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AGUSTÍN FERNÁNDEZ PAZ: UN PREMIO PARA TODOS

Pocas veces un premio ajeno me ha alegrado tanto. La noticia me la dio Jaureguízar, y aún siento como un bálsamo contra cualquier soberbia la sonrisa que se me desató en los labios cuando leí: Agustín, Nacional de LIJ!

Y es que pocos premios han sido tan merecidos. Me decía Carlos Lomas en Ballobar que había leído la novela por la que ha recibido el premio, “O que queda e o amor”, y que es muy buena, pero a mí me gusta pensar que es una distinción que no se puede quedar en una sola novela, que se otorga a una obra completa. De hecho, eso me dijo el director generalo del libro, Rogelio Blanco, que se quería hacer.

Da igual: a una obra o “a la obra”, la ausencia de Agustín en el palmarés del Nacional de LIJ deslucía al mismo premio. Finalista varias veces, la “oportunidad” le había dejado siempre fuera. Pero ¿cómo no iba a ser premio nacional el autor de Cartas de inverno o de Cos pés no aire? O de Aire Negro, o de No centro do labirinto, o…

Es raro, pero en Agustín se unen dos enormes virtudes: ser uno de los mejores escritores, y ser uno de los mejores amigos: de cuantos le conocen un poco de cerca. Y si a esas dos virtudes se le une la de su fidelidad y su compromiso, mejor aún; porque Agustín es y ha sido fiel a su lengua, el gallego, y ha renunciado muchas veces (me consta) a enormes tentaciones para escribir directamente en castellano.

Me gusta esta foto, porque habla más que mis palabras de “cómo” le miro, de cómo le veo, de cómo le siento. 

Sólo una pega: Agustín, como la mejor LIJ, no merece un premio de reserva india, sino el Nacional de Literatura, sin más. Pero esa, esa es otra batalla. De momento me basta con lo que siento: que este premio es tan justo que es de todos: lectores, colegas, amigos.