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CARTA ABIERTA A LOS NIÑOS SOLIDARIOS (Coaña, Ciaño, República de Brasil).

Vengo de dos experiencias únicas, esta semana. He estado en varios centros, casi como cada día, en diversos puntos de España. Pero me quedo con lo vivido en el colegio República de Brasil, en un barrio madrileño. Nada menos que 33 nacionalidades distintas, vidas rotas por las más variadas razones, casas de acogida, crisis, sensación de vacío ante los pies. Pero los chicos habían leído, y lo habían hecho con asombro por verse a sí mismos en un libro. Como si todos los libros fueran evasión y fantasía. Un día, hace ya años, me dijo uno como ellos: “Cómo has hecho para escribir un libro de los que no me gustan… que me ha gustado tanto”. Gracias, porque entonces entendí que sí, que merecía la pena abrir nuevos caminos a cualquier lector. Claro que tiene que haber libros de fantasía, pero también “de los que no me gustan”. Los niños gitanos dicen que vale, que el protagonista vive en una chabola y su padre en una cárcel, pero que “somos nosotros”. Verse, saberse. Hasta xxx, que levantando la mano, cuando les pedí que a cambio de mi visita le dieran un abrazo “porque sí” a su padre, dijo: “Yo soy la niña del geranio”. Es una clave. Entre ella y yo: la pérdida, la ausencia, la memoria, el cariño vivo más allá de la muerte.
Otro de ellos, en el recreo, me dijo que cada uno había pagado un euro por mi visita. Para el Bubisher, para estrenar desde los bolsillos vacíos el placer de la solidaridad, para saber que con los 193 euros recaudados se pueden comprar veinte libros, que puestos en el Sáhara suponen que dos mil niños podrán leer, gracias a ellos. Esta debe ser también una carta a los chavales del San Narciso que empezaron esta aventura, que desde su bienestar recaudaron en un año los primeros 3.000 euros que pusieron en marcha el Bubisher, hace ya tal vez ocho años. Pero sin olvidar a los del colegio República de Brasil, a su bibliotecaria, esa fantástica persona que se llama Sara Moreno, que tan pronto organiza un Salón del Libro con presencia real que se sienta con una niña gitana a leer y a mirar un álbum. Y también, qué sé yo (son tantos ya), a los del IES Pirineos de Huesca, a los del Caro Baroja de Málaga, a los de La Quintana de Ciaño…
Alguien lo recordará: no hace mucho, la maestra de La Quintana, Elvira, escribía que de manera espontánea sus chavales se rascaron los bolsillos y aportaron 6 euros y 70 céntimos: los mejores euros, los mejores céntimos. Pues ahora han organizado un mercadillo de libros usados, y han logrado la maravillosa suma de 120 euros, 12 libros más para Auserd, para Smara, para sus compañeros del lejano Sáhara. Y tantos otros, los 101 colegios gallegos, muchos más. Sin ellos, el Bubi se habría parado ya hace tiempo, funciona gracias a ellos. Dándonos a los adultos una lección de solidaridad, de pequeños esfuerzos que hacen uno grande y hermoso, colectivo, capaz de cambiar las cosas. No, chavales del República de Brasil, Aitor, no me pagásteis a mí, pagásteis a Abdaláh, a Nuha, a Galuha, a Mahyuba, a Djeiba, Zé, Minetu, Zía, Domaha, Saluka, Salek, a todos los niños del Sáhara que también tienen derecho a leer, a la posibilidad de hacer su camino por la cultura, con la libertad como destino. ¡Y cómo gritamos el otro día “Viva la Libertad”!
Pero hablaba, quería hablar, de otra experiencia única: ser el padrino escritor de 24 niños lectores, los nacidos en 2011 en el concejo de Coaña. A ellos, aunque no me podían entender, también les pedí ayer compromiso. Y a sus padres, claro, para que nunca dejen de leerles, de contarles cuentos. En el Sáhara, pero también en Asturias, se está rompiendo el vínculo de abuelos a nietos, el que transmitía la cultura de boca a oídos. La tecnología que nos invade no es insana en sí, pero destruye esos lazos, y el niño que no recibe la cultura de sus abuelos, o lee o queda desconectado de los que fuimos, también de lo que somos, también de lo que seremos. Gracias a Ana, la maravillosa bibliotecaria de Coaña, por su idea, por dejarme compartir algo tan comprometido y nuevo, nada menos que hacer de los niños hombres y mujeres libres, a través de la lectura. Recordé un a vez más a Federico García Lorca, y su frase sobre la biblioteca: dadle al niño que pide pan medio pan y un libro entero. Federico, aquel a quien convocamos con los chavales de Mahbés, en Smara: ¡Federico, baja y ayúdanos a escribir poesía. La poesía de la vida.
Nos quieren quitar todo eso, resistimos con la palabra. A veces con un pequeño y redondo euro.

  • Ana María Méndez Infanzón

    Gracias, Gonzalo.
    Por ejercer de Padrino Lector en este día, por empapar el acto de ternura y sensibilidad, por la sinceridad de un mensaje dirigido a los nuevos padres…
    Cuando arropas una iniciativa cultural, ésta se convierte en un acto especial y conmovodor.
    Coaña te va a recordar por aquel “Compartiendo Lecturas, Educando en Valores”, ahora por un precioso bautizo a favor de la promoción de la lectura en el hogar.
    Gracias.
    Ana

  • NAG

    gonzalo eres el mejor