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ANTONIO POMARES. SIN ÉL, EL BUBSIHER NO HABRÍA ARRANCADO.

Ayer acabó la batalla de Antonio Pomares, mantenida duramente contra el cáncer en los dos últimos años. Duele, duele mucho. En la larga lucha de la sociedad española por el derecho del pueblo saharaui, Antonio ha sido uno de los mejores. Y no solo desde el derecho político, sino sobre todo desde la cultura. Él y su gente entendían esta lucha del mismo modo que el Bubisher: solo serán libres, al margen ya de su destino político, si son cultos. Su proyecto, “Sáhara habla español”, se dirige a los maestros, a los que reciclan en cursos en el 9 de Junio todos los años. El nuestro, a los niños y a los jóvenes: dos manos de un solo cuerpo. Y así le conocimos, cuando el Bubisher, alegre, optimista sin solución, desembarcó en el campamento del 27 sin más referencia que la que nos había dado Antonio: su jaima, un plato y unos vasos de té. Y él nos presentó a Yuri, a la ministra, y junto a él conocimos a Cristina, a Joaquín, a Enrique, a Gloria. Con dos de sus maestros, Cristina y Enrique, entramos por primera vez en una escuela, la del 27, momento que recoge el documental de Irene, “El pájaro de la buena suerte”. Y de su proyecto surgió Daryalha, una de las mejores en aquel curso, y ahora nuestra compañera. Nunca podremos saber lo que habría sido del Bubi sin Antonio. Y entre todas las posibilidades, hay una que nos evitó: quedar varado en la arena, como tantos proyectos llenos de buenas intenciones.Antonio Pomares (algunos siempre te llamaremos “Berikalla”, en nuestro corazón) era uno de los españoles que más sabían de los hombres del libro saharauis. Incluso acariciamos juntos el proyecto de traducir y editar “Al kitab el badía”, el libro de la badía de Chej El Maami, y él tenía la única gramática de hassanía, también de El Maami. Antonio conocía a sus descendientes, y acariciaba un millar de hermosas ideas para que el mundo conociera la riqueza de una cultura que quiso enriquecer dándole dimensión mundial a través del castellano.
Nos ha dejado muchas cosas, y el Bubi rueda con aquel primer impulso. Seguiremos, codo con codo con su proyecto, y en cada tropiezo invocaremos su fuerza y su bondad. No dejes de echarnos una mano, y luego nos fumaremos juntos un pitillo.