Noticias

MARCOS ANA, CON EL BUBISHER

Ya está ahí, el Bubisher está a punto de salir de Vitoria para llegar a Madrid, donde será presentado a prensa y amigos. Lo que empezó como una simple rueda de prensa ha ido creciendo, y finalmente va a ser un acontecimiento público, la oportunidad para traer la hammada a Madrid y para que todos nos sintamos parte de un precioso proyecto, casi ya realidad, que va a llevar a las escuelas saharauis lo que el abandono de nuestro estado y de la comunidad internacional les ha negado a sus niños: libros, cultura.

Las palabras de Federico García Lorca que ha seleccionado Isabel Castaño no pueden ser más precisas ni iluminadoras. Y es que el Bubisher siempre tuvo un referente en La Barraca:

“[…]Muchas veces, un pueblo está dormido como el agua de un estanque en día sin viento. Ni el más leve temblor turba la ternura blanda del agua. Las ranas duermen en el fondo y los pájaros están inmóviles en las ramas que lo circundan. Pero arrojad de pronto una piedra. Veréis una explosión de círculos concéntricos, de ondas redondas que se dilatan atropellándose unas a las otras y se estrellan contra los bordes. Veréis un estremecimiento total del agua, un bullir de ranas en todas direcciones, una inquietud por todas las orillas y hasta los pájaros que dormían en las ramas umbrosas saltan disparados en bandadas por todo el aire azul. Muchas veces un pueblo duerme como el agua de un estanque un día sin viento, y un libro o unos libros pueden estremecerlo e inquietarlo y enseñarle nuevos horizontes de superación y concordia.”

Para nosotros, y supongo que para todos, es una noticia emocionante saber que estará presente en el acto Marcos Ana, que pasó 23 años en la cárcel, muchos de ellos condenado a muerte, y que sabe mejor que nadie de poder liberador de la palabra. Un hilo de plata que nos llevaría al pasado remoto y al futuro ensoñable, un reguero de palabras hermosas y duras, las que dan una dimensión intemporal a cada hombre, las que convierten el niño en hombre y al hombre en niño.

El miércoles 24, a las 12 de la mañana, en el Teatro de Títeres del Retiro, unidos por un sentimiento común, estaremos todos juntos, aunque sea bajo la lluvia, para “decir que pues vivimos, anunciamos algo nuevo”.

  • Lola

    Escuché hablar a Marcos Ana en Burgos. Contó cosas de su vida, leyó algunas de sus poesías y nos hizo vibrar a todos los presentes. Pocas veces he visto a alguien de tanta humanidad, de tanto coraje. Su historia es la parte más limpia de la historia de España, y su vida una apuesta por la vida. Saber que su corazón está cerca de su causa por el Sáhara, con el bibliobús para los niños del Sáhara, me acerca también más a esa causa. Gracias.

  • Conx

    Qué buena noticia; será un honor conocerle. Ante gente así, poca se puede encontrar, yo lo he sentido cuando he podido saludar a los activistas saharauis de derechos humanos, sientes que estás conociendo a alguien realmente grande. Un abrazo,

  • Javi

    Las misiones pedagógicas surgieron en España en el año 1931. Se trataba de un proyecto a nivel nacional cuyo objetivo era crear una red de bibliotecas rurales abarcando las poblaciones más pequeñas y apartadas.
    Entre las personas a cargo del proyecto se encontraban Manuel Cossío y la extraordinaria María Moliner (en Valencia). La plantilla de “misioneros” estaba formada tanto por bibliotecarios profesionales como también por otra serie de colaboradores “sin distinción de títulos y aun con carencia de ellos”. En camión, furgoneta o a lomos de caballo:

    “Emprendimos desde aquí la marcha hacia Puebla de la Mujer Muerta, lugar que por las narraciones que de él conocíamos se nos aparecía con un carácter casi fabuloso.
    Es un pueblecito de la provincia de Madrid, con 340 habitantes, situado a 1.161 metros de altitud, en una meseta del fondo del valle que da sus aguas, por el río de la Puebla, al Riato y luego al Lozoya, con la particularidad de que, a causa de lo quebrado del terreno, la vaguada no es vía natural de acceso y las sendas trepan monte arriba abandonando el valle. Se encuentra al noreste de la provincia y su término municipal linda con la de Gualadajara. Montes ásperos y escarpados poblados de robles lo circundan e impiden que llegue el sol al caserío durante gran parte del invierno. Así la vida es triste, monótona y sin alicientes. Las casas son míseras, de piedra y barro y techo de paja muchas de ellas. El lucido interior es un lujo poco menos que desconocido. Se alumbran con candiles de aceite.
    La subida fué penosa y al llegar al puerto tuvimos nieve, agua y un frío intenso. El camino era pésimo, y nosotros, poco acostumbrados a andar a caballo, pasamos momentos de apuro, pero resistimos bien con la esperanza de llegar a un pueblo que con tantas dificultades se nos ofrecía. Las primeras gentes que encontramos, después de una bajada interminable, veíamos por la tensión especial de su mirada, que hacían un esfuerzo grande por no huir, para sostenerse a nuestro paso, firmes en su puesto. El pueblo tenía un aspecto negruzco; las aguas que resbalaban por las laderas de los montes cercanos inundaban las callejas convirtiéndolas en enormes arroyos y lodazales. Un círculo de grandes montañas cerraba el pueblo, al que apenas llegaba la luz.
    Muchos de los hombres y, desde luego, casi todas las mujeres y los niños, no habían salido jamás de este lugar. Vimos chiquillos que primero huyeron y luego corrían tras de nosotros asombrados y llenos de júbilo. Las mujeres vestían de negro; las niñas de diez o doce años, tenían el aspecto de mujeres minúsculas con sus faldas largas hasta los pies, que recogían al correr; el pelo tirante tras las orejas y el moño circular; las caras delgadas y pálidas, los ojos consumidos. Aun las niñas de pocos años llevaban faldas largas y corrían dando a las calles un aspecto singular. Los niños eran tristes y temerosos y la mayor parte de ellos no cesaba de toser mientras nos contemplaban. Tratábamos de acercarnos a los grupos de hombres y mujeres que aun convencidos de nuestro carácter pacífico, se resistían, sin embargo, a entrar en relación con nosotros. Las mujeres corrían entre risas y sustos; a alguna la vimos hacer esfuerzos inauditos por contestar con serenidad a nuestras preguntas.
    En este pueblo, situado en la provincia de Madrid, jamás se ha visto un automóvil, ni un carro; no conocían la luz eléctrica ni el gramófono. Viven los más míseramente de pequeñas heredades, alimentados con patatas, judías y tocino en las épocas mejores. Muchos creen en las brujas y sientes terror de las ánimas…
    Dimos la primera sesión. Recordamos que después de haber leído “Mañana de la Cruz” de J. Ramón Jiménez, un viejo gritó: “¡Vámonos al campo por romero y por amor!” Este viejo no había oído jamás recitar una poesía. La luz eléctrica, contra nuestras previsiones, no causó al principio impresión; pero cuando explicamos lo que significaba y les hicimos fijar la atención en la maravilla (poder encenderla sin yesca), el asombro fué indescriptible.
    Sobre la reacción frente al cine de una gente que no conocía ni la “linterna mágica” se podría escribir todo un libro.
    Hubo cordialidad y animación en todas las sesiones. Un día, al finalizar una de ellas, un grupo de mozos nos quiso obsequiar con una ronda, lo que constituyó para nosotros uno de los espectáculos más extraños que jamás hemos contemplado: llevaban como instrumentos un triángulo, que golpeaban monótonamente para acompañar la canción -si así podemos llamar a una especie de aire de jota castellana muy tosca que canturreaban con voz ronca-, una balanza cuyo papel efectivo en la orquesta no pudimos comprobar, así como tampoco el de una cubierta de automóvil. Tañían también una vihuela primitiva y algún otro instrumento que no recordamos. Sin duda trataban de hacernos un homenaje, para lo cual iban aquellos hombres provistos de los elementos más raros y significativos del lugar. La cubierta de automóvil la usaban para fabricar abarcas. Así del automóvil como del cine, de la ciudad y de otras cosas tenía esta pobre gente una idea remota que correspondía a los despojos de la civilización que allí llegaban. La gente se manifestaba resentida y desesperanzada. Nosotros pusimos un instante de alegría en su vida y quién sabe si una confianza duradera.”

    Cada Misión dejaba en el pueblo varias cajas de libros al cuidado de una persona responsable de ellos; en ocasiones también un gramófono con discos. Se realizaban lecturas, charlas, proyección de películas (documentales y Charlot); con el gramófono música clásica y canciones populares; se exhibía a modo de pequeño museo una colección de estampas reproduciendo cuadros de Leonardo, Rembrandt, Velázquez, Goya, Gauguin…

    Copio el programa de un día:

    18 de septiembre de 1932. En Les (Valle de Arán).- Durante la mañana, lecciones y juegos en las escuelas nacionales.
    Noche, sesión en el salón-teatro:
    1.º La lucha por la vida. Proyección de la película “Lucha de la mangosta y la cobra”. Comentario y lectura de la misma escena en Kipling “Libro de las tierras vírgenes”.
    2.º Poesías popular española. Lectura de romances viejos: Misa de Amor, El Conde Sol, “Cantar de abril” (Tirso de Molina).
    3.º Música regional. El paisaje, la danza, los instrumentos. Audiciones: Muñeira, Jota, Sardana, Seguidilla.
    4.º Civilizaciones antiguas. Egipto. El culto a los muertos.
    5.º Las grandes exploraciones; heroísmo de la ciencia. Proyección del documental “La tragedia del Everest”.
    6.º La escuela y el niño en la Constitución española.
    7.º Audición musical: La danza del molinero (Falla), Sevilla (Albéniz), Nocturno (Chopín)
    8.º Cine recreativo.

    Ya para terminar con el tema de las misiones pedagógicas os dejo un comentario, la impresión de otro misionero en Tomajón (Guadalajara):

    “Los viejos ven y escuchan con gusto el cine, la música, la poesía y la charla; pero como quien escucha un cuento maravilloso, que aparte del placer momentáneo de su belleza, no va a turbar de ningún modo la trayectoria de su vida. Los jóvenes, en cambio, prestan una atención más callada y más intensa; su sensibilidad está abierta a toda llamada, se sienten más cerca de lo que ven y con la esperanza de recorrer en algún modo los horizontes que se les revelan. Los niños lo aceptan todo con una naturalidad asombrosa, y, sin deslumbrarse, buscan con interés de aprendizaje las causas; siguen con atención la película, pero también se interesan, y acaso más, por el manejo del aparato, cómo se pone la película, cómo se gradúa la luz y velocidad; sienten junto a la alegría de ver el goce de comprender”.

    Bueno…, primero señalar que no pretendo buscar comparaciones entre aquellos pueblecitos de una España a punto de entrar en guerra con la realidad del Sahara de hoy mismo. Las diferencias son evidentes.

    Lo que sí quisiera hacer notar es el espíritu que movía a todos aquellos que se echaban al monte con su cargamento de libros a cuestas; ellos llevaban los libros al lugar, pero después, entre las gentes, era su ánimo el que realmente los hacía llegar.
    Esta actitud de acercamiento, donde quiera que uno vaya, aunque sea a la vuelta de la esquina, sí me parece un ejemplo a no olvidar.
    Al igual que esa estupenda manera de entender la actuación de la biblioteca como un conjunto de actividades diversas, en relación con la lectura, pero no centrada exclusivamente en ella.

    Poco falta para que el Bubisher empiece a rodar.
    Tiempo de espera, y un buen momento para que todos aportemos opiniones, compartiendo ideas e ilusiones.

    Y creo estaría bien nos animáramos todos a proponer posibles actividades a realizar por el Bubisher, cada uno según sus habilidades o preferencias (a mí por ejemplo me gustaría mucho trabajar con el dibujo y las manualidades, descubriendo con los niños colores nuevos para las jaimas e inventando raros camellos con alas de papel).

    Cualquiera que tenga su personal propuesta por ofrecer me parece sería muy interesante aprovechara ahora para darla a conocer.

    Un abrazo a todos,

    Javi