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EN LA NUEVA VIDA DE JUAN FARIAS

Llegamos tarde, Miguel. Hubiéramos querido que todos los que pasamos por Fuelabrada, donde conocimos muchos a Juan, le hubiéramos dado un homenaje. Lo hablamos hace pocas semanas: pues en la próxima edición. Pues no, porque Juan Farias no estará. Al menos en cuerpo y orejas.

He intentado que aquel periódico que creíamos un poco nuestro, El País, publicara al menos una nota por su muerte. O una triste carta triste al director. Pues no. Pues tampoco. Se acordarán como cada año de la LIJ en agosto, por las ventas. Y por navidad. Nos da igual, en el fondo. Sabemos, desde que otro gallego maravilloso y genial, Agustín Fernández Paz, lo dijera, que la LIJ es invisible. Para ellos. No para los miles de lectores, sobre todo para los que han formado su sensibilidad, su gusto por la lectura leyendo a Juan.

Le seguirán, le seguiremos leyendo. Y cada vez que un niño abra un libro de Juan Farias, su corazón volverá a latir, porque será el mismo instante en el que él escribía esas páginas. Que eran valientes, que eran limpias. Que no buscaban lectores, ni nada. Que salían del alma.

Visitad en facebook todas las entradas de muchos de los que quieren a Juan, más allá de la vida y la muerte: “Juan Farias, siempre”.

Hoy me ha mandado Ana Lavatelli una preciosa poesía para los que quisimos, le queremos y le querremos:

Cuando un hombre muere
muere con él su primera nieve

y su primer beso y su primera batalla
todo esto él  lo lleva consigo

Quedan  los libros, los puentes
los aparatos, los lienzos de los pintores

Es cierto, mucho va a quedar
pero siempre algo desaparece.

Es la ley de un juego cruel
no son hombres, los que mueren. Mas bien mundos.”

 

Hace unos meses colaboré en el homenaje que le dio la OEPLI, con este texto. Va por ti, Juan. Va por ti, Miguel, que tanto le quieres.

Si fuera un niño le pediría a Juan que me cogiera de la mano

 

y me llevara a ver el mar. Y ya en la playa, o en el acantilado, le pediría que me contara un cuento. Que lo sacara de las nubes, de la espuma y las gaviotas. De la memoria.

Pero me basta con abrir cualquiera de sus libros para que ese milagro suceda, para sentir mi mano en la suya, porque cuando escribe es como si te llevara a ver el mar, o a bucear en sus recuerdos. Pocos lo logran: escribir tan recto como para que las palabras no sean más que notas musicales que te conducen a lugares o tiempos remotos, al corazón de otro que no fuiste pero que, de pronto, eres.

Hace unos años propuse a un grupo de amigos que pidiéramos a la Real Academia un sillón para Farias -nos bastaba con la f minúscula- como representante de la literatura infantil en castellano. Entendida como él la entendía: no literatura para niños, sino literatura sobre niños. Que ni es lo mismo ni tampoco es igual. Para que la defendiera del desprecio o de lo que otro gallego maravilloso, Agustín Fernández Paz, definió como “invisibilidad”. Como si lo que leen los niños no fuera decisivo, como si esa no fuera la literatura seminal que marca su futuro, que arraiga en su corazón, trepa por su mesilla de noche y florece en la biblioteca particular de cada uno.

Aquello no fue posible entonces: por lo obvio, por las pequeñas miserias, las que nos nublan a todos las vista. Y tal vez no sea ya ni siquiera oportuno. Y por eso lo hago, para seguir caminando un poco más de su mano, porque él nunca se pliega a lo oportuno ni a lo correcto, porque escribe con las entrañas, porque para él el compromiso es simple y diáfano: consigo mismo, con su memoria, con su mirada. Incapaz de fingir, de tratar de ser quien no es.

Por todo eso es por lo que, si fuera un niño y me llevara a ver el mar, le daría las gracias. Y como no lo soy, es también por todo eso por lo que abro las páginas de uno de sus libros, y las siento como dedos, nudosos y tibios, y le digo lo mismo: gracias.

 

  • Triste pérdida para los que lo amasteis. Me siento afligida y me pongo cerca de vuestro corazón para sentir su lamento.
    Tanto el verso de Ana Lavatelli como el texto son de una sensibilidad envidiable.
    Estoy contigo, Gonzalo.

  • eldeyar

    Gracias, Alex. Sí, ha sido una pérdida. Y lo triste es ver la minusvaloración de los medios “importantes”. Para no volver a comprarlos jamás. Pregúntale a un niño que haya leído a Farias.

  • En “su cesto lleno de palabras” encuentro cada día todo lo que necesito para seguir amando la literatura y las horas de lectura en cualquier momento, con cualquier disculpa, porque sí, porque quiero y me apasiona… PALABRAS…, PALABRAS…, “UN CESTO LLENO DE PALABRAS”,,, tan solo eso precisa un gran escritor como Juan Farias para darnos lo mejor en cada una de sus historias. Suerte que tenemos los que aún creemos que ser niño es algo extraordinario y nos aferramos a esa posibilidad de mantener “nuestra infancia” indefinidamente a través de los “Amigos de papel” compartidos con nuestros hijos.
    Lo demás, los reconocimientos, homenajes y sillones en la REAL ACADEMIA,,, son migajas en el sendero trazado por los muchos lectores que han crecido y seguirán haciéndolo “de la mano” de Juan Farias.
    Desde mi rincón de León, mi cálido abrazo de papel para él…

  • Gracias por tus palabras en nuestro blog. Me alegro de que te gustara Olivenza, y espero que volvamos a encontrarnos, tal vez para otra actividad tan agradable como la que compartimos el día 14.
    Recopilaré todas las fotos y las colgaré en el blog, posiblemente la semana que viene.
    Un gran abrazo,
    Elena

  • Begoña

    Cuando un escritor se muere permanecen todos los escenarios a los que dio vida. Todos los personajes reales e imaginarios que trasladó a su obra, junto a todos los sentimientos y situaciones que les hizo vivir. Cuando un escritor se muere algo suyo prevalece entre sus letras, el pulso exacto con el que escribió.
    Saludos

  • Clara

    Con Juan Farias he pasado buenos momentos de infancia, he leido casi todos sus libros y le he visto en persona 2 veces.
    Saludos
    Clara

  • Gonzalo

    Teresa Sorozabal 23 de junio de 2011 18:01
    He comenzado un homenaje personal a Juan a través de esas frases suyas únicas que devuelven la certeza de que lo verdadero también tiene cabida en este mundo:
    #JuanFariassiempre “Me gusta ser pescador. Quizás decida ser pescador para siempre y en los ratos libres escribiré sobre cosas verdaderas” (Un tiesto lleno de lápices)

  • Hola, Gonzalo. Nuestra Biblioteca lleva su nombre desde el pasado 25 de octubre. Un acto precioso en el que estuvieron presentes tres de sus amigos en Galicia: Xavier Senín, Paco Martín y Xabier DoCampo. Nos queda la satisfacción de haberlo hecho este curso y la pena de que no hubiera sido muchos años atrás. Un cúmulo de circunstancias han hecho que fuese así y lo sentimos profundamente.

    No llegamos a conocerlo, pero estuvimos en contacto con su familia, que recibió siempre con cariño y agradecimiento nuestros proyectos. Desde entonces nos sentimos,”humildemente”, parte de su mundo.
    Leer tu texto nos emociona e identifica.

    Un saúdo agarimoso desde a Biblioteca Xoán Farias, en Ferrol.

  • Demostró que la literatura para niños tenía que llegar con idéntica o más fuerza al corazón de los adultos.

  • eldeyar

    Sin duda, Pilar. Cuando la literatura es auténtica, no sabe de etiquetas, ni tiene públicos predeterminados por nadie. Juan fue escritor, y tuvo la dicha de ser leído por miles de niños. O más bien ellos tuvieron la dicha de que su literatura no les despreciara ni como objetivo de ventas, ni como aprendices de nada. El respeto, el respeto. Esa es, esa fue la clave de Farias.