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LELIA

Hace ya algunos años me escribió Lelia desde Bariloche, en la lejana Patagonia. Había leído un libro firmado por mí, ya no recuerdo bien cuál, y quería compartir conmigo lo que había sentido. Poco a poco fuimos conociéndonos. Lelia trabajaba en los barrios más populares de Bariloche enseñando a los niños. Y tenía un precioso programa de radio en el que contaba cuentos, llevados por los incesantes vientos patagónicos desde San Carlos hasta Neuquén. La nuestra fue una amistad de las que pesan en la vida, de las que marcan. No nos vimos nunca, porque estábamos lejos, pero si la enfermedad no nos lo hubiera impedido teníamos previsto que fuera mi guía por la Patagonia, en un avioncito casi familiar, yendo de rancho en rancho, de escuela en escuela, de descubrimiento en descubrimiento. Nuestros caminos estuvieron a punto de cruzarse dos o tres veces: en Buenos Aires, en Ecuador, en las Ferias del Libro a las que le gustaba acudir como experta. No lo conseguimos. Desde hace un duro y largo tiempo ella ha luchado como sólo saben luchar los que confían en el hombre, los que tienen en su frente las verdades del pueblo. Me acuerdo del gozo con el que hablaba Lelia de “Diarios de motocicleta”, de tantos libros compartidos. Me gustaba hacer un paquete, poner Lelia Martínez, y después Güemes…, y saber que una semana después tendría un mail en la bandeja con un enorme “¡¡Llegó!!”. 

Hace cinco días, al volver de Costa Rica, le puse un mail: cómo está mi princesa patagónica. Ojalá que lo leyera, pero me temo que no. Hoy me han escrito sus hijos Hernán y Martín para decirme que Lelia falleció el día siguiente, un día de doble luto para mí, para la Patagonia y sus escuelas de hombres y mujeres del futuro. Por suerte, su voz está grabada, y se seguirá escuchando en las ondas. Yo la escuché también una vez, en un CD que ahora no encuentro, claro. Da igual, ya suena por las estrellas, hacia las que salgo ahora mismo, para darle un beso de enamorado. Lelia, ya te extraño. Cúidanos mucho.

  • Viento

    No es la muerte lo que nos separa sino el olvido.
    Lelia nunca se irá, su honradez, su sinceridad y sus lecciones de vida serán siempre un referente en las nuestras.
    Dondequiera que esté, sabrá que ha dejado un recuerdo inolvidable.

  • eldeyar

    Es verdad, aún se pueden encontrar comentarios suyos en esta web, en un tema o en otro, siempre con su desnuda sinceridad por delante. Fue valiente, será valiente siempre en nuestra memoria. Gracias, Viento.

  • Elsa M.

    Conocí a Lelia en Quito, hace un par de años. Cada semana recorro los blogs de escritores de acá y de España, buscando novedades, libros que leer, noticias… No esperaba encontrar en el suyo una noticia tan triste. No sospechaba siquiera que aquella mujer tan fuerte y tan buena, tan entregada a los niños y a los cuentos, pudiera estar enferma. Su fallecimiento es una noticia terrible, y quiero lanzar desde acá un mensaje a sus oyentes del sur de Argentina, diciéndoles que Lelia vivirá mientras se escuche su voz en las ondas y mientras haya gente que la tenga en su memoria. No se pueden imaginar el cariño con el que hablaba de su trabajo, del trabajo de todos los que creemos en la infancia y en los libros como vehículo para construir al hombre nuevo.
    Gonzalo, Lelia hablaba de usted muchas cosas, todas buenas. No lo conocía, busqué en Quito sus libros y leí Lili, Libertad. Gracias por una historia tan linda, tan intensa, tan heroica. Justo como recordaré siempre a Lelia.
    Elsa María.

  • Minor

    Se ve el cosmos en los ojos de esa mujer, se siente viva esa fuerza que describen quienes la conocieron. Mientras leìa las palabras de Gonzalo, he sentido a Lelia conmigo, acà en Costa Rica. Qué es eso que nos une más allá de este cuerpo?. Qué acorta tanto las distancias hasta volverlas enexistentes?
    Gracias Gonzalo, Gracias Lelia. Fuego grato emana en mi corazòn al decir tu nombre.

  • eldeyar

    Me envía Zandra desde la otra orilla un mensaje. No nos conocíamos de nada, pero ella compartía amistad con Lelia, compartíamos más bien la amistad de Lelia, y navegando encontró esta nota.
    Su mensaje es poesía. Aquí queda, lleno de esperanza y memoria.

    A la orilla

    He seguido tus pasos
    hasta esa orilla,
    donde no existen lazos
    y el sol no brilla.

    Donde canta el silencio
    ecos de antaño
    y enmudece el murmullo
    de tantos años.

    Hay abrazo de encuentro
    y de despedida,
    al vaivén que nos mece
    siempre la vida.

    Y mi lágrima rota
    surca tu frente,
    pues tu llama se agota,
    pálidamente.

    Lo poquito que queda
    junto a esta orilla,
    es la flor de mi beso
    en tu mejilla.

    Y al compás de mi llanto,
    se van tus huellas,
    mientras huyes al cielo
    con las estrellas.

    ©Zandra Montañez Carreño

  • Ana

    Me ha conmovido mucho leer esta historia a pesar de no conocer a Leila. Lo siento por ella, por usted, Gonzalo, por eso niños que tuvieron contacto con ella.

  • eldeyar

    Gracias, Ana. Te aseguro que la voz de Lelia seguirá sonando en los transistores patagónicos, y mucho más en los corazones de los niños. Cuando sean hombres y mujeres recordarán que en medio del viento y el frío escuchaban contar historias a una mujer generosa, tan fuerte como tierna.

  • Meribel

    Hermosas amistades que haces en el camino y que nos haces sentir mientras te leemos.
    Hermosa poesía Zandra, hermoso lugar de encuentro de quienes amamos las palabras.
    Leila está. Seguirá estando.

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