Otras

ESTA, LA VIDA.

Hace más de un año Mónica Rodríguez me mandó un texto. Potente, terso, de una cálida sequedad. Fascinante.
No me pude contener. Le pedí que me dejara alternar el suyo con otro texto: paralelo y convergente, al mismo tiempo. Complementario. Una novela, pero un ensayo en realidad: sobre el mundo, sobre la vida, sobre la mirada, sobre la subjetividad, el bien y el mal, o la inexistencia del bien y del mal. No lo sé, y por eso escribo: porque no sé, porque creer que se sabe es el peor de los venenos.


Ahora ya es un libro. Lo mandamos a un premio de literatura, porque con más fortuna o con menos, creíamos que era literatura. No ganamos, pero no nos rendimos. Ahora lo edita una editorial valerosa, en una colección ejemplar: Alandar, Edelvives. Una preciosa edición.
Este es su arranque, el de Mónica, o el de…

“CAMINO

sigilosa por la penumbra del bosque. Me llegan los ruidos de la tarde, el incesante bullicio de los insectos, el aullido de un mono. A veces el crepitar de una hoja me hace permanecer inmóvil un instante. La luz se filtra entre las ramas y crea este laberinto de sombras por el que transito y me oculto. Mi sangre fluye y hierve porque necesita de otra sangre. Busco, huelo el calor de otros cuerpos.
Salgo a la maleza y me agazapo. Entonces los veo. Percibo su pulsión de vida dilatándose y contrayéndose en este aire cálido de la tarde. El sol cae. Tenso los músculos y observo. Aún están lejos, pero puedo distinguir sus formas y el olor. Este olor que me excita y me hace abrir la boca y sentir mis colmillos rozando el labio inferior, sedientos.”

Mónica Rodríguez es una de las nuevas voces de la LIJ española, si no la nueva voz. Estos dos últimos años han sido suyos: varios premios, varios libros editados en Edelvives, Anaya, Everest y SM. La bicicleta de Selva, La sombra del mebrillero, Cuentos de té y otros árboles, Diente de león, Palabras caracola… No sé cuál me gusta más.
Por suerte, escribe torrencialmente, y lo piensa seguir haciendo. Lo que me deja respirar tranquilo, a medida que espacio más y más mis libros. Ha sido un placer enorme, lleno de significado para mí, compartir las páginas de su libro. Porque aunque sea nuestro, sobre todo es suyo: su casa, su corazón, su rugido.

  • eldeyar

    Una amiga ha colgado un comentario en su blogspot, días de lluvia. Le gusta que la mano madura tome la de la mano nueva.
    Esto le he contestado:

    Mónica y yo ya tenemos una historia. Me mandó, sin conocernos, un enorme manuscrito. Fue hace años, ya muchos años. Tantos que yo era lo mismo que ella ahora: alguien nuevo, que ha ganado un par de premios, pero que aún avanza con la linterna en la mano, sin saber muy bien por dónde. En aquel manuscrito dormía una gran escritora. Digo bien: dormía, aún. Estos han sido años largos. Me he asentado, he doblado el Cabo de Hornos, ya sé a dónde va mi barco: a un puerto final, sin banderas ni cañonazos. El suyo zarpó hace un par de años. Decidió, como yo hace 22, dejar su trabajo seguro y dedicarse a su pasión: escribir. Escrivivir, más bien, como yo en mis mejores años.
    Ahora escribe bien, muy bien, mejor cada día. Ha pulido, ha aplicado en parte (como yo) la exigencia de mi maestra, mi madre: quita, quita, todo lo que no hace falta sobra, quítalo. Ahora escribe mejor que yo, con mucha más fluidez. Esta, la vida, lo demuestra. Los dos estilos coinciden a ratos, a ratos se diferencian muy bien: lo que nace, lo que muere. Es un libro sobre las dos, las múltiples miradas. Ya lo he dicho en mi blog: no es una novela, es un ensayo sobre la mirada, que es lo mismo que decir sobre la ceguera, la nuestra con respecto a la otra mirada. Se puede leer como una novela de acción, lo es, hay vida y muerte, hay emoción e incertidumbre, hay amistad, grupo, soledad, nacimiento, dolor del cuerpo, dolor del alma, amor, pulsión, instinto. Pero todo eso es la excusa para reflexionar: lo que somos, lo que es el otro.
    Por eso te agradezco que hayas incluido este comentario en tus días de lluvia. Se deja inventar. Qué gran reflexión.

  • Y esto es lo que yo he contestado:

    Si algo hay de bueno en mi literatura, si algo hay de literatura en mis textos se lo debo a Gonzalo. Él desde hace muchos años, con una generosidad y una fe desmedidas, ha estado ahí, detrás de mi pantalla del ordenador, detrás de los latidos de mi corazón. Esas manos que ahora unimos en este libro me las tendió hace años y yo – mira tú-, no he querido soltarme de ellas.

    Es cierto que es difícil abrirse camino en este mundo y que muchas veces se pierde la esperanza, por eso, para seguir trabajando y tener confianza en uno mismo, mejorar, pulirse, trabajar y más trabajar, una mano como la de Gonzalo es un árbol en medio de un océano.

    Para mí este libro es eso: ¡un sueño! tener un libro con Gonzalo, haberlo creado juntos, haber escrivivido juntos. Yo estoy convencida de que el resultado merece la pena, como mereció la pena el camino, porque es sincero, porque hay mucho de nosotros, de nuestras diferencias y de nuestras semejanzas, porque el libro no es una respuesta, es una pregunta. Porque está escrito desde el instinto y también desde la reflexión.

    Gracias por hablar de él y comprender que para mí esto es, en verdad, un sueño.

  • eldeyar

    Jo. Gracias. Pero no es verdad. Me mandan muchos originales. Amigos y desconocidos. Algunos no merecen más respuesta que unas frases de ánimo, otros merecen mucho más. Y se lo intento dar. Constructivamente, claro. Tengo una especie de lema: “A libro publicado, palmadita y encantado. A libro por publicar, duro y a matar”. Es el momento de ayudar. Pues bien, a ese “duro y a matar” figurado la mayoría me responden con un silencio nada figurado: espeso y pesado. Mónica, desde el principio, era ya una enorme escritora, con un estilo casi único, con una capacidad para generar imágenes que he encontrado en pocos “consagrados”. Pero esa misma exuberancia acababa por ahogar sus textos, que se convertían en una selva. Y los mismo pasaba con su imaginación, que se desbordaba en todas direcciones. Poco a poco logró, puede que con mi ayuda, pero sobre todo con su disciplina, domar aquellos excesos. Era como si hubiera conseguido domar a un caballo salvaje que, antes, a menudo la derribaba. Ahora lo lleva bien afirmado bajo sus muslos, y consigue lo más precioso de la literatura: que haya en sus textos mucho más escondido que a la luz. Que haya más en el espacio en blanco entre las líneas que en las misma líneas.
    Mónica, escribes como nadie. Tengo mi propia visión, y ahora ya me la reservo. Intuyo por dónde irás, es más, creo que sé por dónde tienes que seguir progresando para que tu literatura pase de importante a imprescindible, una voz única. Pero me lo reservo, porque sé que ese es ya tu camino. Cuando a un jinete le dice su instructor “junta las rodillas a los flancos” solo quiere evitar que se caiga. Pero después ya es cosa suya, hasta que convierte al caballo en parte de sí mismo, algo que solo el jinete puede conseguir, que el instructor ya no puede enseñar de ninguna de las maneras. El instructor se sienta, bebe un vaso de té helado, y disfruta viendo. O leyendo.

  • Espe

    ¡¡Enhorabuena a los dos!! Lo buscaré para leerlo.
    Un abrazo.

  • Palma

    Un sueño que se hace realidad con cada libro. Que sigáis soñando mucho los dos, para tejer sueños en otros, para seguir abriendo miradas.
    Un abrazo

  • Gonzalo

    El libro estuvo “bailando” entre Ala Delta y Alandar. Si hubiera sido Ala Delta, hubiera llevado ilustraciones. Y ¿de quién, si necesitaba contextos, músicas de fondo, ambientes? Sin duda, de Esperanza León…

  • Yolanda.

    Que suerte tenemos de poder leer a la vez a Gonzalo y a Mónica en este libro lleno de vida, miradas, pasión…. Y como lectora tengo que decir que los dos sois dos escritores de esos que escriben con el corazón y que llegan a emocionarnos cada vez que leemos un libro vuestro.¡¡ Enhorabuena!! y Gracias por seguir escribiendo.

  • Sara Encabo

    Cuando Gonzalo Moure vino a mi colegio, me contó la historia de Mónica, y soñé con que la mía fuera así, pues antes de despedirme de este maestro tan poético, le entregué un texto corto, espero que con las palabras necesarias, ya que Gonzalo Moure, me enseñó, que TODO LO QUE NO HACE FALTA, SOBRA.
    Mónica, tus palabras son vida para cualquiera.
    Sara Encabo
    Zaragoza
    11 años