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LOS CAPTUS EN LA FÁBRICA “LA IDEA”, DE FIGUERAS.

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Un día muy lejano Pablo Amargo y yo entramos al patio de las Torres de Donlebún por una ventana rota, a través de una red de telas de araña de todas las épocas. “El tío José” no estaba, y Pablo necesitaba ver los cactus que crecían en los más diversos objetos para empezar a ilustrar lo que después fue “El movimiento continuo”. Pablo, dotado por la naturaleza con una mirada única para las cosas, las formas y los contenidos ocultos de todas ellas, se quedó sin habla. Lo que veía superaba todo lo que con mi tendencia a la hipérbole le había contado. Desde aquel primer momento nos conjuramos para que aquello no cayera un día en el olvido, cuando llegara la muerte del artista secreto, José Trenor. Para Pablo Amargo la silenciosa obra de Trenor era una de las mayores contribuciones al arte contemporáneo en el siglo XX. Y había que darle continuidad, presencia más allá del tiempo. De ahí surgió la exposición, Captus, las imágenes congeladas de los cactus que capturaban objetos de desecho para darles una nueva oportunidad de vida. No sé cuánto tardamos, pero Tina Blanco, Pablo Amargo y yo, lo conseguimos. Con la ayuda de Jaime F. Pola y por fin de Alejandro Braña, que pusieron la mejor técnica fotográfica al servicio de aquel prodigio.
La muestra tuvo su primera exposición en el Museo Evaristo Valle de Gijón, cuyo director, Guillermo Basagoiti, quedó de inmediato igual de atrapado que todos nosotros. De eso hace ya cinco años, unos meses después de la muerte del tío José. Desde entonces, mientras su obra viva desaparecía, la exposición “Captus” ha hecho una gira por diversas salas de España. Estuvo en Figueras y Vegadeo, y ha acabado su periplo en el Jardín Botánico de Gijón, donde hubiera habido una muestra permanente y una sala dedicada a la conservación de muchas de sus esculturas vivas, hasta donde fuera posible, si no hubiera sido por la oposición familiar. Una lástima, acrecentada con la venta de Las Torres. A través de las ranuras del portón, cuando los que amamos aquella maravilla superamos el dolor, se puede ver el caos, la nada, un torbellino congelado de zarzas y cascotes. Ni rastro de los amorosos Captus.
No es Las Torres, pero está cerca. Tina Blanco ha albergado las 26 fotos de Alejandro Braña ya para siempre en La Fábrica de La Senra, aquella fábrica de conservas que se llamaba “La idea” y que levantó hace un siglo José Reigada. La fábrica, en la que se puede ver el último resto de arqueología industrial de una remota Figueras, se ha convertido en una sala de exposición permanente para los Captus. Un rumor de plantas quietas, de objetos capturados para siempre.
Quien quiera visitarla puede escribirme, mouregonzalo@telefonica.net. O a Tina: tinablanco@wanadoo.es. Y siempre, siempre, se abrirán las puertas. Contemplaremos juntos los Captus; con fondo de canto gregoriano, como quería Trenor. O en silencio, que es otra forma de música.
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  • Isabel

    ¡Me parece una idea fantástica! Estoy deseando verla. Abrazo a los dos.

  • clara

    estupendo! tendremos que volver. besos varios

  • Dami

    Estupenda idea, buenos el contenido y el continente. Con gregoriano ya…..

  • Gonzalo

    Estamos deseando veros. El invierno está siendo largo, y hace falta calorcito humano…

  • candelaria

    El texto es hermoso, no sabía de esta historia.
    Soy pareja de un descendiente de Margarita Trénor; ¿Tiene Gonzalo Moure relación familiar con esta señora?

  • Gonzalo

    Siento ser un despistado familiar… Todos los Trenor de España somos familia, desde que Thomas Trenor Keating vino a la península a principios del siglo XIX. Lo que son las cosas, hay más Trenor ahora en la lista de teléfonos de Madrid que en la de Dublín. Parece que todos los Traynor, Treanor y Trenor proceden de la misma cepa. Aquí, en España, todos Trenor. Unos lo escriben con tilde, Trénor, y otros sin ella. Un abrazo de primo (lejano) para tu pareja.