espacio. O del ciberespacio. Sufrió más que nadie el colegio de Leganés, que tuvo que desconectar para que la nave no se perdiera en el ciberespacio. Pero haremos nuestra propia navegación, si ellos quieren.

Quisiera escribir aquí una carta a todos los participantes. Porque juntos innovamos, porque juntos exploramos nuevos terrenos. Y al mismo tiempo hicimos algo tan simple, tan de siempre, como juntarnos alrededor de un fuego a contarnos historias. Un fuego de silicio y bits, en lugar de leños y astillas, pero un fuego al fin. Y fue precioso. Creo que nuestra experiencia de ayer entró de lleno en una nueva época que tenemos que ser capaces de inaugurar: la era del ahorro y de la solidaridad. No podemos socorrer, tenemos que aprender a compartir. Nuestro viaje de ayer fue como ir en bicicleta en lugar de ir en coche. No gastamos un litro de gasolina, no pasamos una sola noche en un hotel. Pero hicimos nuestra reunión, y avanzamos en nuestros caminos cerca de la literatura. Nosotros, escritores y profesores, pertenecemos a unas generaciones privilegiadas: desde que nacimos no hicimos otra cosa que mejorar, vimos cómo nuestras casas se llenaban de comodidades, cómo aumentaba el tiempo libre y la cifra de nuestras ganancias por el trabajo. Vosotros formáis parte de una generación que ya está viviendo un fenómeno nuevo: mejora la tecnología, pero se reduce el tiempo libre (Europa quiere 65 horas semanales, preparáos), se reducen los salarios (se ha incorporado al trabajo la primera generación de jóvenes que ganan menos que sus padres a su edad), y aumenta la inseguridad de todo tipo. Eso es, pues, lo que hicimos ayer: aprender a optimizar, a no consumir por consumir. No hay filósofos ni pensadores que nos digan cómo tendremos que afrontar la crisis en la que ya estamos, de modo que tendréis que ser vosotros mismos los que vayáis aprendiendo: como ayer, a base de errores y aciertos.

Y Kori, claro, y su amigo Caramelo. Me alegro de que eligiérais este libro, porque nos permitió hablar de lo mismo que decía antes: es posible ser feliz a pesar de tener poco, se puede ser inmensamente feliz teniendo inmensamente poco, viviendo en una situación de injusticia y necesidad. El ser humano no necesita tanto. No hay posibilidad alguna de que africanos y asiáticos se vuelvan tan locos por el consumo como nosotros. Con nuestras limosnas no podrían tener y comer tanto como nosotros, nunca. Luego tendremos que curarnos de esa locura.

Si hay algo que me gusta de mi propio libro es cómo surge la poesía del desierto más duro de África: la poesía, la música, la sonrisa, la lucha, todo eso no os lo podrá quitar nadie. Y me preguntásteis cómo ayudar, y os dije lo que ahora os repito: no dando limosna, como los chicos y chicas del San Narciso de Marín: privándose de un paquete de pipas para que los chicos y chicas saharauis lean: compartiendo, no haciendo caridad.

Mejor que alguien lea diez páginas gracias a ti que comerte un paquete de ganchitos. Mejor ir a ver a un amigo que llamarle por el móvil, mejor ir en bicicleta que ir en coche. Mejor charlar con ese amigo que pelearte por el turno de la videoconsola. Mejor contemplar la luna que aburrirte frente a la pantalla. Mejor bañarte en el río o en el mar que llenar la bañera. Mejor ser un buen amigo que tener un gran coche. Mejor enamorarse que tener un gran chalet. Mejor sentir que envidiar lo que otros sienten.

Como yo os siento ya, pese a la distancia, pese a que nuestra conexión fuera más difícil que la de las naves espaciales: amigos, alguien con compartir los sueños, la vida.

Gracias a vosotros, gracias a vuestros profesores. Sigamos.

  • teo calcerrada

    Estimado Sr. Moure,
    Primero enhorabuena por tan hermoso artículo. Tan solo un pequeño detalle. Este grupo de personas no se conocieron en la G.S.R. de Salamanca. La componente del colegio de Leganés, Mª Teresa Gutiérrez, y la de Vilanova i la Geltrú (no recuerdo su nombre, perdón)se dieron cita en unas jornadas organizadas por el M.E.C. en Madrid. Concretamente organizaba la subdirección general para relaciones con las Cominidades Autónomas. Así es cómo esta apasionante aventura inter comunidades comenzó.
    Le envio un muy afectuoso saludo
    Teo

  • eldeyar

    ¡Pido disculpas! Hablar de memoria es peligroso, escribir de memoria, fatal. En fin, lo bueno es que os conocísteis… y que os he conocido.

  • Rosa

    Fue realmente bonito reencontrarnos, con algunos ya viejos conocidos José Manuel y Teresa de A Coruña, Teresa y Julia de Leganés, Antonio y Ana (que no estaba por su reciente maternidad pero como si estuviera), nosotros en Vilanova, Josep Ramon, Dolors y Rosa. Todos rodeados de nuestros compañeros que ha creído en nuestro proyecto y se ha implicado a fondo y en el que ya llevamos dos cursos trabajando.
    Pero el reencuentro iba acompañado del encuentro con Gonzalo Moure.

    Nos habíamos puesto de acuerdo en leer todos/as un mismo libro, Palabras de Caramelo, para acabar con una visita de autor a cada uno de nuestros centros. Pero esta tenía que ser muy especial, todos al mismo tiempo y Gonzalo desde su casa. Queríamos saber si a los demás niños también les había caído la lagrimilla como a nosotros, queríamos saber quién estaba detrás de éste Kori tan enternecedor, queríamos saber más de la historia, más del pueblo saharaui, más de Gonzalo y más de todo. El libro nos había conmovido a niños/as y maestras/os.

    Fue difícil, la tecnología aún nos domina más que nosotros a ella, y pasamos nervios y dificultades, a pesar de haber hecho pruebas y más pruebas, desde la escuela, desde casa y a todas horas, y muy a pesar nuestro Ceip José Mª de Pereda de Leganés tuvo que dejarnos. Pero al fin estábamos alrededor de nuestra mesa camilla haciendo nuestra tertulia literaria.

    ¡Qué bueno! ¡Qué entrañable! A pesar de que entre nosotros había 1000 Km. de distancia, allí estábamos hablando de sentimientos, de felicidad, de tener o no tener y sintiendo el calor humano de muchos niños y niñas, de sus maestros y maestras y de Gonzalo.

    Muchas gracias a todos por estar.
    Me gustaría animaros a todos a romper las barreras de la distancia y poneros nuevos retos tecnológicos, que cuestan pero valen mucho la pena.
    Un abrazo,
    Rosa

  • Rosa

    En la video conferencia nos hablaste del libro “El cazador de estrellas” de Ricardo Gómez. Lo acabo de terminar de leer. ¡Precioso! Ahora creo en lo que dicen que el Sahara te llega al alma o que te toca al corazón.
    Para quien no lo conozca se lo recomiendo encarecidamente, es una novela juvenil, sutil, llena de verdades, donde el esfuerzo y las ganas todo lo pueden.
    Rosa

  • eldeyar

    Sabía que te (os) gustaría, porque es un libro que debería servir para ilustrar el artículo sobre el compromiso. En su día fue repudiado por cierto crítico que lo ponía como ejemplo de ese supuesto “compromiso comercial”, como libro “no vivido”. Vi con mis ojos, y con mi corazón, cómo nacía El Cazador; conocí cómo él a un Bashir, a Jamida, a un anciano que salmodiaba en su jaima. Y la otra mitad de esa bellísima historia nace lo más personal de Ricardo. Por eso, cuando leí aquella crítica, tan gratuita como cruel, sentí rabia. No más, porque como dice Alfredo, las críticas importan poco, y más cuando vienen de donde vienen y hacia donde van. No le daría más importancia que esa si no intuyera que detrás hay una verdadera campaña para privar a los lectores de libros que acercan a la vida, a la real, a la que hace gozar y hace dolor.
    Lo que queda es la belleza y la verdad. Como la que queda en los ojos y el corazón después de leer El Cazador de estrellas.

  • José Manuel

    Gracias Gonzalo por contar con esa magia que caracteriza tus palabras, la maravillosa experiencia de nuestro abrazo virtual. Al igual que Rosa, opino que si los corazones quieren, no existen barreras que no se puedan derribar con el esfuerzo y la ilusión de todos nosotros. Un día iniciamos un camino juntos y ahora estamos recibiendo los frutos del trabajo en común.