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EQUILIBRIO EQUINO

Georgina me manda este relato. Georgina es una de las componentes de “Ecugaia”, que está en Grañén, Zaragoza.

En Ecugaia los caballos no sirven para pasar el rato, sino para mejorar la vida de los que la tienen más difícil.

Su relato me demuestra, una vez más, lo hermosa que es la vida. Una visión, un día: una mujer sobre un caballo. Un instante de belleza, apenas nada, que sin embargo se convirtió en el inicio de un camino. Hoy domingo, seguro, alguien está siendo feliz cabalgando en Ecugaia, siendo uno con el caballo, encontrando en él el equilibrio. Poco puede imaginar que está abriendo las puertas de su propia felicidad porque un día una mujer atrapó en sus retinas una imagen efímera de la belleza en equilibrio.

Este es el relato:

“Mi inicio con los caballos, comenzó un día que estaba visitando un Centro Ecuestre y en el círculo de doma, había una chica de unos 30 años, muy delgada, haciendo el pino en un cinchuelo, al galope.
Mi sensación al verla, fue impactante, ya que de pronto me pareció advertir que el caballo, estaba pendiente de su amazona y que la sincronía era perfecta, que ella estaba entregada y que ambos confiaban el uno en el otro.
Afortunadamente, esto lo he visto muchas veces posteriormente y cuando ocurre es cuando se producen los “milagros”.
Lo primero que pensé fue que debía ser una amazona de campeonato y que estaría en lo más alto.
Mi afición e interés por los caballos, no se había manifestado en mi.
No era un animal que me sugiriera algo especial, ni me atraía la idea de cabalgar, ni me llamaba nada que tuviera que ver con él.
Yo estaba con un amigo, grande como un mallo, que como yo, observó como una chica que no pesaría más de 50 kilos, se sentaba después del ejercicio, en perfecto equilibrio, paraba un caballo de 500 kilos con toda la suavidad imaginable y lo acariciaba con enorme complicidad.
La mirada del caballo reflejaba satisfacción (o al menos eso me pareció a mí).
De pronto, entra en la pista una mujer con dos muletas, se las alcanza, la amazona baja con algo de ayuda del caballo, coge las muletas y se pone a andar de una forma más bien descoordinada.
Isabel, de 32 años, había tenido su primer brote de esclerosis múltiple a los 22 años, desde ese momento el deterioro iba en aumento, hasta que tuvo que desplazarse en silla de ruedas, entre otras cosas, porque su equilibrio le impedía hacerlo por su propio pie.
Llevaba 2 años montando a caballo y había conseguido, por un lado, parar los brotes y por otro salir de la silla de ruedas.
Su cara reflejaba alegría, orgullo y satisfacción, prácticamente indescriptibles.

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He tenido la suerte de ver resultados como los de Isabel en algunas ocasiones y éste semblante cientos de veces después.
Mi amigo se puso a llorar como un niño, preso de la emoción ante esta muestra de coraje, representado por la, aparentemente, endeble mujer que había decidido no dejarse llevar por los pronósticos.
Naturalmente yo también lloré.
Todo lo que había sentido me impacto de tal modo, que yo, una buscadora de todo aquello que pudiera ayudar el ser humano en su calidad de vida, decidí en ese instante que iba a aprender de qué se trataba esta experiencia.
No me echó para atrás el hecho de no saber nada de caballos, ni la edad, ni el riesgo.
A los 3 días yo ya estaba empapándome de caballos, cuando con mi Maestro Ecuestre, nos tropezamos con una potra perdida en la carretera.
Parecía asustada y huidiza.
Mi Maestro sacó una cuerda y me dijo que intentara ponérsela alrededor del cuello con mucha suavidad y después de tranquilizarla, que no hiciera ningún gesto brusco.
Con el tiempo he sabido que éste hombre, viendo los gestos y el comportamiento de la potrilla cuando nos acercábamos, más o menos ya sabía como respondería.
Y también me lo ha enseñado a mí.
De una forma totalmente espontánea, me comporté como si fuera una experta.
Inicié el acercamiento yéndome en paralelo a donde estaba ella y me quedé quieta, esperándola.
Ella se fue acercando a mi, me olió, se alejó, volvió, sin mirarla empecé a levantar la mano para que la oliera y después de acariciarla y sentir que confiaba en mí, algo que duró un tiempo largo, le di a oler la cuerda, la acaricié con ella y cuando la pasé por su cuello, ya se vio que no era algo ajeno.
En el instante en que pasé la cuerda por el cuello de la potra, sentí que era responsable de ella y que me seguiría al fin del mundo.
Iniciamos la marcha por la carretera, con el coche de mi Maestro detrás.
Por supuesto, cuando llegamos cerca de la granja donde vivía, perdí todo el control y la potra se me escapó a galope hacía su querencía (el pago de la novata).
Nunca más me ha vuelto a pasar, pero para eso he tenido que estar 24 horas sobre 24 dedicada a los caballos y cuanto más sé, más soy consciente de mi ignorancia.
Cada día me enseñan algo nuevo, ellos y las personas que con sus problemas, sus necesidades y su fuerza de voluntad me demuestran que hay muy pocas cosas imposibles.
Me pareció una confirmación de que estaba en el camino correcto.
Desde ese momento, no han dejado de pasarme cosas sorprendentes.

Georgina. Ecugaia.

  • Bello relato Georgina. Pero mas bella es aun la tarea que estas realizando en tu centro.
    Sí, tal como dice nuestro común amigo Gonzalo, los caballos no sirven solamente para pasar el rato… pero ha de haber gente inteligente y con corazón que les haga hacer de “buen amigo”, e incluso maestro en algunas ocasiones. Enhorabuena Georgina. Adelante con tu hermaso misión.

  • Alex, qué gusto leerte…
    Para información de Georgina y los demás amigos, Alex tiene una yeguada preciosa en Girona, y entiende a los caballos en la misma sintonía, como intermediarios entre el hombre y la naturaleza, como herramienta de equilibrio, como amigo.
    Besos y relinchos, a diestro y siniestro.
    Gonzalo.

  • Viviana

    Hola Gonzalo, espero tu consejo…Dios te guarde.

  • Claudia Fa

    Qué espléndida iniciativa!
    Me he quedado maravillada y, sobre todo, emocionada, especialmente al toparme con “la esclerosis múltiple”. Sé de su dureza devastadora, tanto a nivel físico como psicológico. Tengo dos hermanos que la arrastran desde hace unos años y uno, más que el otro, es arrastrado por ella…
    Me quito el sombrero.
    Larga vida al proyecto!
    Saludos.

  • Perdona Gonzalo, con respecto a domar caballos con música, te puedo decir que a uno de nuestros más problemáticos caballos lo domamos, pié a tierra, a base de boleros.
    ¡Je!
    Un abrazo.
    Georgina

  • Alex, un placer y espero conocerte pronto.
    Un abrazo.
    Georgina

  • ¡Qué interesante!
    El bolero tiene un ritmo muy parecido al trote… Tenemos que hablar de un montón de cosas. En cuanto sepa el tiempo del que dispongo en Grañén, y qué día, te escribo.

  • Ruth

    He tenido el privilegio de compartir con Equgaia diversas jornadas de todo tipo, de formación para profesionales, intervención directa con niños con dificultades, de intercambio de experiencias sobre el Caballo como facilitador… Siento y vivo a Georgina y a Equgaia como un Germen de Vida increíble… la Naturaleza, el Caballo, la Técnica y Sabiduría acumulada desde muchas disciplinas… y, sobre todo, la Creencia que ambos tienen en las Personas y en sus posibilidades de desarrollo, el deseo auténtico del trabajo por la mejora de la calidad de vida de las personas. Enhorabuena y gracias, Georgina, por los resultados increíbles que facilitas en muchas personas mediante su relación con los caballos, tengan dificultades física, psíquica, sensorial… o del alma… Qué distinto todo esto a “consumir” ocio, terapias u otros!!!!! Deseo, de corazón, recibas como mínimo, lo mismo que generosamente regalas. Un abrazo, Maestra.

  • Georgina, me gustaria mucho conocerte personalmente. Ya encontraremos la manera de hacerlo.
    Es espléndido que tambien vosotros utiliceis la música con los caballos. Ellos son tan sensibles… sincronizan sus movimientos y su ritmo. Son experiencias que se han de vivir. Hay mucha gente que no lo entiende… o no lo quiere entender.

  • Perdona por mi nick temporal. Me olvide de hacer el cambio. “Nadie” soy yo.

  • Qué hermoso diálogo entre todos… Y qué privilegiado soy, de poder asistir a él como un espectador más.

  • Carlos

    ¡Felicidades a todas las mujeres trabajadoras!… en especial a las que, como tú, regalan su tiempo y su amor a los mas desvalidos.

  • Pues yo aquí también puedo compartir experiencia “equina” ya que un día escribí unas palabras después de ver como mi hijo David, con síndrome de Down “conectaba” con su caballo(una yegua llamada Lola) y el equipo humano que trbaja con él en la terapia ecuestre en la Fundación Carriegos en LEON.Aproveché la famosa canción de Café Quijano: “Lola” y se la adapté a su caballo.
    David lleva casi cuatro años y ahora ya monta en silla y lleva riendas y hace ejercicios sobre el caballo. ¡¡Una pasada!! Y además, está arrebatador con su traje de montar.
    Un cálido abrazo “de papel” para todos los que como tú Georgina, hacen de lo cotidiano una experiencia extraordinaria con la sonrisa y la felicidad compartida del buen trabajo.