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¡20 años!

Qué despiste soy… Todo un año diciendo que el 1 de agosto cumplía 20 años desde que decidí dedicarme íntegramente a la escritura, y se me pasa la fecha sin un mal brindis…

Menos mal que Covi me lo ha recordado, y me ha felicitado. Gracias, Mosquita.

¿Y el balance? Maravilloso, desde luego. Me siento orgulloso de estos 20 años, en los que he escrito 30 libros libres. Nunca, ni una sola vez, me ha marcado nadie lo que tenía que escribir, ni cómo, ni cuándo. He escrito lo que ha salido de mi corazón, bueno o malo, sin más norte que la belleza y la verdad, porque la libertad ya venía de dentro.

20 años de libros y de amigos. Muchos, la mayoría ya, vinculados a los libros: otros escritores como Tina, Ricardo, Agustín, Carlo, Antonio, Mayte, Feli, Samuel, Limam, Jordi, Bahía, Minor, Manuel, Andreu, Ana; profesores o maestros como Palma, Carmen, Merche, Blanca, Leticia, Marisa, Viviana… Listas que se quedan siempre cortas, pero muchos sueños compartidos, cerca de las estrellas.

Y países, y ciudades, y pueblos: Ballobar, Medellín, Guayaquil, San José, Otur, Kyzyl, la estepa, la taiga… y el Sáhara.

No conozco lugar más bello que el más feo del mundo: la hammada, la mano infernal que sin embargo acoge a los refugiados, y les da escuela, hospital, comida. Allí hemos puesto en marcha un sueño: “Los niños del Libro”, descendientes por sangre de los Hombres del Libro del mágico Tiris, de “la badía”, entreverados ahora de cuentos en español. El Bubisher es mi mejor libro, porque es un libro compartido con cincuenta, cien locos maravillosos que han hecho que mi fe en la especie humana se refresque, que crezca. Un sueño nacido de niños que acaba en niños.

20 años de libros, de sueños: siempre de libertad. Gracias a la vida, a coro con Violeta Parra, gracias a la vida, que me ha dado tanto.