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8 MANERAS DE CONTAR. Nuevo libro colectivo, en SM

Desayunábamos en el hotel de Medellín, antes de salir cada uno hacia nuestro barrio, hacia nuestro Parque Biblioteca. Emocionados por lo que estábamos viviendo en aquellos días, invitados por la Fundación Sierra i Fabra, en la ciudad que había pasado de ser conocida como la de la violencia y los cárteles, a la de la lectura y las bibliotecas. Hablábamos de todo mientras devorábamos fruta tropical. Andreu Martín nos enseñó su libreta, en la que de modo paciente y metódico teje la trama y los detalles de sus novelas, antes de ponerse, ya con la mayor parte del trabajo hecho, a escribir. Y nació la idea repentinamente: qué método tan diferente el de cada uno, para al final ofrecer un producto semejante: Carlo Frabetti, Andreu, Jordi Sierra, Ricardo Gómez, Care Santos (que iba a ir unos días después), Anotnio García Teijeiro (que había estado en la semana de la poesía), Alfredo Gómez-Cerdá, yo mismo.

¿Por qué no un libro con un relato de cada uno, en el que contemos cómo escribimos cada cuál?

Y aquí está, un año después. Con él se realizarán algunas actividades más de los grupos de lectura de la Fundación, porque la editorial y los que lo escribimos queremos que sea una devolución de todo lo que aprendimos, de toda la emoción que se nos inyectó en vena escritora en Medellín.

Me sigue pareciendo un libro clave para todos los que leen viendo más allá de lo escrito, y estupendo para todos los que sueñan con escribir: muchos de nuestros lectores, por ejemplo. Es verdad: podrían estar otros magníficos escritores; pero estamos los que estamos unidos por el azar (o no), de la edición del 2007 del Juego Literario de Medellín. No sobraría tampoco la participación de algún escritor latinoamericano. Pero no había ninguno entre nosotros en esa ocasión. Muchas veces es el azar el que maneja el volante.

Por mi parte no ofrezco en este libro un relato sino una emoción. Es casi un vómito. Todo lo que cuento es real, salvo algunas gotas de ficción volcadas en el relato, Ahora que Piko ha muerto. No usé su verdadero nombre, Patri. Pero ahora lo uso, porque a medida que su muerte (tenía diez años, nadie debería de morir con 10 años) se aleja en el tiempo, crece en mi corazón su sombra, o su luz, o su aliento. Muchas veces su madre y yo tratamos de entender. Y seguramente tendremos que morir para entender. Da igual, de eso se compone la vida, de lo que entendemos demasiado bien, y de lo que no podremos entender nunca.

Quien quiera saber de Patri, de cómo se puede escribir, de lo que para mí significa “escrivivir”, lo puede leer ahí arriba, en la pestaña “comentarios”. Y quien quiera saber cómo ocho locos aquejados del mismo sueño pueden usar sistemas tan distintos, que corra a la librería, como corren por los pasillos de las bibliotecas de Medellín los pequeños “paisas”. Felices por ir a leer.