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Para qué sirven las aves

PARA QUÉ SIRVEN LAS AVES. LIBRO IMPRESCINDIBLE DE ANTONIO SANDOVAL, PAJARERO. (Por ejemplo, para enseñarnos el valor más puro de la mirada)

Hace un año (o más) di una charla a los alumnos de un taller de escritura de A Coruña, guiado por Pedro Ramos. A menudo nos preguntamos qué es literatura. En mi opinión, es la respuesta, o la explicación, de la mirada. La mirada propia como algo único, como el enorme caleidoscopio del ser humano, de lo que fue, de lo que es y de lo que será. Literatura como laboratorio, con una fórmula: Mirada + experimentación.

Todos tuvieron que hablar de su relación con la literatura, del porqué de su deseo de escribir, y del lugar que ocupaba la mirada propia para ellos.

Uno de los alumnos dijo que se llamaba Antonio, y que asistía al curso para poder contar a los lectores su mirada. Añadió que su pasión era asomarse a los acantilados para observar aves. Lo dijo con una humildad tan desarmante que aún me estremece. Porque unos meses más tarde, en la presentación de Mundo Abisal, de Virigina Romera (también asistente de aquel taller), apareció  Antonio y me regaló un libro. Firmado por él. Para qué sirven las aves. No me gustó la portada, y por un momento pensé que lo había escrito después de aquella charla. Pero no. Tenía ya dos años, llevaba tres ediciones y se estaba traduciendo al inglés.

Lo empecé a leer con curiosidad y un inevitable (y estúpido) sentimiento de superioridad. Un alumno, al fin.

Pero desde las primeras páginas encontré la fórmula: mirada (la de un pajarero asomado al acantilado de la Estaca de Bares), más experimentación: la de transportar al lector hasta un yo ajeno. Y sorprendente.

Para qué sirven las aves
Para qué sirven las aves


Pocos libros me han sorprendido tanto. Y en pocos libros he encontrado tanta (auténtica) literatura. Tan apasionado como apasionante. Aparentemente, un tema árido: contar pájaros que vuelan, identificarlos, convertirlos en estadísticas. Me recordó otro libro inolvidable: El descubrimiento de la lentitud, del alemán Stan Nadolny. La constancia, la paciencia, hasta la transmutación de esas dos cualidades en el descubrimiento. Me recordó también a la prosa de Cormac McCarthy, tan espléndida e inimitable a la hora de la descripción de la naturaleza. McCarthy agallegado, prolijo y delicioso, iluminador, fresco.

No es lo de menos el tema tratado. El descubrimiento de la observación. Ni el propio Sandoval nos podría decir (o sí, no me extrañaría) cuántas horas, desde la infancia, cuando acudía al colegio con unos prismáticos ocultos en la mochila para salir de clase y escaparse hasta alguna roca del entorno de A Coruña a observar pájaros.

Y en el libro, mil historias sorprendentes, reveladoras, de la vida de los pájaros, de sus larguísimos viajes migratorios, de sus costumbres, sus miedos y sus amores fieles.

Lo recomendé desde las páginas de La Nueva España, y tuve el eco de varios lectores tan sorprendidos como yo. Lo he regalado, extendido tanto como he podido, como puedo ahora mismo: encontrarás algo nuevo.

Antonio Sandoval
Antonio Sandoval

Fui a encontrarme con él en la Estaca de Bares, en su observatorio favorito, y privilegiado. Y mirándole (mi mirada) descubría la suya, y la hacía mía.

Me regaló otro libro, Las aves marinad de la Estaca de Bares, un diario personal. Más técnico en algunos aspectos, pero igual de literario en su maravilloso, humano fondo.

Decía Santa Teresa que se podía encontrar a Dios en los fogones. Sin tanto, yo he encontrado a la literatura en los prismáticos, que hacen más cercana… la mirada.  Gracias, Antonio.

Para qué sirven las aves, Tundra, 2012
Las aves marinas en la Estaca de Bares, Tundra, 2016
El árbol de la escuela, Kalandraka 2016 (Con ilustraciones de Emilio Uberuaga).
Y un enlace del amigo Miquel Rayó, escogido entre muchos, de Manuel Rivas, Antonio Muñoz Molina, etc: http://www.miquelrayo.com/wordpress/?p=398

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    HAY Q DEJAR VIVIR EN PAZ A LAS PERSONAS. HAY Q DEDICAR EL TIEMPO SOLO PARA EL BIEN DE LOS DEMAS