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LA NOVELA ES EL LABORATORIO DEL HOMBRE

LA NOVELA ES EL LABORATORIO DEL HOMBRE

Nos leían de niños en el colegio los primeros pasajes de Don Quijote para demostrarnos lo peligroso que era leer: Mirad, a Don Quijote “se le reblandeció el cerebro” de tanto leer fantasías. Para ellos, el Quijote era eso, una crítica de la lectura.
Ahora buscan los huesos de Cervantes, cuando lo importante son las neuronas del Quijote. Somos lo que somos por lo que algún día escribieron otros. Hayas leído o no El Quijote, el Quijote está en ti. Porque Cervantes criticó ferozmente la sociedad de entonces, porque pensó un hombre distinto, el único cuerdo en una autopista de la historia en la que la mayoría circulaba en sentido contrario. Puede que haya tardado en ser entendido, puede que en los años cincuenta nos dijeran aún que Cervantes trataba de vacunarnos contra la locura de la lectura, pero poco a poco, capítulo a capítulo, sonrisa a sonrisa, el verdadero sentido de la gran novela de Cervantes se ha abierto paso hasta lo más profundo de nuestra mente. Queramos o no queramos.
Defiendo la novela, y cada vez con más fuerza, porque la novela es el laboratorio del hombre, una recreación de la vida que parte de lo que conocemos y se adentra en lo que aún no conocemos. Las distintas posibilidades del hombre, la especulación. El caos. Del inmenso caos de todas las novelas, unas mejores y otras peores, surge un hombre con un átomo distinto, poco a poco, verso a verso, aventura a aventura. Cuentan los genes de nuestros antepasados, pero cuentan aún más los de Ulises, Gilgamésh, Hamlet, Robinson, Guillermo, Sherlock, Peter Pan, Aureliano Buendía, Mafalda, Gregorio Samsa… Todos ellos nos han ido dando una forma nueva, un ADN hecho de ensayo y error, avanzando desde las sombras del pasado hasta las dudas del presente.
Un día el cazador James Oliver Curwood cambió el rifle por la pluma, y dejó de cazar osos para pasar a defenderlos, a escribir novelas tan maravillosas como “El oso” o “El rey oso”. Tan incomprendidas en su día como sustanciales hoy. Lo hayas leído o no, la visión compasiva de Curwood está en tus genes, estará mañana en la escuela, en el corazón del niño compasivo, sepa o no sepa.
Los que escribimos damos palos de ciego, porque “negra es la noche y alberga horrores”, pero avanzamos. Y cada nuevo libro es una luciérnaga revoloteando en círculos, pero dejando sus larvas un paso más allá, hacia una luz aún difusa.
Todo eso pienso cada vez que piso una biblioteca, en un colegio público de Vigo o en un campamento de refugiados. De aquella cantinela con la que trataban de adoctrinarme de niño, a esta realidad de hoy, en la que el libro tiene su lugar. Del humilde lugar de nuestro país al centro mismo de la escuela en Suecia, Noruega o Canadá. Nunca, nunca se ha leído tanto en la historia de la humanidad. España apenas tenía bibliotecas en los años 30. Porque ese era el primer derecho conculcado: el de la lectura. Y lo sigue siendo en gran parte del planeta. Nadie es libre si no conoce el destino de cada camino, y cada nuevo libro es un mapa trazado, una nueva ruta posible, hasta completar el gran plano de la libertad. Y así, lo que hoy se escribe en presente, es ya futuro también. Igual que somos el futuro de Cervantes, alguien cerca de mí está hoy escribiendo el futuro, ensayo y error, fracaso tras fracaso, pero con la esperanza latiendo en cada letra, en cada palabra.

  • Antònia

    Es tan cierto, tan verídico y tan próximo…
    Un abrazote.

  • Viento

    Cada libro es la vida que oculta la Historia, el espejo en el que se reflejan los seres humanos que fuimos, somos y seremos. Cada personaje, miles de personas conviviendo en un tiempo sin tiempo. Y cada escritor, responsable de seguir trazando estelas de luz.

  • javielgaviero

    Lo comparto. Gracias. Una reflexión necesaria.