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EL ÁNGEL, LA PENA Y LA ESPERANZA: MAGA.

Debía de andar últimamente pesimista, porque escribí uno de esos relatos de menos de veinte palabras que tanto me gustan, y me salió uno que decía “Antes de apagar la luz que se había dejado encendida, el ángel miró al mundo y dijo: qué pena.” Era la segunda versión, y la primera sonaba aún más terrible, aunque dijera lo mismo (misterios de la química de las palabras): “El ángel se acordó de que se había dejado una luz encendida. Volvió, y antes de apagarla miró al mundo y susurró: qué pena”. Veintitrés palabras para expresar el desánimo. Que me absorbió.
Y, de pronto, sonó el teléfono, y en unos segundos todo cambió: ha nacido Maga. Me lo dijo Limam, que un día cogió su cartera y vino a Rabuni a decirme que sería el encargado de llevarme a recorrer el Tiris y cambió mi vida. Tiempo después apareció Zahra en la suya, y también para cambiar. Nadie que no les conozca puede imaginar la suma que forman Zahra y Limam. Cuando allá por el mes de febrero anunciaron que iban a ser padres todos nos alegramos, claro. Como ahora me alegro tanto del segundo embarazo de Ana Moure, una hermana o un hermano para Carmen. Pero ahora es distinto, porque ya está aquí. Ayer todos los teléfonos y correos del Bubisher ardían. Maga, nada menos. Maga Boisha Abdalahi, a la española, y Maga Limam Boisha a la saharaui, aunque me gustaría más Maga mint Limam u Zahra: Maga, hija de Limam y Zahra. Un enjambre de nombres para, al fin y al cabo, uno solo: Maga. Como su tía, que estará muy orgullosa también. Maga verá el siglo XXII. ¿Verdad que da vértigo? Verá también el fin del exilio de su pueblo. Porque aunque crezca en España, será saharaui siempre, no hay quien lo dude. Maga nos ha hecho a todos los que queremos a sus padres, y sobre todo a los bubisheros, un poco abuelos, un poco tíos, un poco más compañeros. Maga y mi nueva sobrina jugarán juntas en la playa de Santa Gadea. Y el ángel, que sí, ya casi se estaba yendo, cambiará de idea. No pagará la luz. Encenderá dos velas. Por la vida, por la esperanza. El primer pase mágico de una niña que ha nacido con estrella. Bienvenida, y ojalá que nos bendigas y nos digas: bien hallados.