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Sáhara, los dos dedos de la vergüenza

Hace tiempo que un grupo de escritores, bibliotecarios y maestros o profesores decidimos que nuestra mejor aportación al drama del Sáhara, en la ocupación o en el exilio, era la cultura. De ahí nació, con la ayuda de ese inconsciente colectivo que representa la infancia, la creación del Bubisher. Así que deberíamos estar celebrando la inauguración de la nueva biblioteca pública, El nido del Bubisher en Ausserd, y la inminente llegada de 10.000 libros infantiles y juveniles en árabe.
Pero la última semana, que arrancó llena de esperanza porque Estados Unidos planteaba en la ONU que la Minurso vele por los derechos humanos en el Sáhara Occidental, y acababa en decepción, nos obliga a reflexionar y a denunciar.
Me siento avergonzado. Mi gobierno (no le voté, no le votaría nunca, pero es mi gobierno) se ha aliado con la mafiosa Rusia y la hipócrita Francia para bloquear la iniciativa norteamericana. Aunque creo que Estados Unidos no abogaba por ese cumplimiento por un repentino ataque de humanitarismo, sino por sus propios intereses (un Sáhara independiente de Marruecos, no implicado como el propio Marruecos en islamismos radicales), estoy seguro de que no se resignará. Y para que pueda volver a plantearlo, le toca ahora a la sacrificada, vejada población saharaui del Sáhara ocupado, demostrar la necesidad de esa vigilancia de los derechos humanos. Será un duro camino, como lo demuestra que en las últimas horas se haya reprimido toda manifestación de rechazo a la propia ONU, y que incluso a una mujer le hayan sido cortados dos dedos. Por desgracia, hay numerosas filmaciones en la red (benditos smartphones, al menos para eso) de cómo los saharauis corren peligro en la calle simplemente por vestir su propia ropa, resultando agredidos y detenidos. Cómo será ahora, envalentonadas las bandas de colonos fanatizadas (y financiadas) por Rabat.
No espero nada de Rusia, en manos de las mafias, ni de Francia, cínica e impasible en su supuesta “grandeur”, pero… ¿mi gobierno, que es además el culpable de este largo, insoportable martirio? Siento rabia, impotencia, indignación. Esos dos dedos cortados son un símbolo, y deberían aparecer en la bandeja del desayuno de Margallo, de Rajoy, de Felipe González.
Y no sé qué hacer, excepto seguir con el proyecto Bubisher, dando la oportunidad de la cultura a los niños y jóvenes de los campamentos. Denunciar que ni ni siquiera de ese derecho a la lectura de libros libres, en español o árabe, disfrutan los de los territorios ocupados. Denunciar que la Biblioteca española en El Aaiun ocupado tiene un férreo sistema de censura, mientras que a nosotros jamás se nos ha preguntado por los libros de nuestras bibliotecas y bibliobubishers en los campamentos. Y seguir adelante. Apretar los dientes, recordar cuantas torturas y detenciones ilegales sufrimos nosotros para salir de la dictadura hace cuarenta años, pedirles que no se rindan, estar aquí con nuestro apoyo, con nuestro cariño, con nuestro trabajo diario. Y con nuestra vergüenza, tanta como agradecimiento porque distingan de manera tan generosa al pueblo español de su gobierno. Porque ni siquiera es así, porque lo es con nuestros votos, nos duela lo que nos duela. Ojalá estas líneas lleguen por el aire hasta algún lector del Aaiun, de Smara o Dajla. Para que sepáis que nuestros dedos no sangran, es verdad, pero que nuestros ojos al menos también lloran.