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UNA SEMANA GALLEGA

¿Qué ha sido mejor? El maravilloso club de lectura de Gracia en Silleda, una reunión muy útil para decidir que el pan de Mella es mejor aún que el de Cea (gracias, Cocinillas), un chico que se sienta de espaldas al principio de la reunión, obligado a escuchar a este “coñazo”, pero que poco a poco se va poniendo primero en escorzo, al final de frente, porque lo que escucha le empieza a interesar; una muchacha que va a ser escritora pero que aún pone el tema por delante de la historia, los niños de primero, segundo y tercero de primaria de Palmeira entre los que por arte de magia aparece el libro completo: la que inventa historias, la que prefiere dibujar, la que ama las mates y la que lo que quiere es venderlo en la tienda de su madre… La cena con Alba, Susy y Antonio García Teijeiro, que me promete un poema para mi primer libro escrito en gallego, que se llamará, o se llamaría si lo consiguiera, Cartas dun aprendiz do amor; la comida en un italiano con Antonio y el “amasuñable” Agustín Fernández Paz, que insiste en que es ahora cuando vienen nuestros mejores libros, y que me recuerda tanto a lo que dice Ricardo Gómez. La profesora que no se molesta porque en realidad lo que les digo a los chicos y parece sonarles a nuevo es lo mismo que les dice ella una y cien veces. La iglesia de Cobrexe, tan bella ante la ría, los castaños en fuego otoñal y los caminos de hoja caduca prometiendo paseos al atardecer; Ciro orgulloso de su madre profesora y su padre jardinero…

Y un dolor: la muerte de la madre de Ángeles, por lo que después de muchos meses de preparación no pude conocerla, no pudo asistir en el colegio del Chouzo al descubrimiento de una pequeña placa que dará mi, que ya da mi nombre a una encantadora biblioteca escolar en la misma ciudad en la que mi padre fue feliz. Nos debemos un encuentro para cicatrizar los dolores, Ángeles.

Millar y medio de kilómetros, millar y medio de niños, chicos, profesores, sorprendidos cada día por la fascinación que sigue ejerciendo en todos nosotros el viejo, gastado, rudimentario libro. Las bibliotecas como antídoto del tedio de la prescripción, las nuevas ideas, las ideas de siempre, la mezcla de ideas, el debate. O aprendiz do amor, campanas de Bastabales, Leliadoura, un amanecer en Barbanza, camino de Ribeira y Palmeira, vueltas locas y a la carrera acercándonos y alejándonos del Obradoiro… Una semana en Galicia.