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CINE DEL OCEJÓN. CONTRA LA CRISIS TOTAL, “ACCIÓN” LOCAL

CINE DEL OCEJÓN. CONTRA LA CRISIS TOTAL, ACCIÓN LOCAL

Es fácil levantar una ceja, retirarse, esconderse, no hacer nada “puesto que nada se puede hacer”. Contra esa parálisis se ha levantado la indignación: llover hacia arriba, nevar copos blancos contra el gris y el negro pesimismo. Este fin de semana he estado en Majaelrayo, Campillo de Ranas, el Ocejón: los pueblos negros de Guadalajara, tan en el centro y tan lejos. Allí llegaron hace siete años María José y Álvaro. Compraron la casa de Paquito, el centenario que cocía pan, cuando el anciano ya hacía las maletas. Y la habitaron en relevo perfecto, la llenaron de retazos de vida abigarrada y sutil. Pero vieron que la comarca languidecía. Pusieron en marcha una biblioteca sin un euro pero con mucho cariño. Y se dijeron: puesto que lo nuestro es viaje, porque estamos aquí por azar y viaje, ¿qué tal un certamen de cine viajero? Por suerte, había otros “locos”. No sé si muchos, pero suficientes para poner en marcha todo un festival. De nuevo sin un euro, sin una subvención (tan fáciles son las subvenciones como duros sus nudos). Han pasado ya en las dos anteriores ediciones Arsuaga, Sebastián Álvaro, muchos otros nombres importantes. Y muchos otros nombres emergentes.

Como no podía ser de otro modo, el Bubisher llegó a Majaelrayo por los cruces de caminos. En los que coincidió Félix Albo. Y poco después allí estábamos, cargados de libros, con la maqueta del Bubi de Taquete, y con mucha ilusión. Estrenábamos el corto “Así ven los niÑos saharauis el Bubisher”. Estreno universal del proyecto más local, en un festival universal en el marco más local. Se puede, claro que se puede. Rendirse es morir. Hacer es vivir.

El Bubisher se ha sentido en casa, tan lejos de Smara, este fin de semana. La sociedad civil hace lo que la oficial ni hace ni le importa.

El festival del Ocejón es una delicia. Desde un corto hecho por los niños de la escuela del valle, hasta películas complejas y duras, pasando por cortos de animación, memorias de los viajes insólitos, ecos de la inquisición, y Sáhara, mucho Sáhara. Circoa presentaba también su documental sobre las mujeres saharauis, y cuánta emoción, qué largo escalofrío por las espaldas de los espectadores, algunos de los cuales ya sabían, pero en minoría frente a los que no, no sabían. Todavía, porque para eso está el cine, y las sillas colocadas en la “Casa del maestreo”, y los problemas técnicos resueltos, y tanto, tanto pequeño esfuerzo. Nuestro pequeño documental no podía tener mejor cuna. Al final, en el bar, todos cantaban “Mano con mano, buscando al Bubisher”.

Nos fuimos, pero nos quedamos. Nos despidieron, pero nos dijeron hola. Nos reconocimos los unos en los otros. No hacer nada es bendecir la nada. Hacer es derrotar a la derrota. María José, Álvaro: qué lección. Félix, gracias por viajar tanto.