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EL HOMBRE QUE ENTRABA POR LA VENTANA (un fado vagabundo)

Ya tengo en mis manos, gracias a la generosidad de Javier Sobrino, un ejemplar de “El hombre que entraba por la ventana”. Y estoy emocionado por la valentía de su editor, Felipe Samper, y de la editorial, SM, y maravillado con el trabajo, ya visto en papel, de su ilustrador, Gabriel Pachecho. A él le cuadraría mejor la palabra con la que alguna vez sugerí designar a su profesión: Imaginador.

Gabriel ha hecho posible que un enorme barco navegue por las calles de Lisboa, una transustanciación del tranvía “marelo” que muchos conocéis. No estaba muy seguro de que la protagonista de la historia, María Luces, debiera aparecer en las “imaginaciones”, pero Gabriel lo ha hecho de tal modo que ahora sí, estoy seguro. De verdad, id a una biblioteca, y mirad cada una de las imágenes como si estuviérais en El Prado. Y después, si os apetece, leed la historia. Porque otra de las apuestas de la editorial ha sido atreverse con un álbum que tiene texto. Mucho, y muy denso. Y nada complaciente, desde luego.

Nació este libro hace ya algunos años en Alicante, escuchando a un buen amigo a corazón abierto. Y de tanto dolor, nació esta historia. Que se sustanció por fin una mañana, en un barrio de Lisboa, en casa de Paco Faraldo. Paco no canta fados: o sí: los canta con un saxo en sus labios, en tabernas lisboetas en las que se oficia la misa triste del “Fado Vadío”. La gente de la calle, los obreros y comerciantes, y mucho más, sacando fados del alma. Entonces comprendí que aquella historia que esbocé para José  Luis sobre una servilleta, era en realidad un fado.

Y aquí está, por fin. Para ti, para mí, para todos.