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La zancada del deyar, otra vez.

Está cada vez más próxima la reedición de La zancada, algo de lo que estoy muy orgulloso, y de lo que informaré pronto. Estoy con las galeradas, y me encuentro con muchos pasajes que me hacen rememorar aquel inolvidable viaje.
He aquí dos, consecutivos:

“Muhammad Bujari era un hombre con pies de raíz, un sabio cuyo cerebro funcionaba con otro ritmo que el nuestro: el ritmo del crecimiento de la talja madre, el sonido lento, de gozne del mundo, que emiten los camellos. Se puede sustentar una amistad eter- na en apenas dos días. Muhammad Bujari Sidi Al-lal, me dije, galopará conmigo por los prados de Asturias, en el recuerdo, pero no me importaría unir una pequeña jaima a su frig y galopar con él, ir a buscar leña de askef o camellos a la badía, escuchar y contar historias mágicas, ingenuas y puras, para siempre.
Ahora me parecía que mis temores y mis dudas acerca del libro que quería escribir, se habían disipado. No había descubierto las fuentes del Nilo, no albergaba ninguna ambición, y estaba asistiendo a un fragmento de la vida de los nómadas del desierto del que se podía deducir el todo. Puede que en el siglo XXI esa forma de vida se extinga, ojalá que no. Pero debe quedar constancia de que es posible, de que es hermosa, de que es plena, de que es una forma de vida menos agresiva y codiciosa que la nuestra, la más cercana al jardín del Edén. No había encontrado las Fuentes del Nilo, pero me bañaba en las fuentes de una cultura que debe pervivir.”