Noticias

un amigo, una poesía

Tengo un amigo poeta. Vive en una casa de tejado verde, tipo palomar, cerca de donde pacen una vaca blanca y otra café, aunque a veces no están. Es lo que hay que poner, más o menos, cuando se le manda una carta a Costa Rica, donde le conocí.

Se llama Minor Arias y nació en la selva. Recita como escribe, y escribe como recita: pura vida.

Minor se casó hace poco con Marcia, y hace menos aún tuvieron una hija, María del Mar, que nació antes de tiempo. Durante estos meses la angustia inicial se ha ido convirtiendo en gozo, y sus poesías también. María del Mar es ya también el hada madrina del Sáhara, porque las poesías de Minor a su hija se confunden y amalgaman con las que nos está regalando para la campaña “A por el mar” que protagonizará el curso que viene del Bubisher en los campos de refugiados de Tinduf.

Esta es la última de sus poesías: 

Mi rosa marítima
 
He visto la rosa sagrada,
la rosa inocente
que me eleva
por encima de la vida.
 
Nada antes me llenó
de tal ternura.
 
No puedo sino contagiarme de su belleza
y tomar su aroma
como un amuleto para el día.
 
Afuera el sol es suave,
alimenta pastos y flores,
mientras mi rosa también crece.
 
No conozco los paisajes venideros,
pero ya mis ojos han visto.