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CARAMELO, DESDE EL SILENCIO

Suelo decir a quien me pregunta que me conformo con haber escrito Palabras de Caramelo, el texto que más directamente fluyó desde mi corazón, desde el tejido de mi vida, hasta las páginas. Se lo debo, como he repetido también tantas veces como he hablado de él, a Fati, Fatimetsu Abdessallam, o a la niña que fue hace trece años, cuando una tarde fuimos a dar de comer a las cabras de su corral, cerca de la “güera” de Smara y…

Nadie entiende a Kori como Fati, porque Kori es Fati, la Fati que yo soñaba entonces. La de ahora es otra. Feliz también, triunfadora sobre las sombras de la sordera también, aunque por un camino que entonces no podía sospechar.
Por todo eso, leer la ponencia que Marwelys PInto presentó al 7 encuentro de literatura infantil en Valencia, Venezuela, fue como un rayo limpio y puro que entraba por mis ojos y salía por mi corazón. Nadie como ella ha leído el libro, nadie lo ha podido entender mejor, porque Marwlys es también sorda. Ella sí, como Kori, ha luchado contra las barreras, también como él al final del libro lleva audífonos que le permiten percibir el mundo con (casi) todos sus sonidos y sus ritmos, y también es poeta.
Me emociona, que no me envanece, lo que dice en su ponencia. Por muchas cosas. Por tantas, que prefiero compartirlas contigo, que las vivas. El mundo del silencio acucia partes dormidas de nuestra mente. Fati no sabe leer. Leer palabras. Porque lee como nadie en los rostros, en los gestos, en los ojos melancólicos o felices de quienes la rodean. Y sin palabras, sabe más del otro que los que usamos con tanta irresponsabilidad el verbo. Con palabras, te puedo engañar. A Fati, no la engañarías jamás, ni tampoco yo puedo. Marwelys es Fati: también ella lee en la gente. Pero Marwelys tiene, además, la palabra. Como las de Kori, surgen de lo más profundo, y cuando se comunican, ya no se contaminan.


Ponencia: La mirada del otro. Literatura y Diferencias.

“Soy el oído que mira al mundo mientras escucho silencios”
(Marwelys Pinto.)

ESCUCHAR CON LA MIRADA.

Hay habitantes del silencio, seres que vamos por las calles en la incertidumbre, en el ¿cómo?, en el ¿cuándo?, en el ¿qué?, los otros, nos etiquetan como sordos, nos definen a partir de una resta: no escuchan; sin aparente territorio ni fronteras van muchos de ellos exentos de conocer la etiqueta. Los demás caminamos a tientas, con pequeños destellos de voces, sonidos inseguros, somos hipoacústicos, almas híbridas, sin bandera, no correspondemos al país de los sordos porque no hablamos con las manos pero tampoco somos parte de los oyentes, porque la mayoría de los hipoacústicos no alcanzan a hacerse dueños del verbo hablar. La discapacidad auditiva tiene la invisibilidad del aire, es una pompa de jabón difícil de romper desde adentro. ¿Quién se da cuenta si alguien es sordo?.Mientras no movamos nuestras manos y permanezcamos en los rincones de las conversaciones, con el mutismo ineludible que nos caracteriza podemos camuflarnos.
Ahora que he combatido por unos minutos la invisibilidad de estos habitantes, me atrevo a confesarles la puesta de mi barco entre dos mares, con la esperanza de encontrar a los míos, los demás “sin banderas”, porque al final, la idea de pertenecer nos persigue, la de corresponder y sentirnos parte de otros y que otros nos sientan como suyos. Lo importante es no estar solo, este mundo es demasiado grande para estarlo, y aunque hay unos cuantos millones de personas encerrados en algo remotamente parecido a una esfera, prefiero buscar en los libros, es mejor transitar desde el mueble, desde allí crece el universo, podemos ser libres rompiendo las leyes de la naturaleza que sin intenciones nos atan, es posible volar, pero más que todo es posible escuchar, escuchar con la mirada, existir a través de tu palabra y la mía.
Hoy reconozco que nací cuando aprendí a leer, es así, como he emprendido el largo viaje que inicio en mi infancia; nací cuando descubrí las palabras y todas las puertas que pensé que iban a estar cerradas, empezaron a abrirse y aún no dejan de hacerlo. Pero a pesar de lo maravilloso que fue descubrir y conectarme con el mundo en el que vivo, de encontrar letras que calmaran mis temores e hicieran reconocerme en otros, sentirme menos extraña a este pueblo de seres cuyas bocas se mueven, en mi búsqueda exhaustiva por reconocerme en los personajes de los libros me fui encontrando a mi paso con la presencia de la discapacidad en la literatura,y hasta ahora he encontrado muy pocos personajes sordos.
Tal es el caso de “El Flautista de Hamelin” del escritor Robert Browning donde unos niños quedan atrapados detrás de las montañas encantados por la música que tocaba el flautista, allí dos personajes son excluidos de este incidente uno es sordo y el otro es cojo, quienes al final rescatan al resto de los niños. O el cuento de “Pinocho” de Carlos Collodi, donde no se dice expresamente que fuera sordo, pero es descrito como un muñeco desobediente que desoye las recomendaciones de los adultos, por lo que se podría inferir una escasez auditiva; No obedece porque no escucha y no escucha porque según el mismo autor que señala en el cuento, Pinocho tenía desde su nacimiento orejas chiquitas chiquitas. También es importante mencionar al mayordomo del Zorro, mudo en realidad, sordo figurado, aquí la discapacidad se hace necesaria porque todos hablaran tranquilos delante de él creyéndolo sordo y permitiéndole al Zorro estar al tanto de los movimientos de sus enemigos.
En el género de novelas destaca Palabras de Caramelo, una novela breve de Gonzalo Moure, protagonizada por Kori, un niño sordo de ocho años, que vive en Smara, un campamento de refugiados, en el desierto Argelino, por tanto, es Saharaui. Y tiene un amigo llamado Caramelo. Palabras de Caramelo comienza con una mirada al mundo desde adentro, una mirada silente que mas allá de ser incomprendida, llena de sentimientos e ideas reprimidas por la imposibilidad de comunicación, es una mirada asombrosa. En esta novela, Kori se desenvuelve en dos etapas: la del aislamiento y la etapa de reconciliación con los demás a través de la palabra.
Que Kori conociera a su mejor amigo Caramelo, significó un nuevo comienzo para él, porque es a través de Caramelo que Kori va a descubrir el mundo de la poesía y la poesía del mundo, cuando comienza a ver palabras por todos lados, no movimiento de labios sino palabras, y no solo en las bocas, pizarra o cuadernos, sino que comienza a caminar con las palabras, a respirarlas. Kori no solo encuentra un tesoro abarrotado de poesía y letras, sino que también se hace consciente de su poder, porque pasa de ser ignorado a ser admirado, de ser discapacitado a ser capacitado. Y le permite transmitir, toda esa sensibilidad única, esa forma tan diferente de percibir:
“Para Kori, Caramelo era el amigo que no había tenido nunca. Con él, trataba de hacer lo que creía que hacían los demás: pensaba lo que iba a decir, movía los labios para comunicarle a Caramelo aquellos pensamientos, y Caramelo contestaba moviendo los suyos. Al principio, le costaba entender lo que decía el huar pero, poco a poco, lo fue logrando.” (pág.26)
Caramelo viene a representar el puente a través del cual Kori va construyendo el lenguaje, para dejar de ser transparente en el mundo oyente. Todo esto pasa porque Kori cree que los camellos dicen palabras como los hombres:
“Kori creía que los camellos también hablaban, porque movían los labios como las personas. Kori no sabía que el camello traga primero todo lo que le cabe en el estomago, luego lo devuelve a la boca y lo va rumiando poco a poco, después. El movimiento de sus mandíbulas y sus labios, rumiando, le hacía creer a Kori que los camellos decían palabras…” (pág.12)
Esto, es lo que motiva a Kori a querer aprender a leer, a escribir y hablar, porque nace en él, la necesidad que tiene el hombre, de contar, de contarle a todo el mundo las palabras de Caramelo:
“Una mañana, agarró a Fatimetu por la manga y señaló con el dedo la pizarra, el cuaderno de otro niño, el bolígrafo. Fatimetu le entendió, sabía que quería aprender a escribir y a leer. ¿Pero cómo enseñarle a él, un niño sordo?
Le acarició el pelo, formó en su boca una sonrisa triste y le dijo que no con la cabeza.
Kori lloró toda la mañana, toda la tarde, toda la noche…” (pág. 31)
Fatimetu es un vínculo con la realidad, es la que ayudará a Kori poco a poco a relacionarse con su mundo exterior. Es así como Palabras de Caramelo viene a representar en unas pocas páginas, de manera concisa, dos caras de una misma moneda; primero muestra al sordo en la cotidianidad, las dificultades más comunes a las que nos tenemos que enfrentar, al decir, por ejemplo:
“Trato de decirle a su madre que había nacido un camellito, que era de color caramelo, que la camella ya no estaba gorda, que a él le gustaba mucho, que se llamaba Caramelo, y que quería llevarle un poco de hierba como regalo. Pero su madre estaba muy ocupada y no entendía los gestos de Kori.
Todo lo que se decían el uno al otro, por señas, era casi siempre lo mismo: comer, dormir, ir a la escuela, ir a la tiendecita a por te, a por azúcar, a por piedras de sal…
Y siempre lo hacían con los mismos gestos…
…por eso, las confusas señas de Kori, tratando de explicarle lo del huar se perdían en la mente de Mahfuda, su madre. Y además Mahfuda siempre tenía cosas que hacer. ” (pág. 21)
Vemos el reto que representa vivir en un país que no es el tuyo, y cuando digo país me refiero al mundo exterior, a lo que ocurre de la punta de la nariz para fuera, de tus pestañas para fuera. Y es que Kori vive en dos mundos enfrentados, el interior y el exterior, comunicados por un débil puente de señales y signos, que se ve más adelante reforzado por el valor de la palabra, y que es venerado por aquellos oyentes que descubren maravillados la riqueza interior de Kori a través de la poesía.
Dos caras de una misma moneda; la segunda viene a ser nada menos, que un tema bastante delicado y actual, como lo es la situación relacionada con el pueblo Saharaui. Un pueblo que lleva más de 26 años viviendo con toda clase de necesidades y carencias en el desierto más hostil del mundo: El Sahara Occidental, para tratar de ganar el derecho a tener su patria. Lo cual se ve muy bien reflejado en los párrafos siguientes:
“Esto era todo lo que había visto en su vida, la hammada: piedras, arenas inacabables, jaimas, unos pobres cuartitos de adobe, los corrales de los animales, algunos edificios encalados más grandes, entre los que estaba su escuela, una bandera deshilachada y el cielo.
Nada más, ni un poco de hierba, ni un árbol en el horizonte… ” (pág. 10)
Nos encontramos ante un autor que, aborda dos temas difíciles en una misma obra, prevaleciendo a veces la situación de los niños saharauis, testigos y víctimas directos de la pobreza en los campamentos de su pueblo, donde no sólo sufren condiciones extremas de vida sino que se ven abocados a ser refugiados en perpetuidad, ya que no se vislumbra una pronta solución del conflicto. Y toda esta atmósfera de necesidades fue lo que marcó el destino de Caramelo en la historia:
“La carne del camello, que ya era casi un adulto, se haría cada vez más dura, y sería una boca más que alimentar. Si fuera camella, su vida serviría para dar leche, para criar otros camellos, pero al ser camello…Solo servía para carne.
Pese a todo, consultó con Dios en sus cinco oraciones del día, y cuando la noche cayó, al acabar la quinta oración, supo que su obligación era sacrificar al camello. Su familia, su pueblo, sobrevivía en pobres campamentos de refugiados, y necesitaban carne. Dejar vivir a un camello macho, era un lujo que los refugiados no se podían permitir…” (pág. 40)
El desenlace de la novela es el menos esperado por el lector, un desenlace realista, relatado con crueldad, pero necesario desde todo punto de vista en las últimas páginas Caramelo dice a Kori sus últimas palabras, unas frases mojadas de sabiduría que serán recordadas en el siguiente poema:
“No llores porque la vida se acabe,
piensa que hemos vivido
yo lo acepto,
me voy con tu recuerdo
a los pastos del cielo
y mientras tú vivas,
yo siempre estaré contigo.
tú aún no lo entiendes,
pero cuando la noche te alcance,
lo entenderás también,
pequeño Kori, mi único amigo”.(pág. 62)
Gracias Gonzalo Moure por escribir esta breve novela, hay un Kori en muchos habitantes del silencio, de poder leer este libro se sentirían identificados. Muchos que sin saberlo están esperando por un Caramelo que quiera enseñarles el valor de la palabra. Finalmente, para incluir al sordo y al hipoacústico es fundamental educar al oyente, sensibilizarlo con todos los recursos posibles y uno de ellos es el recurso literario, reivindico el deber que tenemos todos y cada uno de nosotros, de fomentar y fortalecer la presencia de la discapacidad auditiva en la literatura, como una medida de inclusión y desarrollo, como una posibilidad de educar en la diversidad, describiendo sus características para permitir correr ese velo impuesto por la sociedad, y disminuir el desconocimiento en función de las personas que las poseemos.

Marwelys Pinto.

  • Gabriel

    Querido Gonzalo.
    No me extraña que te hayas emocionado con la ponencia de Marwelys. Como ella, yo también te doy las gracias. Un abrazo.

  • Gonzalo

    Gracias por entenderme, Gabriel. Un abrazo, siempre.

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