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“UN LUGAR LLAMADO TUVA”, por Javier Reverte

Que un viajero escritor, o un escritor viajero, como Javier Reverte le dedique un artículo a un libro mío, es un orgullo. Pero que en ese artículo se acerque tanto a lo que yo quería provocar con “Tuva” me parece ya un privilegio. Lo traigo aquí porque el artículo no es laudatorio, sino todo lo contrario: está escrito desde la duda, porque al revés de los adolescentes que al leerlo creen que se trata de una fantasía, un país inventado, Reverte sabe muy bien que hablo de un país real, que el viaje fue real, que los pequeños descubrimientos antropológicos fueron reales, y precisamente por eso muestra su desconcierto más sincero, al ver que no lo he querido contar como tal investigación, sino como novela. 

Sabía que asumía tal riesgo, que el libro no fuera ni novela ni libro de viajes, y por otra parte sentía que perdía la oportunidad de seguir en la senda de los libros de viajes, después de La Zancada del Deyar. Pero sabía que un libro de viajes es leído por unos poco cientos, tal vez miles, de convencidos de la belleza del viaje, mientras que con la novela, editada en una editorial juvenil de prestigio, Edelvives, me dirijo a muchos miles de jóvenes, a los que quiero curiosos, valientes, recorriendo los caminos del mundo, “leyendo con los pies”, sabiendo que este mundo no es tan pequeño como nos dicen, que hay otras culturas, otras formas de vivir, caminos aún abiertos para el hombre. Por eso traigo aquí el artículo de Javier Reverte, publicado este mes de julio en la revista Viajar. Con mi agradecimiento, y con el pulso en marcha.

UN LUGAR LLAMADO TUVA

   Es extraño el último libro de viajes, por llamarlo así, que acabo de leer. Se llama “Tuva” y lo firma Gonzalo Moure. Digo de viajes porque el paisaje es viajero e, incluso, exótico. Pero en realidad el libro es una novela que evoca un paisaje lejano, que podría parecernos en buena medida imaginario, y se sitúa en el ámbito de un territorio que, en el libro, a veces te parece irreal y que, sin embargo, figura en los mapas. Moure ha enfocado la literatura viajera, en este trabajo, de una manera muy personal, diferente y, por supuesto, insólita. Todos los que amamos viajar sabemos que, a menudo, los lugares tan sólo podemos mirarlos poéticamente, desde nuestro interior hacia el exterior, y o al revés. Hay paisajes que nos impresionan por su magnificencia, pero otros nos crecen en el alma por razones, con frecuencia imprecisas. Eso es lo que yo creo que ha hecho llevado al autor de “Tuva” del que  hablo. Y para ello, ha escogido el lenguaje de la ficción en lugar de apostar por la crónica, quizás porque no tenía otra forma de acercarse a su memoria viajera.

   Tuva existe, pese a todo. Antiguo territorio de la extinta Unión Soviética (URSS),  y hoy república autónoma asociada a la Federación de Rusia, es un territorio vecino de la inmensa Mongolia, y en muchos aspectos emparentado con ella, de una extensión unas tres veces más pequeña que la de España. Lo habitan poco más de trescientas mil personas y una parte de su población son todavía gentes nómadas, buenos criadores y domadores, sobre todo, de caballos. La geografía tuvana contiene enormes cordilleras y extensos valles y su principal producción es agrícola.

   Moure, sin duda, se ha enamorado de este remoto y desconocido país y la manera de expresar su amor no ha sido otra que construir la historia de un muchacho español, llamado Marcos, que viaja al país con un extraño: encontrar una viejo rito único en el mundo, dar con hombres que doman a su caballos por el procedimiento de cantarles. Los jóvenes amigos tuvanos de Marcos, el bravo Aydemir y la bella Aneyhaak, en un largo viaje a caballo en busca de un potro robado a Aydemir por unos cuatreros, le ayudan a encontrar lo que busca y Marcos alcanza a madurar y convertirse en un hombre distinto al que salió de España.

   La pasión que el autor del libro siente por Tuva ya se había mostrado meses antes en un libro juvenil, publicado en Sevilla, al que Moue llamó “Soy un caballo”. Este otro, “Tuva”, dado a la luz por una editora zaragozana, bien podría ser un homenaje parecido al del libro anterior, pero contado para lectores de mayor edad. En el libro, Moure nos dibuja los paisajes de un territorio todavía  hostil, poco hollado por el hombre, en donde el vigor de la Naturaleza no ha sido todavía domeñado por la fuerzas de los brazos humanos. Quién sabe si porque allí no hay petróleo… Da gusto leer libros del presente en donde todavía se escuchan los aullidos de los lobos y las pisadas de las manadas de mamíferos salvajes, en donde se cabalga libremente junto al curso de ríos indómitos.

   De modo que Moure nos ofrece una mueva forma de concebir la literatura viajera. No ya sólo como la crónica de un viaje real, sino también como la expresión de un viaje imaginario.   A la postre, uno puede preguntarse siempre si no existe debajo de lo real mucho de ficción y si la ficción no es, en su sustancia, nada más que una forma de organizar lo real para poder digerirlo y comprenderlo en toda su  hondura.

   Con los viajes nos sucede algo parecido: Al viajar ¿paseamos un sueño, como decía mi amigo Manu Leguineche?. Tal vez sea el propio sueño quien nos pasea a nosotros.

 

JAVIER REVERTE.

  • Bahia y Conchi

    ¡Hola Gonzalo! mucho tiempo sin escribir pero te seguimos leyendo. Esta tarde hemos comprado Tuva, ya te contaremos nuestras impresiones, pero nos dejó muchas ganas de leerlo la presentación del libro en Madrid. También llevamos El beso del Sahara a la niña, seguro que le va a encantar, ya ha leído Palabras de Caramelo y Los gigantes de la luna, sin duda buenas ayudas para que reflexione sobre su pueblo. Y buena crítica de Reverte, un escritor al que apreciamos mucho.

    un abrazo a todos

  • ¡Hola!

    Me ha gustado mucho la crítica de Reverte, y el hecho de que aventure que para digerir un viaje quizá te haya sido más fácil narrarlo desde la ficción.

    Supongo que es la forma más natural de contar los hechos que trascienden las cualidades objetivas del país, de contar vivencias que se entremezclan con tus emociones. Queda más clara la historia desde el punto de vista de Marcos, porque insinúa una evolución, una crecimiento, que viajes de este tipo procuran.

    Cuando leí el libro me entró mucha curiosidad por Tuva, como por todos aquellos lugares “en tierra de nadie”, en los que, a pesar de recorrer el mapa una y otra vez, no reparas.

    Saludos alemanes,

    Iraide

  • eldeyar

    Es curioso, es una casualidad, porque hace un par de meses por lo menos que no sabía nada de Iraide, pero cuando escribía ahí arriba “los quiero valientes, curiosos, recorriendo los caminos del mundo, leyendo con los pies”, pensaba, por ejemplo, en ella (y en su blog: El Bazar de las Artes). Y en un chico de su edad (unos 20 años) al que conocí en los campamentos, un italiano que viajaba solo y magnífico, para crear un equipo infantil de béisbol en El Aaiun, y en otros como ellos, como María, que con 14 años me conmueve cada vez que me escribe con tantos deseos de conocerse para saber como de saberse para conocer… Esa era mi intención también al escribir Tuva. Sin apuesta no hay premio. Recuerdo, por ejemplo, que la tarde de la presentación de Tuva en Madrid, Bahía, me contabas que habías recordado que algunos pastores de la badía también cantan a sus camellos para hacerles elegir el mejor pasto, y que con su canción consiguen mejor leche de las camellas. Saberlo me estimuló, claro, a volver a la badía para buscar esos “trazos de la canción”, pero sería más feliz si algún joven cogiera el testigo de nuestras manos y dijera: déjame, por favor, ir a buscar.

  • Gonzalo .. hola hace tiempo que no dejo nada escrito pero te sigo leyendo , incluso desde fuera de España. yo quiero preguntarte si puedo adquirir tus libros en cualquier libreria .
    hace tiempo que queria preguntartelo.
    Un abrazo

  • Julio

    Había caído en esta página durante el año, y como soy lector impenitente e inasequible al desaliento leí el Síndrome Mozart y Palabras de Caramelo, dos preciosos libros cada uno en su estilo (y eso es notable, que se reconozca en dos libros al mismo escritor pero no el mismo estilo) y de vez en cuando miro la página, para ver dónde está Gonzalo, más que nada. El otro día vi el artículo de Reverte sobre Tuva, libro que no hab`ía tenido ocasión de adquirir todavía. Y por cierto y por la pregunta de Momo sí que se encuentran los libros de Moure en las librerías y si no se piden. Lo estoy leyendo y estoy sorprendido por varias cosas: lo primero que el viaje de Marcos sea real, no una invención, y lo segundo lo que dice Reverte: que en vez de alardear de gran viaje (Gran Viaje, más bien diría) lo “regale” en forma de novela. Ni siquiera sé muy bien si estoy de acuerdo con que haya hecho eso, porque así muchos pensarán que es una pura invención y se perderán la verdadera dimensión del Viaje. Pero me gusta, me absorbe, y me hace pensar una vez más que los libros de LIJ son en líneas generales mejores que los de adultos. Y con más intención literaria, sin duda. Janer Manila, Gisbert, algunos de Sierra i Fabra, Care Santos y muchos otros que he leído en los últimos años lo demuestran de sobras. Mi pregunta es: ¿está bien que se “pierdan” en colecciones de colegio e instituto que por eso mismo desvalorizan al libro? Creo que Tuva estaría mucho mejor en una colección sin etiquetas, luciría más y sería más considerado. Espero acabarlo en la primera semana de agosto, o sea casi ya, y volveré a escribir, pero dejo la pregunta en el aire por si Gonzalo o algún otro “bloguero” quiere opinar.

  • Viento

    Absolutamente de acuerdo contigo, Julio. Los libros no pueden, no deben etiquetarse por edades. Es una estrategia editorial que favorece las ventas en determinados ámbitos, pero que condiciona demasiado a los potenciales lectores. Algo similar ocurre con la brutal publicidad con la que se lanzan ciertos best seller de escasa calidad literaria.
    Saber elegir en este mundo en el que la literatura compite con el “libro negocio editorial” es un arte. Y un reto. Y una asignatura pendiente.
    Un saludo

  • eldeyar

    La verdad es que dudo, Julio, Viento. Dudo yo, y dudan otros colegas, amigos, que comparten conmigo oficio, escritor, y elección, básicamente las colecciones infantiles y juveniles. Confieso lo que ya he confesado otras veces: que esas colecciones son un excelente “caballo de Troya” que nos permiten entrar en cientos de colegios e institutos, que nos dejan llegar a miles y miles de lectores. Es verdad que muchos de ellos son lectores cautivos por la dudosa prescripción escolar, pero no es menos verdad que así podemos llegar a todos esos chicos que están en un momento decisivo de su vida, eligiendo el camino lector, o la ausencia de la lectura. Si otros como yo (los que cita Julio son pocos, habría que añadir a muchos otros) abandonamos estas colecciones, si las dejamos en manos de autores que hacen libros de encargo, como trajes, todos esos chicos tendrán una idea falsa de la literatura. Creo, y lo creo con orgullo, que los citados y todos esos otros, y en la parte que me corresponde también, dignificamos la literatura para los chicos, para luego dejarles la libertad de seguir leyendo fuera de las colecciones prescriptivas.
    La verdad es que es un asunto de claroscuros, sin una respuesta definida. Ahora mismo estoy leyendo a Fernando Marías, “Zara y el libro de Bagdad”, premio Gran Angular, y es un excelente libro. Al menos de momento: comprometido con la historia y la memoria, pero también con la literatura, sin “bonsaizaciones”. Acabo de leer un libro de un autor en boga, también premiado este año en un premio “adulto”. Pues bien: hay más literatura en Zara, en una página cualquiera, que en todo ese libro adulto. En el que lo adulto se mide con lo escandaloso, con sexo. Es verdad: esas escenas de sexo harían de Zara un libro no premiable en una editorial prescriptiva, pero porque la libertad no se mide por la provocación, sino por la necesidad de contar. Y creo que lo que cuenta el libro adulto es innecesario, simple provocación para parecer eso: adulto. Sin esa escena de sexo, el libro supuestamente adulto, de haber competido con Zara en el Gran Angular, habría perdido. Hace un año Frabetti fue premiado con “Calvina”: en él hay cosas no correctas, no limpitas: pero necesarias. Y recibió el Barco de Vapor.
    Y es que hay muy buenos editores en las colecciones prescriptivas. Para mí, mejores, y mucho más honestos, que muchos editores “adultos”.
    Buf, qué tema apasionante…

  • Mayte

    A lo mejor desvío un poco el tema, pero es que esta misma mañana he vuelto a releer “El pequeño príncipe” y de nuevo la eterna pregunta: ¿No es fascinante que se tengan tantas razones para decir que es un libro para niños como para asegurar que es de adultos?
    Creo que una de las razones que hacen que un libro tenga calidad es que sea difícil de etiquetar, por ejemplo, en cuestión de edad. Sigue pareciéndome increíble la mezcolanza que hace Saint-Exupéry desde la dedicatoria: para un niño que ya no lo es, ¿o sí?
    Un libro sin etiquetas, no es libro, es “libre” (como pasa en tantas otras cosas de la vida, por cierto).

  • eldeyar

    En la feria de San José paseaba por los stands, cuando un expositor se levantó, me saludó, y me preguntó, a bocajarro, y sin más presentación: ¿cree usted que “El pequeño Príncipe” hace apología del suicidio? Lo que le contesté es lo de menos, pero la verdad es que eché de menos a Carlo Frabetti, que hasta escribió un artículo al respecto y que, en efecto, lo cree. Lo sustancial, al hilo de la reflexión de Mayte, es que me pregunté: ¿cuántos de mis libros podrían generar una pregunta como esa, y seguir vendiéndose entre niños?

  • Viento

    Todos los libros encierran mensajes ocultos que ni el propio escritor conoce. Entre cada palabra, entre cada línea, hay tanto escrito…Depende de cada lector, de su sensibilidad, de su necesidad de hacerse preguntas y de sus propias experiencias, lo que lea más allá de lo evidente

  • Mayte

    Estoy totalmente de acuerdo contigo, Viento. Y precisamente eso que dices es un motivo más que hace que las etiquetas no tengan sentido.

  • Feli

    También estoy de acuerdo. Etiquetar,acotar un libro, no tiene sentido.
    En Tuva se lee más allá de lo evidente, más allá de lo que está escrito con palabras,con frases, con bellísimas descripciones.Entre líneas yo leí una historia paralela, todavía más hermosa y más profunda que me emocionó hasta las lágrimas.
    ¿Qué ese mensaje oculto que se encierra en las páginas de un libro el autor no lo conoce? Puede que sí o que no.
    Yo pienso que sí, porque no se puede trasnmitir la verdad que no se vive, aunque el escritor, en el acto físico de escribir no sea consciente de lo que deja “no escrito” entre lo que escribe, para que cada lector lo encuentre y de alguna manera lo haga suyo. Ese es el milagro de la escritura.Para mí el milagro y el regalo que me hizo Gonzalo con Tuva.

  • eldeyar

    Gracias, Feli: me sonrojas. No lo sé, sin embargo: una cosa es esa verdad que el autor quiere transmitir. Otra cosa (y conozco casos), son los auténticos actos fallidos que contienen muchos libros y que, sin quererlo, delatan al autor. Y otra, finalmente, lo que percibe el lector, cada lector. La literatura, no lo olvides, es la suma de lo que se escribe y lo que se lee. No hay un texto objetivo posible. Si yo escribo, por ejemplo: “Llovía.” Para uno será una palabra que le llevará a un estado melancólico, otro se sentirá pletórico, o nostálgico, o cualquier otra esdrújula.
    Tuva, para ti, funcionó: me conformo con eso, te lo aseguro.