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VIDEOENCUENTRO. UNA EXPERIENCIA MARAVILLOSA

Acabo ahora mismo. Cansado, pero feliz. Un encuentro a través de la cámara con los chicos y chicas del IES Miguel Durán, en Azuaga, Badajoz.

El dolor físico (da igual cuál, un dolor) me tiene inmovilizado en casa, y he tenido que renunciar a ir la semana que viene a Zaragoza y Huesca, mi otra casa, un rosario de centros y clubes de lectura en los que respiro la vida. Y posiblemente todo lo que resta de curso, ya.

Pero, por suerte, la tecnología ha llegado justo a tiempo. He hecho muchos ya, pero el videoencuentro es no solo una solución: es un hallazgo. Los chicos de Azuaga y yo hemos disfrutado, nos hemos reído. Les he enseñado una foto de mi madre cuando era joven, me he puesto un sombrero caló para hablar de Maíto. Les he enseñado mis libros y la playa de Tapia desde mi ventana: mi vida, que no es importante, aunque para ellos, esta mañana, sí.

Las preguntas han fluido, las respuestas creo que también. María José y Carmen se han emocionado, Roberto ha sufrido controlando la imagen y el sonido, pero también ha disfrutado. Todos han estrechado sus brazos en torno a ellos mismos para prometerme que sí, que hoy abrazarán a sus padres como Maíto abraza al suyo, Panduro, en el último capítulo del libro: un abrazo por sorpresa, sin más razón que porque sí: Porque Sí. Recolectemos abrazos, no nos dejemos ni uno, para que cuando llegue el invierno del querer, que es la muerte, los tengamos en la despensa de nuestra memoria. Como el Frederick de Leo Lionni recolectaba colores, rayitos de sol tibio y palabras-poesía.

De dónde el libro, cómo la inspiración: las preguntas. Y las respuestas, que nacían con facilidad desde mi corazón.

Y el Bubisher, claro. Inevitable. Como este era un encuentro fuera de programa y editoriales, les pedí que pagaran al Bubisher, directamente: nada menos que un mes de funcionamiento, por una hora de gozo compartido, por la vida.

Y los chicos  me han prometido que van a hacer un rastrillo solidario de libros ya leídos y videojuegos ya aburridos, para comprar libros de los que hacen falta en el Bubisher. Los firmarán, los llenarán de cariño y de ganas de compartir, no de dar limosna. Qué bien.

Y les he propuesto la lectura de un libro “conmigo”: El Lobo, de Jospeh Smith. A ver qué nos parece.

Quiero más. Ahora que no puedo viajar, los videoencuentros. La semana que viene, alguno en Aragón. Inchaláh.

Gracias a María José, a Carmen, a Roberto, a Laura, a Carmen, Mari Carmen, Fernando, todos los chavales y chicas que me habéis hecho pasar un rato más de vida, de la que merece la pena.

videoencuentro-con-foto1 En la foto, compartiendo recuerdos.