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UN BIBLIOBÚS EN LAS TRINCHERAS

La pasada semana, en las Jornadas de Ballobar, Blanca Calvo, directora de la Biblioteca de Guadalajara, pronunció una conferencia inolvidable sobre el papel de las bibliotecas. Fueron muchos sus luminosos ejemplos, pero en mi memoria quedará ya para siempre la de Jordi Rubió, el hombre que luchó contra el escepticismo de los generales para llevar al frente, en plena guerra civil, un bibliobús.

Este que ves.

Blanca evocó las cartas de los soldados, encontradas años más tarde por los investigadores, que decían a sus familias que lo mejor que les había sucedido en la guerra era la llegada de un autobús cargado con libros, con bibliotecarias amorosamente entregadas a su tarea de repartir sueños. Puede que alguno de ellos muriera al día siguiente, con el libro aún caliente en sus pupilas.

Es cierto, allí donde la vida es más dura, es donde más necesarios son los libros. Cuando el Bubisher rueda ya por Argelia rumbo a los campamentos, no puedo dejar de soñar con las hogueras que avivarán sus libros en los corazones de los niños saharauis. Para que se sientan un poco orgullosos, como los niños de Medellín se sienten de sus Parques Biblioteca.

A veces, luchar merece la pena. Gracias, Blanca, es más fácil ser fuerte cuando otra mano se une a la nuestra. Somos muchos ya los que creemos en que mandar un bibliobús al lugar del sufrimiento es a veces más útil que lo más útil, que lo más necesario. Y gracias, Jordi, por hacer ceder el escepticismo de los generales.

  • El Kadih

    Siempre me ha asombrado ver libros en la Hamada, por ser un lugar yermo, por ser un exilio duro y largo, y porque en los primeros años era un lujo tener un libro, o una revista o un periódico. Los periódicos y revistas aunque llevaban semanas, meses o años de caducidad, se leían con frunción, no importaba de dónde venían ni en qué lengua estaban escritos. Y había colas para leer un libro. Eso por lo menos pasaba en Rabuni donde estaba la mayoría del funcionariado saharaui y en las escuelas y en las regiones militares, también. En el ejército saharaui hay Muchos que leen leen y son autodidactas y aprenden inglés gracias a los cursos de la BBC y castellano escuchando las emisoras en español. Cualquiera que haya viajado a las regiones militares puede haber constatado que en sus cuarteles o trincheras o refugios es fácil encontrar gente con un libro debajo de su almohada o al lado de su caja de herramientas del té y más todavía desde el año 1991 fecha de la firma de cese el fuego, cuando los militares tenían que llenar su tiempo libre.
    Así que el bubisher traterá alegría no solo a los peques sino también a varias personas que disfruan del placer de leer aún en las duras condiciones del exilio. En la Hamada hay mucha soledad cuando no están los vuelos de los nasaras y cuando vuelve la tranquilidad a las jaimas qué mejor que poder prestar un libro y leer bajo la luz de la placa solar o en pleno día si hace frio o calor dentro de la jaima o en cualquier beit de adobe, mientras esté a salvo de las maldiciones de las tormentas y las inundaciones, claro.

  • eldeyar

    Vitamina pura para el Bubisher, El Kadih…

  • ricardo gómez

    ¡Ojalá esos libros prendan como flores en la hammada! ¡Ojalá hagan soñar! ¡Ojalá se rodeen de ojos que los acaricien y manos que los acurruquen los días de sol y las noches de frío! ¡Ojalá inviten a que los abuelos cuenten historias a sus nietos y que estos las recojan en sus cuadernos y en sus memorias! ¡Ojalá sirvan para atemperar el sufrimiento del destierro! ¡Ojalá conjuren el furor de las inundaciones y las tormentas de arena! ¡Ojalá sirvan para denunciar el silencio de las instituciones que deberían haberlo impulsado desde España, hace mucho tiempo…!
    Ojalá este bibliobús no sea el único…

  • Viento

    Y que las palabras, las divinas palabras, lleven a la Hamada sueños que sueñan con hacerse realidad. Y que cada libro transporte entre sus páginas las caricias de cientos de manos amigas.