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CAMA Y CUENTO. A BALLOBAR

Le debo mucho a Ballobar, patria de los cuentos.

En Ballobar, por primera vez, descubrí que había alguna continuidad en lo que había escrito hasta entonces. Desde aquella noche mágica (Carmen y Merche saben mejor que yo en qué año fue) empecé a tomarme este trabajo (y a mí mismo) un poco más en serio.

Ballobar fue la cuna de los clubes de lectura Leer Juntos, y sólo por eso ya debería figurar en todas las guías culturales de este país. Y cada dos años se celebra allí uno de los congresos sobre Literatura Infantil y Juvenil con más sentido.

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Y en Ballobar nació este librito, una mañana en la escuela, con Olga sentada en mis rodillas y otros muchos niños a nuestro alrededor. El pequeño drama de Olga era que su madre últimamente no le contaba cuentos. Allí mismo se me ocurrió una idea, una pequeña gamberrada que transformé en cuento. Le di vueltas durante meses, lo aparqué, lo saqué del garaje, hice alguna versión, lo volví a encerrar. No sé en qué otro colegio, una niña me dio la clave que le faltaba. Hablábamos de “En un bosque de hoja caduca”, y ella me decía cosas de parte de su madre, que también lo había leído. Y allí estaba, claro: este cuento fallaba hasta entonces porque sólo lo veía desde el prisma de la niña, pero ¿y la madre?

Y aquí está. Una vez más, no Literatura Infantil (o eso intento), sino literatura sobre la infancia, sobre la etapa de la infancia, tan pequeña en años, pero con tanto peso en nuestras vidas. En lo bueno y en lo malo.

Ni siquiera sé en qué momento hablan las dos, madre e hija, de cuando Malva aprendió a leer y se acabaron las noches de Cama y Cuento. Lo intuyo, pero como no lo he escrito, lo dejo al lector. Que él lo intuya, que lo sepa, o que no.

Y Lucía Serrano, claro. Me enternece cómo ha entendido lo que había en el texto. Lo ha ilustrado deliciosamente, no hay otra palabra. Es un gusto, Lucía, va por ti, por Malva, nuestra “hija”.

Y dos agradecimientos más: Palma, mi motor en estas cosas del escrivivir, ya que vivir a secas se me da bastante peor. Me empujó, me ayudó, me corrigió, me sugirió. Y Rocío, editora de verdad: no de “sí” o “no”, sino de venga, de las de “nos arremangamos, y a ello”.

Sólo falta algo: ¿cuándo acabamos con esa herida en los lomos del libro, ese “a partir de… años”? Me duele, cada vez: es como un clavo mal puesto en la herradura de un caballo: entra en la carne.

Y, en fin, ya estoy deseando que alguien lo lea, y podamos empezar a entenderlo: no es hasta que voy a un colegio para hablar de un libro que empiezo a comprender el sentido de lo que escribo. ¿Cuál será el de Cama y Cuento, más allá de las apariencias?

PARA VER Y DESCARGAR EL PRIMER CAPÍTULO:

http://www.anayainfantilyjuvenil.com/catalogos/capitulos_promocion/IJ00269301_9999991337.pdf

  • Apuntado queda para nuestra tertulia.
    Siempre es un placer leer libros tuyos, tenemos un estupendo recuerdo de Tuva
    Un abrazo

  • ¡Gracias, Ángeles! La tertulia de Diagonal, en Segovia, ¿no? ¡Qué lujo!
    Gonzalo.

  • Meribel

    Intenté leer el primer capítulo pero de momento no he podido, soy lenta en estas cosas de internet. Por como lo cuentas apetece leerlo entero ya mismo, y entiendo esa herida impresa en el lomo de tal a tal edad, porque hay libros supermegafamosos que lo peor de todo es que no tienen edad porque no son leíbles a edad ninguna sobre la faz de la tierra. Es lo de siempre, a unos tanto y otros tan poco.
    Pero que satisfacción poner en el mundo lo que uno quiere. Esa es la gran aventura de tu oficio. Enhorabuena.

  • Ana

    Enhorabuena, Gonzalo.

  • Feli

    Un alegría ver “Cama y Cuento” publicado. Una delicia de historia que nos devuelve a nuestra infancia, y espolea nuestras propias experiencias.No, no es un cuento sólo para niños. La voz de malva y la de su madre, empujan a una reflexión a los que somos padres. La que no hice yo cuando dejé de contar cuentos a mis hijos, porque consideré que “ya sabían leer y eran mayores”. Y siendo sincera, me siento culpable: demasiado pronto.
    Gracias Gonzalo y enhorabuena.

  • Delicioso cuento. Por lo que he visto en el primer capítulo estas dando el valor que se merece a contar cuentos a nuestros hijos. A enseñarles a vivir soñando; a soñar, dormidos o despiertos; a hacer volar la imaginación.
    Enhorabuena, Gonzalo

  • Gracias por todos los comentarios y todas las enhorabuenas. Sobre todo viniendo de quienes vienen… ¡Espero que luego no os decepcione!

  • luisa

    Tu primera lectora “infantil” de Cama y cuento sigue profundamente enamorada del relato. Lo conserva en unos folios grapados con cubierta que ella dibujó. Se llama Mara, casi Malva, vive en Vigo y aún se pregunta si estarás dentro de su armario espiando sus pensamientos.
    Besos de Mara y su madre.

  • Yolanda

    Los cuentos tienen los remedios para superar o recuperar cualquier fuerza vital perdida.Los cuentos engendran.emociones,tristezas,preguntas .Están repletos de instrucciones que nos guían en medio de las complejidades de la vida.,

    Y también la importancia de la narradora de los cuentos,que entra en un mundo dentro de otros mundos,el cuento es contado a través de ella.Invoca al duende,el viento que sopla el rostro de los oyentes y les infunde espiritu.
    El narrador nunca sabe qué saldrá ,en eso consiste la magia del relato.
    Enhorabuena,por tu nuevo libro,lo leeremos .Yolanda.

  • me dejas que lo ponga en el el blog’
    Como estás?
    un beso
    no es un telegrama pero a que se parece?
    Besinos

  • Vero Araluna

    Las palabras del delfín hacia Malva, me han gustado tanto, que casi que podría decir que son una frase que llegó para quedarse:
    «Son tan hermosos mis sueños que a veces, cuando estoy despierto, juego a que estoy soñando».
    Filosofía de vida, de no perder nunca la habilidad de soñar y perseguirlos, realizarlos, disfrutar sus sueños. ¿A que sabría la vida sin ellos?
    Y mientras leía, parecía escuchar todo el escenario del cuento, increíble, ha sido solo un capitulo, cortito, pero como siempre tiene su sello, nos transmite, nos remonta! Gracias por ese rato de ilusión y recuerdo de la niñez! Vaya que se disfruta!

  • leinan

    Hola ,son muy buenos tus libros sobre todo Maito paanduro.
    Manuel-

  • ¡Conozco una Malva! Una Malva de mi edad…

    Le regalé mi ejemplar de “Cama y cuento”, porque no podía hacer otra cosa, sin más palabras que “Era tuyo desde que lo tuve”. Y, efectivamente, cuando acabó de leerlo me dijo: “¡Pero si soy yo!”

    Enhorabuena.

    Un abrazo desde Tarragona 🙂

  • Qué bueno, encontrar a una Malva del mismo nombre, y que siente que esta “es ella”…
    Tuve el otro día sobre mis rodillas, de nuevo, a Olga, la niña de Ballobar que causó esta historia, hace ya seis años. Fue todo estupendo, sobre todo cuando alguien dijo por detrás que en la realidad su madre solo dejó de leerle los cuentos una noche. Así que tuve la suerte de ir a su escuela justo en esa mañana.
    Da igual, porque en la mente de un niño, un día puede ser todos los días.
    Y lo importante no es la anécdota, sino el extraordinario vínculo que crea entre padres e hijos el rito nocturno de los cuentos…

  • Me encantó esta historia. Me hizo estremecer y me toco por dentro. Cuando los niños se hacen mayores las cosas van cambiando y al final siempre dejas de leerles cuentos. Me gustaría que cuando sea mayor y ya mis ojos no puedan leer mis hijos me lean cuentos.

  • eldeyar

    Gracias, Luisa, de corazón. Ya sé que no es políticamente correcto, pero… Ayer pensaba, precisamente, que lo tenía que haber titulado más fuerte: Aprender a leer es horrible. Jaja, solo de pensarlo… Pero es que para Malva lo es. A veces, nada es lo que parece, o lo que mejor queda.

  • Pingback: «Cama e conto», de Gonzalo Moure, en Trafegando ronseis | Xerais()

  • me encanta su cuento CAMA Y CUENTO ♥